La neutralidad, hoja de parra del imperialismo suizo

La neutralidad, hoja de parra del imperialismo suizo

Por Gabriella Lima*

En los próximos meses, tendremos que posicionarnos sobre la iniciativa de la UDC [Unión Democrática de Centro (NDT), partido de extrema derecha] sobre la neutralidad, que pretende trabajar por la paz y defender el rol de mediación de Suiza en los conflictos internacionales.

En realidad, esta iniciativa esconde una ofensiva militarista de la derecha conservadora, y, al mismo tiempo, refuerza con ello uno de los pilares del imperialismo suizo. El lanzamiento, por el POP [Partido Comunista en el cantón de Vaud, en Suiza], de un comité «de izquierda» a favor de esta iniciativa nos invita a clarificar las razones por las cuales esta iniciativa es fundamentalmente incompatible con un posicionamiento anticapitalista, antiimperialista y feminista.

La alternativa formulada por Rosa Luxemburgo en 1915, «Socialismo o barbarie» nunca fue tan vigente como ahora. A las lacras de la miseria, de la guerra, del neocolonialismo, del racismo y del autoritarismo se agrega, actualmente, otra que amenaza la supervivencia de toda la humanidad: la catástrofe ambiental en curso, producida por una carrera desenfrenada en beneficio del capital.

Defender un internacionalismo desde abajo

Es necesario constatar que la crisis de la hegemonía de los partidos tradicionales de las clases dirigentes —ligada al fracaso del capitalismo en su respuesta a las catástrofes que por sí mismo generó— abrió una brecha para las extremas derechas racistas, sexistas, fóbicas contra las personas LGBTQQIA+ y que niegan la crisis climática. Su creciente influencia nos plantea la hipótesis de una nueva forma de fascismo o de una nueva fase autoritaria del capitalismo.

Las guerras imperialistas actuales revelan toda la brutalidad de este sistema. La agresión de Rusia contra Ucrania, tanto como el genocidio en curso contra el pueblo palestino en Gaza, es el producto de una nueva era de rivalidades entre las grandes potencias. Este retorno a las guerras de destrucción total sirve al mismo tiempo de pretexto a las clases dirigentes para relanzar la carrera armamentística a costa de aquellos y aquellas que producen toda la riqueza: en Europa, como en otros lados, los presupuestos militares se disparan, mientras que las personas asalariadas sufren unas políticas de austeridad cada vez más duras.

En algunos medios de izquierda, los BRICS+ se perciben como una alternativa que se puede apoyar frente al imperialismo estadounidense, pero, en realidad, no aportan ningún proyecto emancipador. Los BRICS+ no cuestionan el modo de producción capitalista, sino que buscan la competición con las grandes potencias. Varios de sus miembros reproducen las lógicas imperialistas o subimperialistas, a imagen de China, el principal acreedor de África y un actor principal en el acaparamiento de tierras. Las inversiones de China sirven sobre todo a la expansión de sus intereses comerciales y financieros. Hay otros Estados del grupo que están comprometidos en el acaparamiento de tierras y en la extracción de materias primas sin beneficio alguno para las poblaciones locales.

Además, los BRICS+ cierran los ojos ante las violencias y las guerras llevadas a cabo por algunos de sus socios: silencio sobre la agresión rusa en Ucrania, ausencia de sanciones con respecto a Israel ante la masacre en Gaza, a pesar de las declaraciones de apoyo al pueblo palestino. Los BRICS prefieren, por el contrario, mantener sus estrechos lazos comerciales con Israel y no romperlos. Finalmente, lejos de proponer una ruptura con el modelo capitalista y neoliberal, los BRICS participan activamente en su fortalecimiento apoyando las instituciones de Bretton Woods y la OMC, defendiendo el libre comercio y la libre circulación de capitales, rechazando explícitamente medidas proteccionistas, incluidas las que tienen por objetivo proteger el medioambiente. En esto, prefieren subscribir las falsas soluciones del capitalismo verde que no cuestionan el modo de producción capitalista que está en el origen de la actual destrucción ambiental.

