“La situación de la población kurda en Irán sigue siendo extremadamente difícil”
Por Leandro Albani
Lo Que Somos entrevistó a la investigadora kurda Rojin Mukriyan, que desde su trabajo aborda la situación del pueblo kurdo en Irán.
El pueblo kurdo de Irán es, muchas veces, una incógnita, sobre todo en medio de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra el régimen islámico de Teherán. Desde que comenzaron los ataques occidentales y se multiplicaron las respuestas militares iraníes, los hombres y las mujeres que habitan el Kurdistán Oriental (Rojhelat) —amplia región del noreste de Irán— tuvieron una breve exposición pública en los medios de comunicación, impulsada por las declaraciones del presidente Donald Trump de que los partidos políticos kurdos iraníes se transformarían en la “tropa terrestre” para derrocar al régimen de los ayatolas: nada más alejado de la realidad.
En Rojhelat, los y las kurdas conforman una sociedad que supera los diez millones de personas. En un territorio rico en recursos naturales, el pueblo kurdo siempre fue víctima de la represión estatal, ya sea durante la monarquía del Sha Reza Pahlaví, o luego de la Revolución Islámica de 1979. Los partidos políticos kurdos se encuentran ilegalizados y perseguidos, pero al mismo tiempo tienen sus brazos armados para defender un territorio avasallado por la Guardia Revolucionaria Islámica y las demás fuerzas militares y parapoliciales que dependen del Estado.
Para desentrañar la realidad en Rojhelat, Lo Que Somos entrevistó a Rojin Mukriyan, una investigadora kurda que es doctora por el Departamento de Gobierno y Política de la Universidad de Cork, en Irlanda. En el último tiempo, Mukriyan publicó una serie de reportajes, artículos e investigaciones sobre Rojhelat en el portal The Amargi, en donde cuenta la historia del pueblo kurdo en Irán, pero también analiza en profundidad la situación que esa sociedad atraviesa desde el ojo del huracán de una guerra impuesta.

— LoQueSomos: ¿Cuál es la situación actual del pueblo kurdo en Irán? Desde el inicio de la guerra, ¿el régimen iraní intensificó la represión interna contra los kurdos?
— Rojin Mukriyan: La situación de la población kurda en Irán sigue siendo extremadamente difícil. Los kurdos han sufrido discriminación política, cultural y económica durante décadas, además de detenciones, encarcelamientos, ejecuciones y presiones desproporcionadas contra activistas políticos, culturales y de la sociedad civil. Esta represión no comenzó con la guerra actual, pero desde que empezaron los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, en febrero de 2026, el entorno de seguridad en Rojhelat se ha vuelto considerablemente más grave.
Las autoridades iraníes han aumentado la vigilancia, los puestos de control, los registros, las detenciones y la presencia de fuerzas de seguridad y de la Guardia Revolucionaria en las zonas kurdas. Los residentes han denunciado inspecciones de teléfonos móviles, mayor vigilancia de las comunicaciones, allanamientos de viviendas y detenciones de activistas y personas sospechosas de tener vínculos con organizaciones políticas kurdas. El monitoreo de los derechos humanos indica que los kurdos se encuentran entre las comunidades particularmente afectadas por la represión durante la guerra. También se han producido varios asesinatos de activistas kurdos dentro de Irán desde el comienzo de la guerra, que organizaciones kurdas de derechos humanos y fuentes locales atribuyen directamente a las fuerzas de seguridad iraníes. Un caso particularmente grave fue el asesinato de los hermanos Mojtaba Veysi y Meysam Veysi, dos activistas culturales kurdos yarsani. En mayo de 2026, fueron asesinados durante una operación de la Guardia Revolucionaria Islámica contra la casa donde se alojaban en Dalahu, en la provincia de Kermanshah. Los hermanos participaban en actividades culturales kurdas, incluyendo la creación de una biblioteca kurda y, según se informa, vivían escondidos tras participar en las protestas de finales de 2025 y principios de 2026. Otro caso muy grave ocurrió en julio de 2026: el fotógrafo y activista cultural kurdo Mehdi Tavakoli, junto con su madre Maryam Aslani y su hermana Somayeh Tavakoli, fueron asesinados cuando su vehículo fue atacado a tiros mientras viajaban por la zona de Marivan. IranWire, Kurdpa y otras fuentes kurdas de derechos humanos atribuyeron el tiroteo a la Guardia Revolucionaria Islámica y a las fuerzas de inteligencia. Estas fuentes informaron sobre acusaciones de que la familia fue presionada posteriormente para que describiera las muertes como resultado de un accidente de tráfico. Dado que no ha habido una investigación independiente y transparente, las circunstancias exactas deben describirse con cautela, pero los testimonios e informes disponibles apuntan firmemente a la participación de las fuerzas de seguridad iraníes.

