Marcelo Muñoz, testigo y narrador de la China contemporánea
Por Pedro Barragán*
Mi primer recuerdo de Marcelo viene de muy lejos, de mis años de juventud, cuando tuve la fortuna de tenerle como profesor. Entonces yo no podía imaginar hasta qué punto aquel hombre curioso, apasionado y siempre dispuesto a mirar más allá de lo evidente acabaría convirtiéndose, muchos años después, en una figura tan importante para quienes queríamos comprender China. De aquel profesor recuerdo, sobre todo, su capacidad para despertar preguntas y para interesarse por la sociedad y el mundo. Con los años nuestros caminos volvieron a encontrarse y aquella relación de profesor y alumno se transformó en amistad. Por eso escribir hoy sobre él es también volver a una parte de mi propia vida.
Marcelo Muñoz ha sido economista, empresario, escritor, viajero incansable y, sobre todo, un hombre poseído por una curiosidad extraordinaria. Pero si hay que resumir su vida en una sola idea, ésta sería que Marcelo ha sabido construir el gran puente de su vida, que es el que ha tendido entre España y China.
Llegó por primera vez a China en 1978, precisamente cuando el país comenzaba la Reforma que habría de protagonizar una de las mayores transformaciones económicas y sociales de la historia contemporánea. Marcelo supo ver muy pronto lo que otros tardarían en comprender. Pero su fascinación por China nunca fue únicamente socialista y económica y quiso entender aquel país desde dentro y conocer a su gente, su historia, su cultura y su manera de entender el mundo.

A lo largo de casi medio siglo y más de un centenar de viajes, China se convirtió para él en una segunda patria intelectual y afectiva. En aquella fascinación tuvo también mucho que ver su admiración por el socialismo, por sus ideales de igualdad y justicia social, y su interés por comprender la singular experiencia china y su capacidad para transformar profundamente el país y mejorar las condiciones de vida de cientos de millones de personas. Marcelo se acercó siempre a China con curiosidad, pero también con simpatía y admiración, tratando de entenderla desde su propia historia y no desde nuestros prejuicios occidentales. Y desde muy pronto asumió la misión que ya nunca abandonaría de explicar China a los españoles y, al mismo tiempo, ayudar a los chinos a conocer y comprender mejor España.
De esa vocación nació la que considero su obra más importante y el mejor legado que nos deja: la Fundación Cátedra China. Marcelo comprendió que el acercamiento entre nuestros dos países necesitaba algo más que relaciones comerciales o diplomáticas. Necesitaba conocimiento, necesitaba diálogo y necesitaba lugares donde españoles y chinos pudieran encontrarse, escucharse y aprender unos de otros.
La Fundación ha sido la culminación de esa idea. Marcelo ha puesto en ella su entusiasmo, sus conocimientos, sus innumerables relaciones personales y, sobre todo, una energía que parecía inagotable. La ha convertido en un espacio de encuentro entre académicos, empresarios, diplomáticos, profesionales y personas de muy distintos ámbitos unidas por el deseo de conocer China sin prejuicios ni simplificaciones. Cátedra China ha sido, en buena medida, la expresión institucional de lo que Marcelo ha hecho durante toda su vida, de acercar personas para acercar países.
Por eso tuvo un significado tan especial el reconocimiento que recibió en 2024, de manos de Xi Jinping, como Embajador de Amistad con el Pueblo Chino. No era un premio más en una larga trayectoria, era la confirmación de que aquella amistad que Marcelo había cultivado pacientemente durante décadas había sido correspondida. China reconocía en él a alguien que había dedicado una parte fundamental de su vida a construir entendimiento y amistad entre nuestros pueblos.

Recuerdo la satisfacción con la que recibió aquel reconocimiento y el orgullo con el que ha paseado la medalla por innumerables debates. Porque detrás del título había miles de conversaciones, cientos de encuentros, más de cien viajes, libros, conferencias, proyectos y, sobre todo, muchas amistades. Había toda una vida.
Hoy, al despedir a Marcelo, regreso inevitablemente a aquel profesor de mi juventud. Pienso en cuánto camino había por delante entonces y en todo lo que acabaría haciendo después. Pienso también en el privilegio de haber podido reencontrarme con él y compartir, ya desde la amistad, su pasión por China y su entusiasmo intacto por seguir construyendo puentes.
Marcelo se ha ido, pero uno de esos puentes permanece. Se llama Fundación Cátedra China. Y quizá no haya mejor manera de honrar su memoria que continuar atravesándolo en ambas direcciones, manteniendo vivo el diálogo entre España y China al que dedicó buena parte de su vida.
Para quienes tuvimos además el privilegio de conocerle y quererle, nos queda esa gratitud tan difícil de expresar.
Gracias, profesor. Gracias, Marcelo. Y, por encima de todo, gracias, amigo.
* Pedro Barragán es economista. Asesor de la Fundación Cátedra China, temática que deja reflejada en su blog personal. Es editor de la web Archivo de la Transición. Su último libro es el ensayo: «Por qué China está ganando».
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