Como internacionalistas, rechazamos todas las formas de imperialismo, ya sea que vengan del Norte o del Sur, del Oeste o del Este. Nos oponemos a la lógica heredada de la Guerra fría que reduce la lucha antiimperialista a un enfrentamiento entre el pretendido «campo socialista» y el del imperialismo de Estados Unidos. Defendemos un internacionalismo desde abajo, fundado en la solidaridad entre los pueblos y no sobre los intereses de los Estados. Nos situamos en un solo campo: el de los pueblos explotados y oprimidos por todos los imperialismos, desde Ucrania a Palestina, pasando por el Kurdistán y el Congo. Nos situamos en el campo de la gente asalariada y del pequeño campesinado que produce lo esencial de las riquezas.

Esta postura implica, por una parte, oponerse a la OTAN y a cualquier otra alianza militar, reivindicar la destrucción de todos los arsenales nucleares, exigir la nacionalización y el control público de todas las industrias de armamentos, luchar contra cualquier aumento de los presupuestos militares o dotación de material para los ejércitos, resistir con tenacidad al militarismo. Por otra parte, reivindicamos el derecho de los pueblos oprimidos a defenderse, incluso con las armas, contra la agresión de las potencias coloniales o neocoloniales, el fin de la ocupación de sus territorios y de las políticas de limpieza étnica de las que son objeto. Estas son las únicas vías posibles para una paz decolonial justa y duradera.

¿Qué pide esta iniciativa y por qué el POP la apoya?

La iniciativa de la UDC tiene el objetivo de instaurar, a nivel constitucional, una neutralidad «perpetua y armada». En otras palabras, se trata de defender una neutralidad, en cualquier circunstancia, pretendiendo garantizar el derecho a la autodefensa por el fortalecimiento de la institución militar helvética. Con esta iniciativa, la UDC entiende garantizar la independencia de Suiza y reforzar su rol como mediadora en los conflictos internacionales. Dicho de otra manera, trabajar para la paz. Irónicamente, esta iniciativa es activamente promovida por unas personalidades particularmente belicosas, como es el consejero nacional Jean-Luc Addor, presidente de la asociación Protell, cuyo fin es la defensa de la ¡tenencia de armas por parte de la población! [1] Addor había, por otro lado, presentado una iniciativa parlamentaria sobre este tema en 2017.

La UDC no solo reivindica el derecho del ejército suizo a mantener sus posiciones, sino que pide abiertamente que se lo dote, de nuevo, de armas, municiones, vehículos, ciberdefensa… y tropas. Reforzar el ejército, eso significa abrir la puerta, a corto plazo, a la supresión del servicio civil, juzgado «demasiado atractivo» [2] por ese partido, así como a la obligación para las mujeres y las personas extranjeras de hacer ese servicio [militar]. Si, a corto plazo, una defensa del servicio civil es necesaria, a largo plazo, es ¡toda la institución militar la que hay que abolir! Si tenemos alguna cosa para defender, esta es la defensa de los derechos democráticos y sociales por los que hemos luchado y continuamos luchando.

Al pedir la neutralidad integral, la iniciativa implica que Suiza no se adhiera a ninguna alianza militar o de defensa. Esta es la razón por la cual el POP la apoya. El partido considera a esta iniciativa como «una herramienta a disposición de la clase trabajadora para designar su rechazo a la adhesión a la OTAN, [3] y reivindica «una Suiza no alineada con las políticas imperialistas y belicosas de los imperialismos de la Unión Europea y de Estados Unidos». [4]

Esta posición plantea problemas en varios ámbitos. Efectivamente, una gran parte de la clase trabajadora de Suiza es de origen extranjera y no puede votar. E incluso, el porcentaje que dispone de un pasaporte suizo no tiene ningún interés por la política exterior del país, contrariamente a las organizaciones empresariales cuya influencia es decisiva. Por ejemplo, las medidas que acompañan al acuerdo aduanero que se apresta a firmar la Confederación Suiza con los Estados Unidos de Donald Trump, que tendrá un efecto negativo sobre el empleo (inversiones masivas en Estados Unidos) y la salud en Suiza (importación de pollos al cloro, homologación de vehículos que no cumplen con las prescripciones de seguridad, etc.) cuando se sometan al parlamento, todo estará atado y bien atado.