— LoQueSomos: ¿También se registraron enfrentamientos entre las fuerzas militares iraníes y las guerrillas kurdas?
— Rojin Mukriyan: La situación de seguridad ya no se limita a las detenciones y la represión de activistas civiles. Se han producido enfrentamientos armados ocasionales en el Kurdistán iraní entre las Unidades de Defensa del Kurdistán Oriental (YRK), el brazo armado asociado al Partido de la Vida Libre de Kurdistán (PJAK), y la Guardia Revolucionaria Islámica. En junio de 2026, por ejemplo, se registraron enfrentamientos en los alrededores de Marivan, Mahabad, Baneh y otras zonas kurdas occidentales.
Todo esto indica que la guerra ha intensificado un conflicto preexistente entre el Estado iraní y la sociedad kurda. Teherán trata cada vez más a Rojhelat como un frente de seguridad interna. El activismo cultural, la organización civil y la oposición política kurdas se presentan con mayor frecuencia como posibles extensiones de la intervención extranjera o del separatismo armado. Es decir, la guerra no creó la represión iraní contra los kurdos. Dicha represión es estructural y existe desde hace más de un siglo. Lo que la guerra ha hecho es proporcionar al Estado iraní una justificación adicional de seguridad nacional para expandirla. Ahora presenciamos una combinación de arrestos masivos, vigilancia y presión sobre activistas civiles, ejecuciones extrajudiciales y enfrentamientos armados periódicos entre las fuerzas kurdas y la Guardia Revolucionaria. Esto hace que la situación actual en Rojhelat sea considerablemente más peligrosa que antes de la guerra.
— LoQueSomos: ¿Cuál es su opinión sobre la alianza de partidos políticos kurdos y su postura respecto a la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán?
— Rojin Mukriyan: La formación de la Coalición de Fuerzas Políticas del Kurdistán Iraní constituye un acontecimiento importante. Cinco partidos principales anunciaron la coalición el 22 de febrero de 2026, y un sexto se unió poco después. Estas organizaciones presentan importantes diferencias ideológicas e históricas, por lo que el hecho de que hayan logrado establecer un marco común es, en sí mismo, políticamente significativo. Entre sus objetivos declarados se encuentran la sustitución de la República Islámica, el logro de la autodeterminación kurda y la preparación de un enfoque común para una posible transición política en Irán.
Su respuesta a la guerra también ha sido más cautelosa de lo que sugerían algunos informes iniciales. Se discutió la posibilidad de una ofensiva militar kurda desde el Kurdistán iraquí (Bashur) hacia el oeste de Irán, y tanto funcionarios estadounidenses como israelíes mostraron diversos grados de interés en dicha posibilidad. Sin embargo, la ofensiva a gran escala no se materializó. Los líderes kurdos comprendieron el enorme riesgo que esto implicaba: si entraban en la guerra sin garantías políticas y militares firmes y la República Islámica sobrevivía, las consecuencias para la población civil y las organizaciones políticas kurdas podrían ser devastadoras.
— LoQueSomos: ¿Qué significa esa “cautela” por parte de los partidos políticos kurdos?
— Rojin Mukriyan: En mi opinión, esa cautela es comprensible. Existe una diferencia entre aprovechar una crisis política para impulsar las legítimas reivindicaciones kurdas y permitir que la cuestión kurda se convierta simplemente en un instrumento de la estrategia geopolítica de otro Estado. Cualquier liderazgo político kurdo debe pensar más allá de la guerra inmediata y preguntarse qué tipo de orden político existirá después y qué garantías concretas habrá para los derechos kurdos.
