¿Qué es un genocidio, papá?
Por Jorge Izquierdo Martínez*
Hoy me he quedado mirando una imagen que me ha dejado con muchas preguntas. En ella se ve un documento oficial del Ayuntamiento de Madrid, fechado el 26 de abril de 2022, en el que el pleno municipal —con el voto a favor del Partido Popular (PP)— aprueba una moción en la que se califica de genocidio la invasión rusa de Ucrania. El texto dice claramente: «Condenar de forma expresa la invasión militar rusa emprendida por su presidente, Vladímir Putin, que está produciendo el genocidio y la vulneración de los derechos humanos del pueblo ucraniano.»
Y ahora, meses después, escucho a líderes del mismo PP decir que no les compete ni a la ONU ni al presidente determinar si algo es o no un genocidio, cuando se habla de Gaza. Me queda una duda enorme: ¿cómo puede un partido político usar la palabra «genocidio» para describir lo que ocurre en Ucrania, pero negarse a reconocerlo —o incluso a permitir que se investigue— en otra guerra, en este caso en Palestina?
¿Qué significa realmente «genocidio»? No es solo una palabra fuerte, es un término legal muy preciso, definido por la Convención sobre la Prevención y Sanción del Crimen de Genocidio de 1948. Según esa convención, el genocidio es cualquier acto cometido con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Eso incluye matanzas, exilio forzoso, condiciones de vida que causan muerte, esterilización forzada… y también la destrucción sistemática de una cultura o identidad.
Entonces, si en 2022 el PP madrileño consideró que la guerra de Rusia contra Ucrania era un genocidio —y votó a favor de esa declaración—, ¿por qué hoy rechaza que se investigue si hay genocidio en Gaza? ¿Por qué dicen que «no le compete» a nadie juzgarlo?
La respuesta, aunque no es fácil de decir, parece estar más en el terreno de la política que en la justicia. Porque cuando se habla de Ucrania, el conflicto se presenta como parte de una guerra entre países europeos, donde Rusia es visto como un agresor brutal. Pero cuando se habla de Gaza, las cosas cambian. Las voces que piden una investigación independiente son silenciadas, y se argumenta que «no se debe juzgar desde aquí», que «hay que tener prudencia», que «el contexto es distinto».
Pero si el genocidio es un crimen internacional, no debería depender del lugar donde ocurra, ni del color de la bandera. Si el crimen existe, debe ser denunciado, investigado y sancionado, sin importar quién sea el autor.
Y aquí viene lo más triste: que un partido político pueda usar la misma palabra —»genocidio»— con doble sentido. Que pueda aplicarla con convicción en un caso, y negarla en otro, no porque haya evidencia diferente, sino porque las emociones, las alianzas políticas o los intereses geopolíticos dictan qué es digno de ser llamado así.
Me pregunto si, al final, no estamos aprendiendo que las palabras tienen poder, pero también pueden ser manipuladas. Y que cuando un adulto dice «esto es genocidio» en un caso, pero calla en otro, no está siendo coherente. Está siendo SSelectivo.
Porque si el genocidio es una verdad universal, no puede ser una cuestión de opinión, ni de partido. Tampoco puede depender de quién tenga el micrófono.
Papá, aunque no tenga todas las respuestas, quiero que sepas que yo sí estoy intentando entender: qué es un genocidio, cómo se reconoce, y por qué algunas veces se llama así, y otras no.
Quizás, algún día, podamos decir que, por fin, el mundo entiende que todo ser humano merece la misma protección, sin excepciones. Lo contrario es una sociedad de mierda.
– Imagen de cabecera: Una ilustración de un libro para niños. Los titulares dicen «Los judíos son nuestra desgracia» y «Como engaña el judío». Alemania, 1936.
* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
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