Sudán: una crisis humanitaria imparable
Por Selodi Gasan Adie
Más de 200.000 personas han huido de sus hogares en la región de Kordofán desde finales de 2025, en una espiral de violencia, hambre y desastre climático que la ONU califica como una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo.
La tierra de Sudán se está volviendo inhabitable. A la crueldad de una guerra que no cesa, se suma ahora la furia de la naturaleza. Inundaciones devastadoras, ataques a la infraestructura básica y el colapso de los servicios esenciales están forzando a cientos de miles de familias a una huida desesperada, sin un final a la vista.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) el pasado miércoles ha lanzado una alerta que resuena con urgencia: la cifra de desplazados internos ha alcanzado los 8,6 millones de personas, y la situación no deja de empeorar. En la región de Kordofán, los combates se han intensificado de tal manera que más de 200.000 personas han tenido que abandonarlo todo desde finales del año pasado.

“Las señales de alarma son imposibles de ignorar”, ha afirmado con contundencia la directora general de la OIM, Amy Pope. “En todo Sudán, las familias huyen de la violencia, pierden el acceso al agua, la electricidad y la atención sanitaria, y ahora afrontan además la carga de inundaciones destructivas”.
Un cóctel letal: Violencia, apagones y agua
El drama se multiplica en Kordofán del Norte, donde los ataques con drones contra el principal transformador eléctrico de la ciudad de El Obeid han provocado apagones masivos. Sin electricidad, no hay bombeo de agua, los hospitales funcionan con cuentagotas y las telecomunicaciones se desvanecen, sumiendo a las comunidades en un aislamiento que agrava el miedo y la desesperación.
Mientras tanto, las lluvias torrenciales, que deberían ser una bendición para la tierra, se han convertido en una sentencia de muerte. En Darfur del Norte, la localidad de Tawila ha visto cómo las inundaciones destruían o dañaban 1.350 viviendas en una sola semana, dejando a más de mil familias al raso. Kabkabiya y Shangil Tobaya corren la misma suerte, con decenas de familias refugiadas en albergues temporales, mientras el agua se lleva sus pocas pertenencias.

La violencia no se limita a Kordofán. En Nilo Azul, los enfrentamientos en Geissan han expulsado a 7.800 personas, muchas de las cuales han cruzado la frontera hacia Etiopía buscando un refugio que su propio país no les puede ofrecer. En Darfur Occidental, otras 18.000 personas han sido desplazadas en lo que va de agosto.
Una carrera contrarreloj para salvar vidas
La propia OIM ha advertido de que la financiación para proporcionar refugio está disminuyendo peligrosamente, justo cuando la demanda es mayor. Además, los problemas en las cadenas de suministro globales, especialmente las vinculadas al mar Rojo, están poniendo una presión añadida sobre una operación humanitaria que ya es de por sí extremadamente compleja.

“Sudán es una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo”, ha reiterado Pope, haciendo un llamamiento desesperado a la comunidad internacional. “El impacto combinado del conflicto, los daños a la infraestructura y las inundaciones está llevando a miles de familias más allá de sus límites”.
La pregunta que queda en el aire, mientras el agua y la pólvora siguen arrasando el país, es si el mundo reaccionará a tiempo antes de que esta crisis se convierta en una catástrofe sin retorno.
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