— LoQueSomos: ¿Cómo ve la postura del régimen iraní ante la guerra actual?
— Rojin Mukriyan: Creo que, desde el inicio de la guerra, la República Islámica comprendió que se enfrentaba esencialmente a dos opciones estratégicas. La primera consistía en modificar significativamente su comportamiento hacia quienes pueden describirse como sus enemigos ontológicos, principalmente Estados Unidos e Israel, Estados cuya oposición ha estado profundamente arraigada en la identidad ideológica y la doctrina de seguridad de la República Islámica desde su fundación. Tal cambio exigiría a Teherán reconsiderar elementos importantes de sus políticas nucleares, regionales y de seguridad, y buscar un acuerdo negociado. La segunda opción era rechazar dicha modificación y, en cambio, prepararse para una confrontación prolongada basada en la resistencia estratégica: absorber la presión militar y económica mientras intentaba preservar suficiente influencia militar, política y económica para obligar a sus adversarios a aceptar finalmente un compromiso.
Durante un tiempo, particularmente en los primeros meses del conflicto, esta estrategia de resistencia pareció tener un éxito relativo. Irán demostró que podía absorber una presión militar sustancial sin perder la capacidad de infligir daño a sus oponentes, especialmente mediante sus capacidades misilística y para interrumpir el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. El acuerdo provisional alcanzado en junio generó la impresión de que esta presión podría conducir a un arreglo diplomático más estable.
Sin embargo, a finales de julio, se hizo cada vez más evidente que el Memorando de Entendimiento (MdE) de junio ya no funcionaba como un acuerdo efectivo entre Teherán y Washington. Posteriormente, Estados Unidos rechazó un simple retorno a dicho acuerdo y buscó una solución más amplia que abarcara tanto el estrecho de Ormuz como el programa nuclear iraní. El resultado ha sido un retorno a la confrontación en lugar de una consolidación gradual de la diplomacia.

— LoQueSomos: Esta situación que describís, ¿a quién favorece y a quién perjudica?
— Rojin Mukriyan: En mi opinión, el tiempo corre cada vez más en contra de la República Islámica. Uno de los acontecimientos más trascendentales ha sido el bloqueo naval estadounidense que restringe las exportaciones de petróleo iraní a través del Golfo Pérsico. Según los informes, las cargas de crudo iraní cayeron de aproximadamente dos millones de barriles diarios en marzo a tan solo entre 220.000 y 255.000 barriles diarios en agosto. Esto representa un serio desafío, ya que las exportaciones de petróleo constituyen una de las fuentes de divisas más importantes para Irán. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha intentado mantener o restablecer el tránsito marítimo internacional por el estrecho de Ormuz, restringiendo la capacidad de Irán para exportar petróleo. Si esta asimetría se mantiene, reduce sustancialmente una de las principales fuentes de influencia de Teherán.
Esta presión militar y marítima ha estado acompañada de sanciones financieras cada vez más severas. Washington se ha centrado especialmente en lo que describe como las redes bancarias y navieras de Irán en las sombras: la red de casas de cambio, empresas fachadas, intermediarios, buques y facilitadores financieros que Teherán ha utilizado para obtener divisas y eludir sanciones anteriores. En julio y agosto, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció medidas sucesivas contra estas redes, incluyendo entidades vinculadas a las exportaciones de petróleo iraní, bancos sancionados y élites del régimen.
— LoQueSomos: Ante esta situación, ¿el régimen iraní puede colapsar?
— Rojin Mukriyan: La importancia de esta estrategia combinada radica en que ataca simultáneamente varios elementos del poder iraní. El bloqueo naval restringe los ingresos petroleros. Las sanciones financieras dificultan el movimiento del dinero que Irán aún puede obtener. La presión sobre la flota en la sombra complica la evasión de sanciones. Los esfuerzos de Estados Unidos por asegurar el tráfico marítimo internacional a través del estrecho de Ormuz buscan debilitar la capacidad de Teherán para utilizar este punto estratégico como moneda de cambio.
