VERGÜENZA

VERGÜENZA

Por Javier Díez Moro*

El lunes 29 de septiembre el presidente de Estados Unidos, Donald “indeseable” Trump presentó al mundo su plan de paz para Gaza. En su comparecencia dijo que “posiblemente es uno de los días más grandes de la civilización” porque el plan iba a permitir poner fin de manera integral a la guerra en Gaza.

Acompañado del primer ministro de Israel, Benjamín “indeseable” Netanyahu, Trump dijo que, junto a Israel, varias naciones de Medio Oriente y Europa también respaldaban la iniciativa de 20 puntos, que ahora tendría que ser aceptada por Hamás.

Lo primero que llama poderosamente la atención es que en el plan de paz no se mienta la palabra “genocidio”: una nueva manipulación del lenguaje, típica de los aparatos de propaganda de los dictadores. Tampoco se cuenta con la interlocución de los representantes políticos legales del pueblo palestino. Además, para colmo, en el punto 9 del plan se dice que Gaza será gobernada transitoriamente (sin fijar plazos ni garantías) por el «Consejo de Paz», dirigido y presidido por el presidente Donald J. Trump, con otros miembros y jefes de Estado que se anunciarán más adelante, entre ellos el ex primer ministro británico Tony Blair (el del trío de las Azores en la guerra de Iraq, en 2003, y personaje próximo a los intereses de Israel). El texto también propone la presencia de una Fuerza Internacional creada por EEUU (colaborador directísimo en el genocidio) y por “socios internacionales” (países sumisos) y “socios árabes” (países que han mantenido una postura hipócrita o cómplice con el sionismo asesino), con el fin de controlar “la seguridad interna”, con autoridad política, financiera y de fronteras. ¡Vergüenza!

Ateniéndonos a la literalidad del texto, la culpa de todo lo que está ocurriendo es de los gazatíes y de sus representantes políticos, a quienes una vez más vuelven a calificar de terroristas. Hay que proteger a Israel de quienes hasta ahora no han respetado sus territorios ni su gente. ¡El mundo al revés! «Gaza será una zona desradicalizada, libre de terrorismo, que no representará ninguna amenaza para sus vecinos» (punto 1). «Hamás y las demás facciones aceptan no desempeñar ningún papel en la gobernanza de Gaza, ya sea directa, indirecta o de cualquier otra forma. Todas las infraestructuras militares, terroristas y ofensivas, incluidos los túneles y los lugares de fabricación de armas, serán destruidas y no se reconstruirán» (punto 13). «A medida que Gaza vuelva a desarrollarse y progrese, y que el programa de reformas de la Autoridad Palestina se aplique fielmente, podrían reunirse por fin las condiciones para abrir una vía creíble hacia la autodeterminación y la creación de un Estado palestino» (punto 19). Es decir, que los palestinos no pueden tener ni armas, ni ejército, ni policía, ni ningún grupo de resistencia, frente al país ocupante que es Israel. Se trata de desarmar al contrario y de arrebatarles la representación legal de la Franja de Gaza, sin ninguna garantía de autodeterminación. El texto no asegura ni concreta fechas, se limita a expresar en condicional la “posibilidad de…” (“podrían reunirse por fin las condiciones para abrir una vía creíble hacia la autodeterminación”). ¡Vergüenza!

«En las 72 horas siguientes a la aceptación pública de este acuerdo por parte de Israel, todos los rehenes, vivos o muertos, serán devueltos» (punto 4). «Una vez liberados todos los rehenes, Israel liberará a 250 presos condenados a cadena perpetua, así como a 1.700 gazatíes detenidos desde el 7 de octubre de 2023, incluidas todas las mujeres y todos los niños detenidos en este contexto. Por cada rehén israelí cuyos restos sean devueltos, Israel devolverá los restos de 15 gazatíes fallecidos» (punto 5). El asunto de los rehenes lleva implícita una trampa. Los rehenes israelíes -yo prefiero, llamarlos prisioneros- que aún tiene Hamás son su única moneda de cambio, lo único que puede garantizarles el cumplimiento de estos acuerdos. Pero, en este caso, sí se fija un plazo, 72 horas después de aceptar el plan. ¿Y a partir de ese momento qué? Además, quedan fuera del acuerdo muchos más prisioneros palestinos, hombres, mujeres y menores de edad de Jerusalén Este y Cisjordania. Recordemos que en las cárceles israelíes hay más de 11.000 presos y que más de 3.500 están bajo detención administrativa, sin cargos ni juicio, secuestrados sin saber de qué se les acusa. ¡Vergüenza!

«Gaza será reurbanizada en interés de la población de Gaza, que ya ha sufrido lo suficiente» (punto 2). «Se elaborará un plan de desarrollo económico de Trump, destinado a reconstruir y dinamizar Gaza, reuniendo a un grupo de expertos que han contribuido a la creación de ciudades modernas y prósperas en Oriente Medio. Numerosas propuestas sólidas de inversión e ideas de desarrollo entusiastas han sido elaboradas por grupos internacionales bienintencionados; se tendrán en cuenta con el fin de integrar los marcos de seguridad y gobernanza para atraer y facilitar estas inversiones. Estas crearán puestos de trabajo, oportunidades y esperanza para el futuro de Gaza» (punto 10). No es preciso ser demasiado avispado para entender lo que significan realmente estos dos puntos: el proyecto estadounidense-israelí de construir en la Franja el resort de la “Riviera Trump de Gaza”. A Donald “especulador” Trump lo que de verdad le interesan son sus negocios privados. Y si encima puede contar con una mano de obra barata, como sería la población gazatí, necesitada después de dos años de desgracias, el negocio sería magnifico. Estos posibles trabajadores correrían la misma suerte que los inmigrantes que trabajan con salarios de miseria en la opulenta Arabia Saudí y en los Emiratos Árabes. ¡Vergüenza!

