Por unas pensiones públicas y dignas
Por Vicent Maurí
«Esta es una lucha colectiva, solidaria e intergeneracional contra un sistema que pone los beneficios por encima de las personas.»
El próximo 25 de octubre, el movimiento pensionista volverá a salir a las calles de Madrid para defender lo que es de todas y todos: el sistema público de pensiones. Y hay que decirlo claro: tienen toda la razón y merecen todo nuestro apoyo.
Hace años que las personas pensionistas nos dan una lección de coherencia, dignidad y constancia. No sólo defienden sus derechos, sino también los de las generaciones que vendrán detrás. La suya es una lucha solidaria, intergeneracional y profundamente justa, porque lo que está en juego no es sólo la pensión de hoy, sino el derecho colectivo a una vida digna mañana.
El movimiento pensionista ha puesto sobre la mesa reivindicaciones tan básicas como necesarias: una pensión mínima igual al salario mínimo interprofesional, una auditoría de la Seguridad Social para poner fin a la opacidad y garantizar una gestión transparente, el fin de la brecha de género en salarios y pensiones, la defensa de los servicios públicos y el rechazo frontal a su privatización. También exige reducir el gasto militar y destinar los recursos públicos al bienestar de la gente, no a la guerra ni a la especulación.

A estas demandas hay que añadir otras igualmente imprescindibles: la reducción de la edad de jubilación, la eliminación de todas las medidas que dificultan el acceso a una jubilación digna y la retirada de las disposiciones que recortan o merman la cuantía de las pensiones. Es intolerable que, tras una vida de trabajo y explotación, muchas personas se vean obligadas a jubilarse tarde, con pensiones insuficientes o trabas burocráticas que sólo buscan ahorrar dinero a costa del sufrimiento de la gente trabajadora.
Esta lucha no es sólo de las personas jubiladas. Nos afecta a todas y todos, trabajadoras y trabajadores, jóvenes y mayores. El futuro de las pensiones públicas depende del tipo de sociedad que queremos construir: una basada en la solidaridad y la justicia social u otra subordinada al capital y los intereses de los mercados. Las pensiones son sostenibles si hay voluntad política, si se crea empleo digno, si se mejoran los salarios y si el capital contribuye con lo que le corresponde.
Pero los intentos de desmantelar el sistema público siguen. Los planes privados y de empleo que promueven gobiernos y entidades financieras, al servicio del capital y de las clases dominantes, sólo benefician a una minoría y abren la puerta a convertir un derecho colectivo en un negocio lucrativo. Hay que decirlo claro: las pensiones no son una mercancía. Son un derecho conquistado con décadas de lucha obrera, sindical y popular, y sólo la movilización puede impedir que nos lo arrebaten.
Por eso, es necesario volver a llenar las calles y mantener viva una movilización constante y firme. La voz del movimiento pensionista, del sindicalismo de clase y de las organizaciones sociales y juveniles debe resonar con fuerza en las calles de Madrid el próximo 25 de octubre y en todas las acciones que se convocan periódicamente. No se trata sólo de defender a las pensionistas de hoy, sino también a las de mañana, a las de las generaciones que vendrán.
Porque ésta es una lucha colectiva, solidaria e intergeneracional contra un sistema que pone los beneficios por encima de las personas. Una lucha por la dignidad, la justicia social y la vida, una lucha por garantizar que nadie quede atrás y que el futuro no esté secuestrado por el capital.
Manifestación
Sábado 25 octubre, 11:30 horas
De Atocha a Sol
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