¿Casos aislados! El «jamón» del jefe antidroga de Segovia (II)

¿Casos aislados! El «jamón» del jefe antidroga de Segovia (II)

Imagen de Prensa Ibérica

Por Cecilia Remis

El subteniente Miguel Ángel Barbero usaba la palabra «jamón» como clave para hablar de cocaína, daba de alta a sus socios en las bases de datos de la Guardia Civil para blindarlos y regañaba a un narco por comprarse un Porsche. El sumario de Asuntos Internos, de más de 600 folios, detalla cómo el máximo responsable antidroga de Segovia operaba, presuntamente, al otro lado de la ley.

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Lo que el sumario revela de un caso que ya no es tan aislado

Cuando el pasado 30 de septiembre publicábamos en LoQueSomos  la detención del jefe del EDOA de Segovia, lo hacíamos con una advertencia: no era la primera vez. Miguel Ángel Barbero ya había estado dos meses en prisión en 2017 por hechos vinculados al narcotráfico, y en 2018 fue sobreseída la causa y repuesto en su destino. Nueve años después, la historia se repetía. Ahora, el atestado de Asuntos Internos al que ha tenido acceso el canal de investigación de Prensa Ibérica —más de 600 folios, con fotos y grabaciones— permite reconstruir cómo operaba, presuntamente, el hombre que debía perseguir la droga en la provincia.

Miguel Ángel Barbero en el acto de 2016 en el que fue condecorado. Captura de pantalla del canal de Tv «La 8 Segovia»

«Vente a por el jamón»

La investigación arranca siguiendo a un narco local, Gustavo, que traía cocaína de Madrid para venderla en Segovia. Lo que los agentes descubren es que Barbero no solo lo conocía: actuaba como intermediario entre Gustavo y un comprador, David. Según el informe, el subteniente intervino «de forma directa en distintas fases de las operaciones de compraventa» y aprovechó «la utilización de vehículos oficiales camuflados» para justificar sus encuentros con los investigados.

El 29 de mayo de 2026, las cámaras graban a Barbero saliendo de casa del narco y reuniéndose con el comprador en la carretera A-601, cerca del pueblo segoviano Carbonero el Mayor. El subteniente saca de un bolsillo del pantalón la «supuesta muestra de sustancia estupefaciente», el comprador la examina y se la guarda dentro del pantalón, en la zona de los genitales. Después, el guardia civil recoge el dinero y se lo entrega al narco.

Para no nombrar la droga por teléfono, la trama usaba una palabra clave: jamón. «Me dices: oye, vente a por el jamón que te tengo preparado», instruía Barbero a uno de los implicados, dueño de una jamonería. El código se repetía en sus conversaciones con el narco al que supuestamente debía perseguir: «Me debes dos pelotas de jamón… a ver cuándo te sale de la polla pagármelo», le reprochaba.

El Porsche y el 600

Una de las obsesiones del subteniente era que sus socios pasaran desapercibidos. Cuando uno de ellos le anunció que se compraba un Porsche Panamera de casi 100.000 euros, Barbero se enfadó: «¿No puedes ir en un 600? ¿En un coche normal? Pasa un poco desapercibido, cabrón». Días después volvía a la carga: «Te andas canteando. Las zapatillas que llevabas el otro día valen una pasta… Mira cómo voy yo».

La discreción no era un valor estético. Era una necesidad operativa. Y había un tercer nivel de protección: según los investigadores, Barbero dio de alta en las bases de datos de la Guardia Civil las empresas y vehículos de los narcos y compradores como objetivos de una operación antidroga que él mismo dirigía. Si otra unidad abría una investigación sobre ellos, él lo sabría al instante. «Conocimiento de las investigaciones externas que pudiera haber en curso», concluye el informe.

Lo que ya sabíamos (y lo que no)

En LoQueSomos ya informamos en septiembre de que Barbero fue detenido en su domicilio, dentro del acuartelamiento de la capital segoviana, junto a otras tres personas. También de que la jueza de Instrucción nº 5 de Segovia decretó prisión provisional, comunicada y sin fianza por tráfico de drogas, cohecho, descubrimiento y revelación de secretos y pertenencia a grupo criminal. Y de que en 2017 ya había estado dos meses en prisión por hechos similares, antes de que la causa se desmoronara y el Boletín Oficial de la Guardia Civil publicara su reposición en el mismo destino.

Lo nuevo es el cómo. El sumario dibuja a un mando que no solo toleraba el narcotráfico, sino que lo gestionaba: ponía precios, entregaba muestras, recogía el dinero y blindaba a sus socios con las herramientas del propio cuerpo. Y que, pese a haber sido apartado cautelarmente en 2017, volvió a ponerse al frente del EDOA segoviano hasta su segunda detención.

«Cada caso es diferente»

La respuesta institucional ha vuelto a ser la de siempre. La subdelegada del Gobierno en Segovia, Marian Rueda, apeló a la presunción de inocencia y descartó que este caso sea similar a otros recientes de mandos antidroga investigados: «Cada caso es diferente e individual».

Es la misma frase que se repite cada vez que un uniforme cruza la línea. Pero la cronología de Barbero no es la de un error puntual. Es la de un agente acusado, encarcelado, exonerado y devuelto a la misma responsabilidad desde la que, presuntamente, volvió a delinquir. Si eso es un caso aislado, es un aislado que se repite con una puntualidad inquietante.

Mientras espera en prisión, una de sus conversaciones grabadas anticipaba su estrategia: «Me da igual que me vuelvan otra vez a meter, pero yo me quedo a gusto». La pregunta que queda flotando es otra: ¿cuántos casos aislados más tienen que repetirse para que alguien se pregunte si el problema no es el individuo, sino el sistema que lo devolvió a su puesto?

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⇒ Archivo de noticias de casos aislados sobre los abusos policiales en España

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