Esto no significa que la República Islámica esté al borde del colapso. Irán conserva importantes capacidades de misiles y drones, un amplio aparato de seguridad y la capacidad de imponer costos considerables a sus adversarios. Los acontecimientos recientes demuestran que Teherán todavía puede amenazar la infraestructura energética regional e interrumpir el tráfico marítimo. Sin embargo, la ecuación estratégica ha cambiado. Una estrategia basada en la resistencia solo funciona si el régimen puede soportar la presión durante más tiempo del que sus adversarios estén dispuestos o sean capaces de mantenerla. La pregunta ahora es si la capacidad económica y social de Irán para sostener una confrontación prolongada es mayor que la capacidad política y militar de Washington para mantener la presión.
Por lo tanto, creo que la República Islámica se acerca a una etapa más difícil de la guerra. Su liderazgo debe decidir si continúa con una estrategia de resistencia a largo plazo, potencialmente muy costosa, o si acepta algún cambio de comportamiento que pueda abrir el camino a las negociaciones. El dilema es particularmente profundo porque las concesiones hacia Estados Unidos e Israel no son meros ajustes de política exterior para la República Islámica: afectan a principios ideológicos que han contribuido a definir al propio régimen. Precisamente por eso, alcanzar un compromiso puede ser políticamente difícil para Teherán, incluso cuando la lógica económica y militar apunta cada vez más hacia él.

— LoQueSomos: ¿Existe alguna posibilidad de que el régimen iraní inicie un diálogo con los partidos políticos kurdos?
— Rojin Mukriyan: Actualmente, no hemos visto indicios serios de que la República Islámica esté dispuesta a iniciar un diálogo político significativo con los partidos políticos kurdos. Por el contrario, el régimen parece seguir abordando la cuestión kurda mediante lo que describiría como su enfoque negacionista y, en ocasiones, aniquilacionista: negar el carácter político de las demandas kurdas y tratar a la oposición kurda organizada principalmente como un problema de seguridad y militar.
Desde el inicio de la guerra, este enfoque se ha hecho aún más evidente. Las bases y posiciones de los partidos políticos kurdos iraníes en la región del Kurdistán iraquí han sido blanco repetido de misiles y drones de la Guardia Revolucionaria. En lugar de propiciar las negociaciones, Teherán ha continuado ejerciendo presión militar contra estas organizaciones, al tiempo que intensificaba las medidas de seguridad en Rojhelat.
Por esta razón, lo que presenciamos actualmente no es una apertura al diálogo, sino una mayor resistencia y confrontación por parte del Estado iraní hacia el movimiento kurdo. El régimen parece seguir creyendo que la cuestión kurda puede ser contenida mediante la represión, la presión militar y el debilitamiento de las organizaciones políticas kurdas, en lugar de mediante el reconocimiento, la negociación o el compromiso político.
— LoQueSomos: ¿Podría producirse algún cambio por parte del régimen iraní en su postura hacia el movimiento kurdo?
— Rojin Mukriyan: Esto podría cambiar si se modifica el equilibrio de poder en el país. Si la República Islámica se debilita significativamente como resultado de una guerra prolongada, la presión económica y la creciente inestabilidad interna, podría llegar a la conclusión de que mantener confrontaciones simultáneas con adversarios externos y movimientos de oposición internos ya no es sostenible. En tales circunstancias, las negociaciones con las fuerzas políticas kurdas podrían convertirse en una necesidad táctica.
Aun así, sería importante distinguir entre un diálogo político genuino y negociaciones emprendidas simplemente para reducir la presión sobre el régimen. Un diálogo significativo requeriría que Teherán reconociera que la cuestión kurda es fundamentalmente política y no puede resolverse exclusivamente mediante medidas de seguridad. También requeriría un debate sobre la representación política kurda, los derechos culturales y lingüísticos, la descentralización y la estructura constitucional más amplia de Irán. Por el momento, hay pocos indicios de que la República Islámica esté dispuesta a abordar la cuestión kurda en esos términos.
— LoQueSomos: ¿Por qué Irán bombardea constantemente el Kurdistán iraquí? ¿Esa región representa una amenaza real para la estabilidad del régimen iraní?
