Un clima cambiante para los saberes indígenas

Un clima cambiante para los saberes indígenas

Obra de la fotógrafa ecuatoriana Carolina Zambrano, bordada con fibras de chambira, una palma emblemática de la artesanía indígena amazónica

Por Lagipoiva Cherelle Jackson*

De la práctica aborigen de las quemas controladas para prevenir incendios forestales a las previsiones meteorológicas inuit, pasando por la técnica del zaï empleada en algunos países africanos para captar agua, muchos saberes indígenas han demostrado su eficacia. Estos conocimientos resultan especialmente valiosos en el contexto del cambio climático y el retroceso de la biodiversidad.

Mucho antes de que los satélites orbitaran alrededor de la Tierra, los navegantes polinesios cruzaban el océano recorriendo miles de kilómetros observando las estrellas, los movimientos de las olas, la bioluminiscencia y la trayectoria de las aves marinas. En el Sáhara, los guías tuaregs se orientaban gracias a las constelaciones, el sol, el viento y el relieve, aunque hoy en día sus travesías se basan más en referencias terrestres y desplazamientos diurnos. Las investigaciones en ciencias cognitivas han revelado que esos sistemas de navegación recurrían a un razonamiento espacial sofisticado basado en una multiplicidad de datos ambientales mucho más integrados que los métodos de entrada única que se han usado en los estudios de laboratorio.

Hay numerosos ejemplos de cómo el saber tradicional ha demostrado su validez en ámbitos tan diversos como la gestión del agua, la agrosilvicultura, la salud o la pesca. Estos saberes no son simples técnicas, sino que constituyen, en un sentido más amplio, la expresión de una visión del mundo. Hay muchos ejemplos de ello. Así, la creación textil ha permitido representar el mundo, esta vez en un sentido espiritual: las faldas tejidas de las islas periféricas de Micronesia y las tradiciones del tejido en bandas de Ghana y Nigeria cartografían los conocimientos tradicionales y la identidad cultural en un lenguaje de motivos simbólicos.

Estas prácticas, que constituyen sistemas de conocimiento en sí mismos, codifican, preservan y transmiten saberes de una generación a otra. Hoy en día, comunidades indígenas de todo el mundo defienden su derecho a proteger este patrimonio cultural. También luchan para que estos sistemas de conocimiento tradicionales sean considerados modelos científicos paralelos. “Decimos lo mismo, solo que utilizamos un lenguaje diferente para expresarlo”, señaló la investigadora fiyiana Salanieta Kitolelei durante la segunda Conferencia de las Islas del Océano Pacífico, que se celebró en 2025 en Honiara, Islas Salomón.

Desde hace algunos años, los conocimientos de los pueblos indígenas gozan de un mayor reconocimiento, sobre todo gracias a instrumentos internacionales como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. Sin embargo, al mismo tiempo, se ven amenazados por la apropiación cultural o comercial.

Guardianes de la biodiversidad

A medida que la crisis climática se intensifica y la biodiversidad se derrumba, el mundo vuelve a los sistemas de conocimiento que había abandonado en el pasado. Según la ONU, los pueblos indígenas representan menos del 5% de la población mundial, pero gestionan tierras que albergan cerca del 80% de la biodiversidad del planeta. A partir de esta cercanía con el mundo natural en el que viven han desarrollado valiosos conocimientos que merecen mayor atención.

“Observamos la naturaleza, nuestros animales y nuestras plantas. Somos los guardianes de la naturaleza y poseemos un enorme conocimiento de nuestro ecosistema. Estos saberes no son teóricos: han sido puestos a prueba y verificados a lo largo de los siglos”, afirmaba en abril de 2024 Hindou Oumarou Ibrahim, jefa indígena Mbororo de Chad y presidenta de la 23ª sesión del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas.

Los saberes indígenas se codifican para formar sistemas de conocimiento complejos

Estos saberes no solo se repiten mecánicamente de una generación a otra, sino que también se codifican para formar sistemas de conocimiento complejos, como lo ilustra el manejo de las artes textiles en el Pacífico y África. Los tejedores del Pacífico comprenden la ecología vegetal, la dinámica de la navegación y los protocolos culturales. Los tejedores de África Occidental, por su parte, dominan la técnica del telar, los tintes naturales y el lenguaje simbólico de los estampados. En ambas regiones, el conocimiento se transmite a través del aprendizaje y de la práctica cultural. Los propios textiles se convierten en archivos vivos cuyo conocimiento reside en las manos, los estampados y los procesos.

