Morí para renacer
Por Silvia Ribeiro*
Suena en la tierra la azada de Juana, campesina tsotsil de Chenalhó, Chiapas, y al tono de su voz, sentimos el aire de la montaña lleno de zumbidos y pájaros, el sol, la milpa creciendo. La noche crepita en el fuego que calienta café y tortillas. Los grillos cantan su letanía y las estrellas marcan el tiempo, “antes nadie tenía reloj, solo veían las estrellas”, cuenta.
Faustina es una de las tres mujeres tsotsiles que caminan, trabajan, sueñan y cuentan sus historias de vida en el documental “Li Cham, morí para renacer”. La directora, Ana Ts’uyeb, es una joven tsotsil que nos lleva de la mano, los sentidos y las emociones al mundo de su madre Margarita y otras dos mujeres de su familia, Juana y Faustina.
Las tres han tenido una vida dura, sometidas a un destino marcado por la violencia patriarcal, sin derecho a la tierra ni a decidir ni sobre sus cuerpos, sus trabajos o sus vidas. Por ello también perdieron bebés antes de nacer o al morir poco después, un dolor insondable que tampoco tenían derecho a mostrar. “Entonces morí” dice Margarita.
Li Cham es un deleite en sonido, en fotografía, en los paisajes de afuera y de dentro de las personas que hablan, en las miradas de todas las edades, en la libertad y autoridad con que hablan las protagonistas en su propia lengua. Algo que seguramente se reafirmó por el hecho de que casi todo el equipo que realizó este documental son indígenas de los Altos de Chiapas. Tuve la fortuna de ver el documental en una pantalla de cine: te envuelve y te sumerge en la realidad cotidiana, pero también la realidad histórica, de esas hermosas y valientes mujeres, de tantas otras mujeres, de esas comunidades que no aceptaron un destino de opresión.
Una de las cosas más potentes del documental es que conservando intimidad, tanto en los espacios como en las historias, desde dentro de las viviendas a los relatos de momentos muy intensos de las protagonistas, también deja leer con claridad cuán profundo fue el cambio de época construido en Chiapas con y alrededor del EZLN, con las comunidades zapatistas y las de bases de apoyo. Un cambio que creció desde Chiapas y salió al mundo, que no dejó país ni movimiento social incólume.
Ana Ts’uyeb, además de directora, es escritora y editora del documental. Cuenta que le llevó varios años, y que fue largo el proceso de explicar a las protagonistas lo que quería hacer. Que además cambió completamente en el curso de la filmación, porque Margarita, Faustina y Juana, que al principio estaban más pasivas, dejando que Ana y el equipo filmaran y dirigieran, terminan siendo parte activa de la construcción, sugiriendo y cambiando enfoques, marcos, situaciones, lugares y sobre todo, historias.
La propia Ana es resultado de su lucha y de lo que cuentan: su destino hubiera sido casarse y trabajar en la tierra de su marido, pero su madre, como otras mujeres hicieron con sus hijas, la apoya para que siga lo que quiera hacer y aquí está, esta directora y editora que no hay que perder de vista.
Li Cham fue ganador del Mejor Largometraje Documental mexicano en la 21º edición del Festival de Internacional de Cine de Morelia (FICM) en 2024, y también del Festival Internacional de Cine de Autor (FICA). Es una producción de Bolomchon Films.
* En desInformémonos
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