Tomemos otro ejemplo: la derecha, UDC a la cabeza, defendió la adquisición de 36 aviones de caza F35 a Estados Unidos, una opción apoyada por los altos manos del ejército y defendida por el Consejo federal, que mintió sobre el coste excesivo de esos aparatos para poder triunfar , en forma muy justa, en un referéndum popular. Pero sabemos que esos aviones continuarán controlados a distancia por Estados Unidos, Lockheed Martin y el Pentágono ya que estos seguirán siendo los propietarios del software de vuelo. Es así, mintiendo a la población y sometiéndose a las exigencias de las grandes potencias imperialistas que la UDC entiende defender la neutralidad armada.

En el fondo, la postura del POP se apoya en una concepción patriótica y chovinista del Estado suizo, de la que nos distanciamos firmemente. La iniciativa sobre la neutralidad tiene por objetivo claramente defender al estado helvético, su identidad, sus instituciones y sus intereses, que son esencialmente contrarios a los de las clases populares. Sostener esta iniciativa sería como aprobar públicamente la ambición de la UDC de reforzar una de las instituciones claves del Estado burgués, que se apoya sobre el reclutamiento, incluso sobre la coerción, para defender la propiedad privada de los medios de producción, mantener el orden capitalista y reprimir las resistencias populares.

En tanto que antimilitaristas, denunciamos con vehemencia el acercamiento de Suiza a la OTAN, como a cualquier otra alianza militar que tenga por fin defender los intereses de la clase capitalista mediante la guerra. Al mismo tiempo, como rechazamos la adhesión de Suiza a la OTAN, ¡también rechazamos el mantenimiento y el fortalecimiento de la institución militar helvética al servicio de una de las principales potencias imperialistas!

El POP pretende que impidiendo que Suiza se adhiera a la OTAN, la iniciativa sobre la neutralidad se opondría al actual proyecto militarista, en desarrollo, en el seno de la Unión Europea y del Reino Unido. Sin embargo, los países líderes de la Unión Europea que promueven actualmente el programa «ReArm Europe» defienden precisamente que el Viejo Continente se dote de medios militares masivamente reforzados para ser menos tributarios de Estados Unidos.

La iniciativa de la UDC obedece a la misma lógica en el ámbito suizo, del que se nutren sus veleidades militaristas. En realidad, los círculos dirigentes del ejército están ya estrechamente ligados a la industria armamentística europea e israelí, para desarrollar los nuevos sistemas de armas. Por ejemplo, la unidad de producción de la sociedad alemana Rheinmetall, en Zúrich, duplicó recientemente sus efectivos por la introducción de la producción de sistemas ultramodernos de protección antidrones.

Esta iniciativa abre la puerta a una ofensiva militarista

El comité de la iniciativa sobre la neutralidad reivindica explícitamente el «retorno» de un ejército fuerte». [5] Esta iniciativa está utilizada como un trampolín para la agenda de seguridad de la UDC, fundamentalmente con respecto a una política de austeridad, racista, xenófoba y sexista. Esa agenda no está oculta. En agosto último, la UDC publicó un argumentario de fondo sobre la iniciativa por la neutralidad, cuyas conclusiones fueron expuestas con ocasión de una conferencia de prensa. [6]

