La travesía por el desierto de los medios locales en Brasil

La travesía por el desierto de los medios locales en Brasil

Por Marcelo Silva da Sousa*

Cerca del 45% de los municipios brasileños carece actualmente de información de proximidad. Ante la existencia de estos “desiertos mediáticos”, han surgido algunas iniciativas para cubrir la actualidad local, si bien su modelo económico sigue siendo incierto.

Afectados de lleno por la indiferencia de los lectores y por la retirada de los anunciantes, los medios de comunicación brasileños, al igual que los de todo el mundo, se han fragilizado. Solo en 2025 se clausuraron 655. Esta aridez informativa no es solo una estadística fría; representa una lenta pérdida de identidad colectiva.

Carla Jiménez, exdirectora de la edición brasileña de El País, vivió el vacío dejado por el cierre de su redacción en 2021 como un verdadero duelo social. «Muchos lectores sintieron que perdían a un amigo”, lamenta.

Lanzada en 2013, la edición brasileña del diario español cubría la actualidad del país, pero también se hacía eco de temas que a menudo pasaban bajo los radares de la prensa internacional como los derechos de las mujeres o las reivindicaciones de algunas minorías étnicas. La experiencia, sin embargo, no duró mucho, ya que no encontró un modelo económico viable.

La situación es particularmente preocupante para los medios locales: cerca del 45% de los municipios brasileños carecen de información de proximidad, y estas localidades no cuentan con un solo periodista que registre sus sesiones municipales, denuncie desvíos presupuestarios o narre la vida de sus calles.

Adiós a 133 años de periodismo ininterrumpido: Diario Popular, de Pelotas, Brasil

Hasta una institución centenaria como el Diario Popular de Pelotas, del estado Río Grande del Sur, cerró en 2024 tras 133 años de historia. En cuanto al Diario de Pernambuco, en el noreste del país, decano de América Latina, lucha por su supervivencia editorial ante una crisis financiera terminal.

Un espejismo de mejora

Paradójicamente, a escala de país, el silencio mediático parece retroceder con la aparición de nuevos actores digitales. Según el último censo del Atlas da Notícia, una iniciativa que mapea el periodismo local en Brasil, el número de desiertos se redujo un 7,7% en el último bienio, logrando que 251 municipios salieran de la oscuridad informativa. El Nordeste ha liderado este rescate, recuperando la voz local en 143 ciudades gracias a la explosión de algunas iniciativas digitales.

Para Sérgio Lüdtke, coordinador del Atlas, esta nueva vitalidad mediática no es forzosamente garantía de buena salud democrática. La progresión observada se explica sobre todo por la aparición de páginas de información locales independientes, así como por la proliferación de blogs personales y de cuentas de noticias en redes sociales. Muchas de estas iniciativas son gestionadas de manera individual por periodistas locales y por los llamados news influencers, quienes, tras el cierre de los medios tradicionales en sus regiones, abren canales propios para difundir información.

Varias municipalidades han encontrado una voz local gracias a los news influencers

Pero, a falta de encontrar un modelo económico durable, estas iniciativas tienden a desaparecer. En solo dos años, el total acumulado de cierres de medios nativos digitales se duplicó, pasando de 317 en 2023 a más de 600 en 2025. Sérgio Lüdtke explica que muchos de estos medios «no dejan rastros de su cierre», desapareciendo de los servidores junto con la memoria local que intentaban proteger.

Ante el vacío independiente, los sitios web de las alcaldías (prefeituras) han ocupado el espacio. Sobre esta distorsión, Lüdtke advierte: «Cuando una alcaldía se convierte en el principal productor de contenido, el periodismo muere por asfixia. El ciudadano ya no distingue entre lo que es información pública y lo que es propaganda electoral».

Un bien público esencial

Mientras muchos medios locales luchan para sobrevivir, medios de una nueva naturaleza ven la luz. La redacción de Poder360, en la capital federal de Brasilia, hace gala de una excelente salud: desde 2019, sus efectivos se han cuadruplicado. Pero, aunque los 80 periodistas de este medio digital trabajan bajo el retrato vigilante de Ben Bradlee, el mítico redactor jefe del diario estadounidense Washington Post, sus oficinas vidriadas no tienen el ambiente antiguo de las redacciones de antaño.

Lo que nació como una columna en UOL —uno de los portales de contenidos, entretenimiento y noticias más grande e importante de Brasil, fundado en 1996— es hoy un medio cien por cien digital de precisión quirúrgica. En sus escritorios domina la doble pantalla para vigilar el tráfico y los datos en tiempo real; aquí no hay secciones de deportes ni de entretenimiento. Su cobertura está dirigida estrictamente a «tomadores de decisiones» (políticos, empresarios, diplomáticos y analistas) y se enfoca en un riguroso procesamiento técnico de datos complejos —como leyes, presupuestos o reformas fiscales— que son traducidos en formatos de lectura rápida, infografías y viñetas ejecutivas para aportar más datos y menos adjetivos.

Muchos medios buscar el ‘compromiso’ a través de la emoción o de la opinión

Guilherme Alpendre, su director ejecutivo, atribuye el éxito a este estilo técnico: «Atendemos ese nicho haciendo buen periodismo de forma desapasionada. Muchos medios han abandonado esto buscando el ‘compromiso’ a través de la emoción o la opinión».

Mientras Poder360 vigila el poder central, iniciativas como Ceilândia Muita Treta actúan como el último bastión en las periferias. Nacida en Facebook para cubrir la realidad de la región más poblada del Distrito Federal, esta plataforma es un termómetro de resistencia ante el vacío de los medios tradicionales.

No es un medio convencional, sino un mecanismo de presión ciudadana agresiva. El término ‘Treta’ (conflicto o lío) define su ADN: si un centro de salud no tiene insumos o una calle carece de luz, la denuncia ciudadana se viraliza allí para obligar a las autoridades a responder.

Entre blogs de información sin mañana y redacciones de tecnología punta súper especializadas, el paisaje mediático brasileño trata de encontrar su camino. Para el profesor Fernando Paulino, de la Universidad de Brasilia (UnB), el periodismo local debe ser defendido como un servicio público de la misma jerarquía que la salud o la educación. “No podemos hablar de ciudadanos plenos si el lugar donde viven es un punto ciego para el resto del país. El derecho a la información debe tener la misma protección estatal que el derecho a la salud”.

* Periodista en Brasilia. Articulo publicado en El Correo de la UNESCO.

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