Peter Pan no vive en Gaza o la imposibilidad de dejar crecer al enemigo

Peter Pan no vive en Gaza o la imposibilidad de dejar crecer al enemigo
Portada de libro publicado en 1980. Ya estaba claro...

Por Manuel Blanco Chivite

Os contaré primero cómo empieza una de las historias infantiles más famosa del mundo PETER PAN escrita por James M. Barrie:

Todos los niños del mundo, menos uno, crecen. Y no solo crecen, sino que en seguida saben que han de crecer. Wendy lo supo del modo siguiente.
Cierto día, cundo solo contaba dos años, estaba jugando en un jardín; arrancó una flor y corrió a llevársela a su madre. Es de suponer que Wendy debía estar encantadora, pues la señora Gentil, poniéndose una mano sobre el corazón, exclamó: “¡Oh! ¿Por qué no habrías de quedarte así para siempre?”
No sucedió nada más entre las dos, pero, desde entonces, Wendy supo que crecería. Es algo que siempre se sabe después de cumplir los dos años. Los dos años es el principio del fin.

Al parecer, en un cálculo benévolo, los niños asesinados por bala, bomba, o hambre en Gaza andan ya por los 20.000 y aumentando. La causa: la acción de un grupo terrorista denominado Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), organización teocrática al servicio del Estado Sionista.

Atención niños, atención a la infancia palestina, comunicado urgente: han descubierto vuestro secreto, un secreto que les infunde pánico. Saben que no sois Peter Pan, el niño que no crecía, saben que Peter Pan no está en Gaza ni se le espera, saben que sois como Wendy, la niña que descubrió a los dos años que iba a crecer, ese secreto que también vosotros conocéis. Vais a crecer. Y eso en Gaza, hace que sea peligroso tener dos años o tres o incluso uno o seis meses. Y ellos lo saben, conocen el secreto, saben que vais a crecer y eso les llena de miedo, saben que aprenderéis a montar en bicicleta, a tener amistades, a jugar, a vivir, a pensar e incluso a defenderos.
¡Sois un peligro para el Dios de la Biblia, vuestros pies descalzos entre las ruinas han hollado la tierra prometida por Jehová, pero prometida a otros no a vosotros, vosotros no sois los elegidos ni Dios os prometió nada!

No sois Peter Pan y ellos saben muy bien que ese niño único que no crece no existe, ni existió ni existirá. Han descubierto que vuestro secreto, el secreto que más espanta, es el que descubrió Wendy, la niña que supo que iba a crecer.

Y como en el caso de Wendy, pero de verdad, de realidad, de cada mañana de cada día, de explosiones, casas reventadas, hospitales aplastados y cadáveres de niñas, de niños, de bebés, de madres embarazadas,… los que conocen vuestro secreto, los que saben que creceréis han decidido, que ese es “el principio del fin”, pero, en este caso, el de vuestro fin inmediato.

Tened en cuenta que si no os matan y crecéis, os haréis hombres y mujeres, quizás os caséis, quizás tengáis hijos, hijas que, a su vez, también crecerán. No es difícil de entender, de ahí la labor de quienes cumplen el mandato divino, las FDIl para su pueblo elegido al que le fue dada la tierra prometida que vosotros pisáis.

Vuestros padres, vuestras madres, vuestros abuelos y abuelas, vuestros primos, vuestras primas, vuestros hermanos y hermanas, vuestros vecinos de al lado, del piso de arriba o del piso de abajo, todos sobran, todos han ofendido al Dios único y verdadero, al Dios de la Biblia en cuya tierra os habéis atrevido a nacer, desde antes incluso de que esa misma divinidad la prometiera a nadie. Pero, atentos, muy atentos, porque quienes sobran muy, muy especialmente sois los niños, los que vais a crecer, sois el peligro de mañana, la continuidad y la reproducción de los no-elegidos.