En Taumako, en las Islas Salomón, las mujeres son las guardianas de la tierra y el mar. Recolectan y transforman el pandanus, un arbusto común en Polinesia y Micronesia, y tejen las velas que han permitido viajar durante más de 3.000 años. Como explica Delsie Betty Bosi, una residente de la isla: “Los hombres construyen la mayoría de las piraguas; las mujeres alimentan a los trabajadores y a los niños, contribuyendo así a la motivación del grupo, y fabrican las velas”. Esta división del trabajo, en la que las mujeres son las guardianas del conocimiento, refleja patrones que se repiten en todo el Pacífico.

En África Occidental, los maestros tejedores crearon la tela kente, cuyos estampados geométricos codifican la filosofía, la memoria histórica y la identidad social. El kente, desarrollado por los tejedores ashantis de la aldea de Bonwire, en Ghana, fue inscrito en 2024 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Sus estampados codifican significados relacionados con la riqueza, los valores espirituales, los acontecimientos históricos y los principios morales.

El fuego sagrado

Los conocimientos ecológicos indígenas siguen revelando una profunda comprensión del entorno. En el norte de Kimberley, en Australia, las comunidades aborígenes han reactivado la gestión tradicional de los incendios tras décadas de desestabilización colonial. Un estudio a gran escala, publicado en 2024, comparó los datos sobre incendios en un período de 11 años sin gestión indígena (2001-2011) y durante 11 años con gestión indígena (2012-2022), y el estudio reveló que la frecuencia de los incendios había disminuido en más del 42% en la zona estudiada durante el segundo período.

Mediante el uso de prácticas de quema controlada a pequeña escala, o “quema a baja temperatura”, para desbrozar durante la estación seca, los pueblos australianos de Balanggarra, Dambimangari, Wilinggin y Wunambal Gaambera han reducido la intensidad de los incendios forestales, protegido la biodiversidad y reducido las emisiones de gases de efecto invernadero. Como explica Catherine Goonack, presidenta de la Wunambal Gaambera Aboriginal Corporation: “Nuestros antepasados Wanjina Wunggurr utilizaron el fuego para gestionar y proteger nuestra tierra durante mucho tiempo. El fuego es nuestra herramienta más importante para cuidar la tierra y mantenerla en buen estado”. En la actualidad, algunas tribus como los Karuks están reintroduciendo prácticas similares en California, Estados Unidos.

En todo el Ártico, los guardianes del conocimiento inuit documentan rápidos cambios climáticos que desafían los modelos meteorológicos occidentales. Los cazadores combinan las observaciones transmitidas de generación en generación con herramientas modernas para adaptarse a las condiciones impredecibles del hielo. Las previsiones meteorológicas tradicionales inuit siguen siendo esenciales, aunque los mayores advierten que algunos conocimientos heredados ya no son fiables debido a los rápidos cambios medioambientales.

En África, los agricultores de Burkina Faso, Níger, Malí, Kenia y Senegal utilizan técnicas como el zaï, que permiten captar y redistribuir el agua en suelos degradados. Combinados con el policultivo y el uso de variedades vegetales endémicas, estos métodos fertilizan los suelos sin necesidad de recurrir a insumos químicos. Un estudio realizado en Sudáfrica en 2025 y publicado en Scientific Reports reveló que el 92% de los agricultores utilizaba métodos endémicos basados en plantas para combatir las plagas y las enfermedades.

Visión “de doble perspectiva”

La cuestión de determinar qué constituye conocimiento es fundamental para la soberanía intelectual indígena. La ciencia occidental privilegia la reproducibilidad, la cuantificación y la separación entre el observador y lo observado. Por el contrario, los sistemas de conocimiento indígenas funcionan de manera relacional, holística y mediante observaciones a largo plazo que se transmiten de generación en generación.

El programa LINKS de la UNESCO (Sistemas de Conocimientos Locales e Indígenas) define los saberes indígenas como prácticas, habilidades, competencias y cosmovisiones desarrolladas por sociedades que mantienen relaciones profundas con su entorno. Estos sistemas son evolutivos y están validados dentro de sus propios marcos epistémicos. El Consejo Circumpolar Inuit describe los saberes indígenas como modos de pensamiento globales que integran los ámbitos biológico, físico, cultural y espiritual.

El concepto de “visión de doble perspectiva”, desarrollado por Albert Marshall, anciano mi’kmaq de Canadá, invita a considerar el mundo a partir de las ventajas del conocimiento indígena y de la ciencia occidental. Los investigadores inuit han ampliado este concepto invitando a pasar de la visión a la percepción, reconociendo que los modos de conocimiento intuitivos y relacionales pueden perder su sentido cuando se desvinculan de su contexto cultural y espiritual.