El partido reivindica de esa manera un servicio eficaz de inteligencia de la Confederación «capaz de detectar rápidamente las amenazas del interior y del exterior del país»; el control de la inmigración para «luchar eficazmente contra el terrorismo, el espionaje y los conflictos híbridos»; un fortalecimiento de la milicia y su extensión más allá del ejército; el aumento de efectivos del ejército, a corto plazo hasta unos 120.000 soldados y a medio plazo al menos hasta unos 200.000, con la reintroducción del examen de conciencia para el servicio civil; el aumento de los medios financieros destinados al ejército para alcanzar al menos el 1% del PIB, de aquí a 2030; la introducción de un impuesto de exención de la obligación del servicio militar para los extranjeros; la posesión de armas para la ciudadanía [¡sic!] y el desarrollo de la industria armamentística suiza.

La puesta en marcha de una política llamada de «neutralidad armada» tiene principalmente una función para el interior del país: reforzar la cohesión de las clases populares en torno a los intereses de los empresarios, ser la columna vertebral de la «nación helvética», alimentando así el nacionalismo. Dicha neutralidad armada permite, además, justificar unos importantes gastos militares.

Esa política sufrió reveses y adaptaciones debidas al contexto internacional, después de la caída del muro de Berlín, que le había servido de justificación. El resultado de todo eso fue la iniciativa «por una Suiza sin ejército» [el 36% de sí en noviembre de 1989, una mayoría en los cantones de Ginebra y Jura] y el eco de campañas que tenían por fin el rechazo a la compra de armamentos muy costosos.

Actualmente, la clase dominante helvética busca de nuevo introducir en amplias capas de la población esa ideología de «fortaleza sitiada», de la necesidad de un ejército fuerte para defender nuestra neutralidad, ya que seríamos «un pequeño país del que todos envidiarían la riqueza que hemos ganado a pulso». Desde entonces, las clases dominantes buscan reactualizar y volver a darle credibilidad a la política de neutralidad armada. ¿Ya hemos olvidado que fueron los Acuerdos de Berna con el Tercer Reich y no el ejército suizo lo que disuadió a las divisiones blindadas de Hitler a invadir Suiza durante la Segunda Guerra Mundial?

Pensar que podríamos apoyar la iniciativa de la UDC, dándole otra perspectiva es una ilusión peligrosa. ¡Esa iniciativa se inscribe totalmente en la lógica de una defensa nacional armada en beneficio del capital! La susodicha neutralidad armada es una de las palancas del chovinismo y del nacionalismo helvético, que no lo combate ni la dirección del Partido Socialista Suizo ni la Unión Sindical Suiza. Como veremos, esta iniciativa no constituye tampoco un instrumento para luchar contra el imperialismo suizo, todo lo contrario.

Esta iniciativa refuerza el imperialismo suizo

En tanto que pilar del imperialismo suizo, la neutralidad siempre favoreció los intereses capitalistas. Consideramos, por lo tanto, que la iniciativa sobre la neutralidad no puede ser una herramienta al servicio de las clases populares, contrariamente a lo que pretende el POP. Pequeña por su tamaño y sin salida al mar, Suiza no consiguió lanzarse, como las grandes potencias, a conquistas territoriales. El imperialismo suizo no tomó el aspecto de una potencia militar colonial, pero se desarrolló a la sombra de los Estados que colonizaron por medio de la violencia una gran parte del mundo.

El imperialismo suizo se manifestó, especialmente, mediante la conquista de los mercados y de los activos de la «periferia», en particular mediante la exportación de capitales. Actualmente, todavía, las empresas helvéticas ocupan una posición dominante en una serie de sectores (químico-farmacéutico, alimentario, de máquinas, de materiales de construcción, de extracción minera), incluso hegemónico en algunos casos, como Nestlé en Brasil.