Eso es algo que no pueden consentir, esa es la misión divina, la misión más importante, de esa organización al servicio de Dios, la FDI. Sois el objetivo principal, inaplazable de eso que los mayores no elegidos han dado en llamar “genocidio”. No sabéis qué es eso, pero ya lo estáis viviendo, mejor dicho, muriendo. Protegeos, buscad un escondite, un refugio, ocultaos entre los escombros bajo los que murieron vuestras madres, vuestros padres, los vecinos, aquél médico, aquella niña que siempre sonreía, aquella periodista que os hizo unas fotografías, y haced realidad el secreto de Wendy, creced y guardad en la memoria vuestra infancia.

No lo tenéis fácil, chavalería, para nada; ya lo dijo aquel veterano terrorista del FDI:

“Queridos niños, a quienes no os han alcanzado todavía las bombas ni nuestros expertos tiradores de élite, os alcanzará el hambre”.
Y por ahí se andan. Además, ahora el tiro al niño se facilita en esas colas con pucheros vacíos; en esas aglomeraciones alborotadas, hasta se puede disparar a bulto y acertar.
“Gracias Yahvé por darnos tantas facilidades”, exclama el veterano.

¡Qué despliegue de ingenio, qué despliegue de tecnología, de riqueza de medios, qué despliegue táctico y estratégico, qué despliegue internacional de complicidades hipócritas!

Una verdadera obra de arte.

Me recuerda a otro autor inglés, al estupendo Thomas de Quincey y su magnífica aportación “El asesinato considerado como una de las bellas artes”. Gaza es una ampliación creativa de la aseveración de nuestro autor: El genocidio considerado como la más bellas de las artes. Un hallazgo de la cultura occidental que merece ser premiado por todo lo alto. Por favor, reales academias, fundaciones del arte, academias para premios nobel, para premios de bienales, para festivales con alfombra roja, para el premio Princesa de Asturias, para el premio Goncourt, para el premio Planeta, para los Grammy, para los Oscar de Hollywood, para los premios BAFTA (Academia Británica del Cine y la TV) … Postulamos desde ya mismo a Israel y su FDI para el Primer Premio Genocidio Siglo XXI.

Las industrias de armamento de todo el Occidente cristiano están ya recogiendo firmas con este objetivo; la OTAN ha firmado, la Unión Europea ha firmado, Von der Leyen ha firmado, Obama, Biden y Trump han firmado, Keir Stamer ha firmado, todos los cabecillas gubernamentales han firmado, Carlos III de Inglaterra ha firmado, los ministros del Interior y del Exterior han firmado, los jefes de policía, los ministros de los ejércitos en permanente misiones de paz han firmado, incluso Felipe VI recién acaba de firmar y ha manifestado que desde que lo ha hecho ha notado un gran alivio en su onicofagia, tras él, y aunque por separado, el trío patriótico PPSOEVOX… Frente a los edificios de las bolsas de todas las grandes capitales occidentales se han instalado mesas presididas por diputados y diputadas para recoger esas estupendas firmas. Se augura ya un éxito colosal.

Y parafraseando al buen De Quincey, en un cuidado bloque de viviendas de clase media de Jerusalén, ciudad sagrada, con jardines y piscina comunitaria, una buena señora nos dijo con respecto a un joven vecino, militante con estrellas de la FDI, y cultivador de las Bellas Artes en Gaza:
“Fíjese usted, abuelo, estuvo nada más que tres meses por allí, al parecer pudo acabar con un buen número de niños y niñas y hasta bombardeó un hospital. Le dieron una medalla y, escúcheme bien, ahora, cuando se cruza conmigo por la escalera, ni siquiera me saluda, y somos vecinos de toda la vida. Siempre con su estrella al valor sobre la camisa, que no digo que no la mereciera, pero qué falta de educación, qué prepotencia, ¿no le parece?”
“Me parece, señora, me parece, un grosero”.

* Este relato forma parte de un conjunto de narraciones en preparación titulado HAZAÑAS BÉLICAS.

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