Las instituciones de todo el mundo están empezando a reconocer estos sistemas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) creó su Centro Mundial de Medicina Tradicional en 2022, y el Tratado de la OMPI de 2024 sobre la Propiedad Intelectual, los Recursos Genéticos y los Conocimientos Tradicionales Asociados exige ahora que los solicitantes de patentes divulguen y mencionen los conocimientos indígenas utilizados en las aplicaciones científicas y comerciales.

Pérdida irreparable

Los conocimientos indígenas son inseparables de la identidad, la gobernanza y la autodeterminación de los pueblos indígenas. Como declaró Elin Magga, criadora de renos sami, en una reunión celebrada en el Ártico en 2024, el cambio climático no solo amenaza los medios de subsistencia, sino también formas de vida enteras. Cuando se garantizan los derechos territoriales de los pueblos indígenas, la conservación es un éxito. Cuando se violan esos derechos, los ecosistemas colapsan.

Con la desaparición de las lenguas, desaparecen también los conocimientos ecológicos inscritos en el vocabulario y la comprensión del territorio

Las colaboraciones científicas suelen reproducir modelos extractivos. Una verdadera alianza requiere liderazgo indígena desde el diseño de la investigación hasta el control de los datos, pasando por la soberanía total en la materia. Con la desaparición de las lenguas, desaparecen también los conocimientos ecológicos inscritos en el vocabulario, las historias y la comprensión del territorio. Cada anciano que fallece sin haber transmitido sus conocimientos representa una pérdida irreparable.

Los saberes indígenas ofrecen soluciones demostradas para las crisis mundiales, pero su adopción requiere cambios estructurales. Los líderes indígenas tienen que guiar este proceso. Los saberes deben respetarse en sus propios ámbitos, como también deben protegerse la propiedad intelectual y la soberanía en materia de datos. Además, es esencial apoyar a largo plazo la transmisión entre generaciones.

Los sistemas de conocimiento indígenas proporcionan modelos alternativos basados en la reciprocidad, la gestión responsable y la responsabilidad ecológica sostenible. Los tejedores siguen tejiendo el pandanus. Los guardianes del fuego mantienen una relación sensible con la tierra. Los navegantes aún enseñan a los niños a leer las estrellas y las olas. A pesar de la colonización y de las alteraciones, los pueblos indígenas siguen protegiendo la biodiversidad y poseen soluciones que el mundo busca hoy con urgencia.

Ihirangi Heke, investigador maorí, líder cultural y guardián del conocimiento medioambiental, considera el saber indígena como el estudio medioambiental más antiguo de la Tierra. Advierte que el intercambio de conocimientos debe realizarse con cautela debido a los abusos cometidos en el pasado, y añade que foros climáticos como la Conferencia de las Partes (COP) suelen utilizar la presencia de los pueblos indígenas como mero aval de diversidad.

Para Ihirangi Heke, la cuestión no es saber si los conocimientos indígenas pueden resolver la crisis climática, sino si los pueblos indígenas tendrán su espacio en las instancias que determinan nuestro futuro. Después de todo, el horizonte de la soberanía indígena también podría ser el de nuestra supervivencia colectiva.

Programa LINKS: poner en valor los saberes indígenas

Creado en 2002, el programa Sistemas de Conocimientos Locales e Indígenas (LINKS) de la UNESCO moviliza los saberes, las capacidades y las prácticas de las comunidades locales y poblaciones indígenas para favorecer su incorporación en la toma de decisiones en materia de medio ambiente y, especialmente, de diversidad biológica y cambio climático.

El programa LINKS persigue el establecimiento de un diálogo entre los detentores de los saberes indígenas y locales, los investigadores en el ámbito de la ciencias naturales y sociales, los gestores de recursos y los encargados de tomar las decisiones para asegurar que las comunidades locales desempeñan una función activa y equitativa en la gobernanza. El programa está destinado a reforzar la transmisión del conocimiento de las personas mayores y encontrar un equilibrio entre los saberes comunitarios y el conocimiento formal.

Entre otras funciones, la iniciativa alberga actualmente la Unidad de apoyo técnico sobre conocimientos indígenas y locales de la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). En este contexto, contribuye con su apoyo y su asesoría técnica a que la IPBES tenga en cuenta los conocimientos indígenas y locales en sus evaluaciones.

* Lagipoiva Cherelle Jackson, es periodista indígena de Samoa especializada en clima, cubre temas relacionados con el Pacífico para The Guardian. Actualmente ocupa el cargo de profesora de Estudios sobre islas del Pacífico en la Universidad Estatal de Portland, Estados Unidos.
El Correo de la UNESCO

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