¿Pertenece la IA a las matemáticas o a las ciencias sociales?
Por Yetlanezi Arcelia Flores Alonso y Jorge Hernández*
Ninguna disciplina está peleada con otra; al contrario, son aliadas para complementar y enriquecer aún más las investigaciones realizadas por cada una: Luis Josué Lugo Sánchez, académico del CEIICH
Se cree que la inteligencia artificial (IA) tiene únicamente tintes tecnológicos, y que sólo especialistas en cibernética, computación e informática pueden hablar de estas herramientas; sin embargo, las ciencias sociales también desempeñan un papel fundamental en su entendimiento. A través de ellas observamos cómo son la relación y la dinámica entre una persona y una máquina. ¿Cómo las ciencias sociales explican un fenómeno que se rige por matemáticas y números?
Desde la aparición de ChatGPT, en noviembre de 2022, “hemos incorporado cada vez más estas nuevas tecnologías a nuestras vidas”, afirmó Luis Josué Lugo Sánchez, académico del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, durante la transmisión del Día CEIDE, evento mensual de la Coordinación de Evaluación, Innovación y Desarrollo Educativos (CEIDE). Indicó que este proceso súbito de adopción fue descuidado ya que “a nadie le preguntaron si queríamos que fuera incorporada, si estábamos dispuestos a ceder nuestros datos, ni tampoco si la íbamos a utilizar o no. Simplemente llegó”.
De acuerdo con sus investigaciones, encontró que nueve de cada 10 alumnos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM utilizan IA para apoyarse en la realización de trabajos.
Ante esto, señaló que las investigaciones pertenecientes al área de sociales son tan relevantes como las del campo de las ciencias exactas; argumentó que “la mayoría de las contribuciones a este fenómeno son, sobre todo, del campo de las tecnociencias; pero las ciencias sociales también tenemos algo que aportar a través de explicaciones históricas de un fenómeno, pensamiento crítico y humanístico”.
Añadió que ninguna disciplina está peleada con otra, al contrario, son aliadas para complementar y enriquecer aún más las investigaciones realizadas por cada una.
En el ámbito educativo, hizo un llamado a la colaboración entre universidades al reconocer que “esto nos impacta directamente, pero también podemos entusiasmarnos, porque a través de esta colaboración interuniversitaria ampliamos el campo de estudio para llegar a una alfabetización crítica del uso de la IA, entendiendo que no es emplear 47 herramientas, sino tener el conocimiento de saber por qué, para qué y cómo las utilizamos”.
Reconoció que el consumo y la apropiación de estas herramientas le permitieron mostrar a sus estudiantes otras posibilidades para realizar sus trabajos e investigaciones, orientando sus esfuerzos al uso ético y responsable; sin embargo, aseveró que algunos de los riesgos son que “muchos jóvenes dan sus conversaciones a la IA y le piden que les diga las red flags que encuentre; pero esto no sólo vulnerabiliza sus datos, sino que limita el potencial de esta herramienta, porque ellos no escriben buenos prompts para sacarle provecho a la IA”.
Asimismo, enfatizó que “tampoco se trata de que le pidan todo el trabajo hecho, porque eso genera profesores creyendo en antiplagios, estudiantes confiando ciegamente en humanizadores, y al final los que se enfrentan son los seres humanos, pero mandan a pelear a sus Pokémon llamados antiplagio y humanizador”.
Señaló que “no debemos prohibirlas, sino hacer una declaración de uso ético de la IA, respondiendo qué plataforma usamos, cuáles fueron nuestros prompts, qué límites o sesgos encontramos y qué hicimos nosotros con base en la información que nos arrojó”.
Como estrategias didácticas para incorporar esta herramienta de forma ética y responsable, respondió que “necesitamos diagnósticos y estudios que nos permitan tomar decisiones informadas para encontrar la metodología y la dinámica que mejor nos funcionen a través de preguntas como: “¿para qué la quiero?, ¿por qué la quiero?, ¿qué herramientas conozco?, ¿y qué miedos tengo al usar IA?”.
Sostuvo que “necesitamos esa parte fundamental de quién soy ante el mundo y preguntarnos qué somos hoy como profesores, qué queremos lograr y qué debemos mejorar, porque necesitamos educadores que faciliten esta alfabetización crítica”.
Su recomendación final nos invita a afianzarnos en entornos sociales físicos bajo lo que él denomina como “inmaquinable”, que encontramos en actividades como beber un café y disfrutar de su sabor, el gusto por bailar, cuando hacemos deportes, durante el trabajo de campo, pasear con nuestra mascota, caminar de la mano con nuestra pareja, etcétera, para recordar que no todo lo disfrutable está únicamente en la inteligencia artificial.
* Coordinación de Evaluación, Innovación y Desarrollo Educativos de la UNAM. Publicado en la Gaceta de la UNAM
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