— Rojin Mukriyan: Lo importante es que el régimen iraní no considera necesariamente a la región del Kurdistán iraquí como la principal amenaza. Más bien, ve a los partidos políticos kurdos iraníes con base en el Kurdistán iraquí como una amenaza persistente para la seguridad nacional y cree que estas organizaciones poseen suficiente capacidad política, organizativa y, en cierta medida, militar para desafiar la estabilidad de la República Islámica.
Existen razones históricas para esta percepción. Los partidos políticos kurdos se encuentran entre los movimientos de oposición más antiguos y mejor organizados de Irán. Varios de ellos cuentan con décadas de experiencia organizativa, estructuras políticas consolidadas, brazos armados y una larga historia de confrontación con la República Islámica. Las organizaciones kurdas lucharon contra la recién establecida República Islámica en los años posteriores a la revolución de 1979, y los enfrentamientos armados continuaron de diversas formas en las décadas siguientes, incluyendo nuevos enfrentamientos que involucraron a organizaciones kurdas en la década de 2000 y posteriormente.
Pero la preocupación del régimen no se basa únicamente en las capacidades militares de estos partidos. Quizás más importante sea la profunda relación política y social que muchos de los partidos kurdos mantienen con la sociedad kurda dentro de Irán, o en Rojhelat. Si bien sus líderes y fuerzas armadas han operado en gran medida desde el otro lado de la frontera, su influencia política no termina en la frontera iraní.

— LoQueSomos: ¿Cuál es el alcance real de la influencia de los partidos kurdos iraníes en Rojhelat?
— Rojin Mukriyan: Se observa con especial claridad cuando los partidos políticos kurdos convocan huelgas generales o protestas colectivas dentro de Rojhelat. En varias ocasiones, estas convocatorias han recibido una respuesta significativa de las ciudades y comunidades kurdas. Los mercados han cerrado, las empresas se han sumado a las huelgas y amplios sectores de la sociedad han participado en acciones colectivas. Esto demuestra que, a pesar de décadas de represión y la separación física entre los partidos políticos y gran parte de la población dentro de Irán, estas organizaciones siguen teniendo una capacidad significativa de movilización política.
El levantamiento “Mujer, Vida, Libertad” (Jin, Jiyan, Azadi), de 2022, lo demostró con mayor claridad. El movimiento surgió tras la muerte de la kurda Jina (Mahsa) Amini y, en un principio, se desarrolló con especial intensidad en las ciudades kurdas antes de convertirse en un levantamiento a nivel nacional. Zonas kurdas como Saqqez, Sanandaj, Mahabad y otras ciudades se convirtieron en importantes centros de resistencia. Las organizaciones políticas kurdas no controlaron la totalidad del movimiento, y sería erróneo afirmar que lo hicieron. Sin embargo, los acontecimientos demostraron la capacidad de la sociedad kurda para convertirse en un importante catalizador de una movilización política mucho más amplia en todo Irán.
— LoQueSomos: ¿Este tipo de protestas o levantamientos es lo que más le preocupa al régimen iraní?
— Rojin Mukriyan: Eso es precisamente lo que preocupa a Teherán. El régimen teme no solo una incursión armada desde el Kurdistán iraquí, sino también la posibilidad de que organizaciones políticas kurdas con experiencia combinen su capacidad organizativa con el descontento popular generalizado en Rojhelat y contribuyan potencialmente a un movimiento mucho mayor contra la República Islámica.
Desde esta perspectiva, los ataques iraníes contra bases kurdas en la región del Kurdistán iraquí deben entenderse como acciones tanto militares como políticas preventivas. Teherán busca debilitar la infraestructura organizativa y militar de estos partidos, restringir su capacidad de comunicarse y movilizar a la sociedad kurda dentro de Irán, y demostrar que el refugio geográfico al otro lado de la frontera iraquí no los protegerá.