La historia se repite. Si hace un siglo la gran potencia colonial de Reino Unido robó Palestina a los palestinos, entregándosela a continuación al sionismo, ahora el plan de Donald “desalmado” Trump se arroga a sí mismo el papel de supremo gestor junto con Tony “mentiroso” Blair. O lo que es lo mismo, dos personajes colonialistas de primer orden al frente de Gaza. Blair fue primer ministro del Reino Unido por el Partido Laborista, entre 1997 y 2007. Además de un pasado reñido con los derechos humanos, fue promotor, junto con George W. Bush, secundados ambos por el títere español Aznar, de la invasión ilegal de Iraq, una operación militar que provocó cientos de miles de muertos. Estos tres desalmados aseguraban entonces que Iraq tenía armas de destrucción masiva, algo que se ha demostrado que era totalmente falso. Pero el negocio de la guerra y la posguerra convierte a muchos hombres en alimañas. ¡Vergüenza!

Donald “dictador” Trump ha presentado a bombo y platillo su plan, con el que seguramente pretende ganar puntos para obtener el Premio Nobel de la Paz. Un plan ambiguo, sin concreciones, ni plazos, ni garantías, ni definición alguna sobre Cisjordania y Jerusalén Este, ni tan siquiera sobre la propia Franja, en la que intenta someter su soberanía a los intereses estadounidenses e israelíes, sin posibilidad real de autogobierno palestino. El mismo Benjamín “inhumano” Netanyahu, al día siguiente de presentarse el plan de paz, afirmó que él no había acordado la creación de un Estado palestino y subrayó que el ejército israelí permanecerá en la mayor parte de Gaza. ¡Vergüenza!

Leídos los 20 puntos del plan de Donald “criminal” Trump, no cabe la menor duda de que no es un plan de paz, sino un ultimátum. O los gazatíes aceptan su plan o continuará el bloqueo (sin paso de alimentos y medicinas) y Benjamín “criminal” Netanyahu terminará con su labor de limpieza étnica y genocidio. ¡Vergüenza!

En esta interminable tragedia solo ha estado a la altura de las circunstancias la sociedad civil, obligando en mayor o menor medida a los gobiernos a tomar tímidas medidas que, en el fondo, en la mayoría de los casos, no pretendían otra cosa que sacudirse la mala conciencia y salvar su propio culo. El Estado de Israel lleva más de 75 años incumpliendo acuerdos, saltándose a la torera leyes internacionales, asesinando civiles, anexionándose territorios, imponiendo sus criterios en Oriente Medio con la fuerza de las armas y la complicidad de EEUU Y desde hace dos años, amparándose en el derecho a defenderse, ha asesinado a más de 600.000 palestinos (estas cifras las maneja la ONU). Israel se siente totalmente impune. ¿Qué medidas efectivas ha tomado la Unión Europea? ¿Qué países se han atrevido a romper relaciones con Israel? ¿Cuáles han hecho un embargo de armas real? ¡Vergüenza!

El último atropello de Israel ha sido atacar con drones y abordar a las embarcaciones de la Global Sumud Flotilla, integrada por activistas pacíficos, en misión humanitaria, secuestrándolos ilegalmente en aguas internacionales, como ya había hecho en otras ocasiones. Y ningun gobierno europeo ha sido capaz de dar un puñetazo en la mesa. Netanyahu, el sionismo e Israel se rien del mundo, y nadie hace nada. Todo queda en palabreria, en condenas que no van a ninguna parte o, peor aún, en gestos de apoyo a algunas acciones protagonizadas por la sociedad civil (véase el caso de la Vuelta Ciclista 2025) de las que posiblemente se calcularon previamente algún tipo de rédito electoral. A Pedro Sánchez le faltó tiempo para aplaudir el plan de paz de Donald “megalómano” Trump. Nuestro presidente, experto en equilibrios imposibles, a la hora de la verdad se ha comportado en este asunto de igual manera que Friedrich Merz, Emmanuel Macron, Giorgia Meloni, Keir Starmer o Ursula von der Leyen. ¿Y el cinismo de los países árabes? ¡Rindiendo pleitesía al Estado de Israel y a EEUU! Unos y otros dicen lo mismo: ¡bienvenido sea el plan de paz! Eso sí, todos insisten en la solución de los dos Estados, cuando saben perfectamente que a estas alturas eso es ya inviable y que Netanyahu ha dejado claro que jamás habrá un Estado palestino. ¡Vergüenza!

Recientemente el periodista palestino Fathi Sabah comentó: «Un rechazo de Hamás, Dios no lo quiera, significaría darle a Netanyahu luz verde para continuar la guerra con respaldo estadounidense y occidental para destruir lo que queda de Gaza y la región central. La gente de Gaza no puede soportarlo. Están devastados, exhaustos, desesperados y sin esperanza». ¿Qué ocurrirá? Posiblemente Hamás termine por aceptar este trágala. La verdad es que tome la decisión que tome el pueblo palestino está llamado a continuar siendo un pueblo colonizado y errante. ¡Vergüenza!

* Escritor y cineasta. Fotomontajes e ilustraciones del autor.
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