Al mismo tiempo, conviene distinguir entre la percepción que tiene el régimen iraní de la amenaza y la capacidad real de estas organizaciones. Es improbable que los partidos kurdos por sí solos logren derrocar militarmente a la República Islámica. Su importancia reside, en cambio, en su organización, en la experiencia histórica, en sus redes políticas y la capacidad para movilizar a sectores de la sociedad kurda. En una situación en la que el Estado iraní ya se encuentra debilitado por la guerra, la crisis económica y la inestabilidad política a nivel nacional, estas capacidades podrían adquirir una importancia considerablemente mayor.
— LoQueSomos: ¿Existen posibilidades reales de un acuerdo entre la Coalición de Partidos Políticos del Kurdistán Iraní con Estados Unidos o Israel?
— Rojin Mukriyan: Creo que los partidos kurdos de Rojhelat han extraído importantes lecciones de la experiencia de Rojava. Una de las más significativas es que un acuerdo político claro debe preceder a cualquier cooperación militar, de seguridad o táctica con potencias externas.
Los partidos del Kurdistán iraní luchan, en última instancia, por resolver la cuestión kurda dentro de Irán. Su objetivo principal no es simplemente debilitar a la República Islámica ni participar en una confrontación regional, sino garantizar los derechos políticos, nacionales, culturales y democráticos del pueblo kurdo dentro de un futuro orden político en el país. Desde esa perspectiva, las relaciones con Estados Unidos, Israel o cualquier otro Estado deben entenderse como instrumentos que pueden contribuir a alcanzar estos objetivos, y no como fines en sí mismos.
— LoQueSomos: ¿Qué lecciones surgieron del proceso en Rojava?
— Rojin Mukriyan: La experiencia de Rojava ha hecho que los movimientos kurdos sean particularmente conscientes de los riesgos que implica depender demasiado de potencias internacionales, cuyas prioridades estratégicas pueden cambiar muy rápidamente. La cooperación militar puede ser útil en un momento dado, pero sin garantías políticas previas siempre existe el peligro de que las fuerzas kurdas reciban apoyo cuando les resulte estratégicamente útil y sean abandonadas una vez que cambien los intereses de la potencia externa.
Por esta razón, la alianza kurda en Rojhelat aborda la cuestión con suma cautela. Las partes podrían entablar relaciones diplomáticas con diferentes Estados, incluidos Estados Unidos e Israel, si consideran que dichos contactos pueden contribuir a una solución política para la cuestión kurda en Irán. Sin embargo, es improbable que consideren suficiente la mera cooperación militar táctica.
— LoQueSomos: ¿El proceso de paz entre el Movimiento de Liberación del Kurdistán y el Estado turco, y los recientes acontecimientos en Siria, tienen repercusiones para el pueblo kurdo en Rojhelat y en Irán en general?
— Rojin Mukriyan: Los kurdos están divididos por las fronteras estatales de Turquía, Irán, Irak y Siria, pero su destino político siempre ha estado profundamente interconectado. Los acontecimientos en una parte de Kurdistán inevitablemente tienen consecuencias políticas, ideológicas y estratégicas para las demás. Por esta razón, tanto el proceso de paz en Bakur como los recientes acontecimientos en Rojava son de gran relevancia para el movimiento kurdo en Rojhelat. Sin embargo, el grado en que el proceso en Bakur afectará la política kurda en Irán depende de varias variables, sobre todo de la trayectoria y el resultado de dicho proceso. La cuestión central es si conducirá a una verdadera solución política a la cuestión kurda en Turquía, o si, por el contrario, resultará principalmente en la disolución o desmovilización del movimiento armado kurdo sin resolver el problema político subyacente.
* Leandro Albani , periodista y escritor argentino, autor de los libros «Kurdistán. Crónicas insurgentes» (kunto a Alejandro Haddad), «Revolución en Kurdistán. La otra guerra contra el Estado Islámico», «ISIS. El ejército del terror», «Mujeres de Kurdistán. La revolución de las hijas del sol» (junto a Roma Vaquero Diaz), «No fue un motín. Crónica de la masacre de Pergamino», «Ni un solo día sin combatir. Crónicas latinoamericanas» y «Kurdistán urgente. Historias de un pueblo en resistencia». Ha realizado coberturas desde Venezuela, Bolivia, México, Cuba, Ecuador, España, Bélgica, Irán y Bashur (Kurdistán iraquí).
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