Instalando masivamente filiales en los países de la «periferia», las multinacionales suizas fundaron sus riquezas en la explotación de una fuerza de trabajo barata — y en una serie de casos, brutalmente reprimida— y de la naturaleza, repatriando una parte de sus ganancias para beneficiar una fiscalidad mínima. Su peso en las economías de la «periferia» permitió a firmas suizas influenciar en el destino político de algunos países, o estar directamente asociadas, desde el primer momento, en la formulación de políticas locales. El Estado suizo, y en particular sus servicios diplomáticos, estuvieron involucrados en ese movimiento de expansión, defendiendo los intereses de las empresas helvéticas ante los gobiernos locales.

La neutralidad tuvo un papel fundamental en ese sentido, sirviendo de punto de apoyo a las autoridades políticas suizas para justificar el desarrollo de estrechas relaciones con regímenes colonialistas, autoritarios, criminales, que a su vez permitieron a las sociedades helvéticas explotar alegremente una fuerza de trabajo muy barata en todo el mundo. Históricamente, los medios dirigentes helvéticos supieron hacerse un lugar al lado de las potencias beligerantes o colonialistas para aprovechar las oportunidades de hacer negocio.

La industria suiza de armamento, que la UDC quiere desarrollar, está entre las que prosperan al máximo al beneficiarse de las guerras imperialistas. ¿Cómo pretender entonces que Suiza sea «una súper promotora de la amistad entre los pueblos», cuando la industria armamentística obtiene beneficios de los conflictos internacionales, al mismo tiempo que se aprovecha de un apoyo sin reservas del Estado? Es completamente ilusorio pensar que su neutralidad proclamada mantiene a Suiza apartada de los conflictos, beneficiándola de una posición de mediación, trabajando desinteresadamente por la paz.

El imperialismo helvético participa directamente del saqueo de las riquezas de los países colonizados o dominados, que tiene como corolario interno la instauración de un paraíso fiscal. Incluso en este punto, la plaza financiera suiza se aprovechó ampliamente de las convulsiones económicas y políticas que marcaron el siglo pasado para posicionarse como tierra de asilo para los capitales en fuga. En la división internacional del trabajo entre centros financieros, la plaza financiera helvética está especializada en la gestión patrimonial y dispone de una ventaja comparativa decisiva para las élites económicas que buscan poner a resguardo su dinero: el secreto bancario —a pesar de su disminución, no prohíbe ingeniosos montajes opacos— Esto último permite a los multimillonarios de todo el mundo depositar su dinero en cuentas numeradas con total discreción, favoreciendo de esta manera la evasión y el fraude fiscal.

La malversación de ese dinero en los bancos helvéticos priva a los otros países de sumas considerables, ya que evitan los impuestos indispensables para la financiación de sus servicios públicos o la satisfacción de sus necesidades esenciales. Al atraer esos capitales, los establecimientos financieros suizos contribuyen no solo a acentuar las desigualdades, en particular, en detrimento de los países de la «periferia», sino que también esos bancos vuelven a prestar una parte de esas sumas a los países de los cuales provienen y, por lo tanto, se enriquecen percibiendo intereses a menudo usurarios. Esa posición particular confiere también al capitalismo suizo un carácter «rentista» o «parasitario».

Para desarrollar una política antiimperialista en Suiza, es necesario recordar las especificidades del imperialismo suizo en el mundo. La política imperialista helvética tiene dos facetas principales: por una parte, la necesidad de responder a las necesidades de mano de obra barata y flexible en su mercado interno (la inmigración); por otra parte, la búsqueda de beneficios máximos provenientes de la fuerza de trabajo en el extranjero. El imperialismo suizo puso sus huevos en todas las canastas del saqueo colonial y neocolonial, practicando una forma de colonialismo y de neocolonialismo enmascarado.

Por consiguiente, una orientación antiimperialista en Suiza no puede concretarse, en ningún caso, por una demanda al país para que no participe en una «alianza militar o defensiva» o en «conflictos militares entre terceros Estados», según los propios términos de la UDC. La política de neutralidad, desde el siglo XIX, tiene por objetivo mantener los florecientes negocios con todas las potencias militares imperialistas, incluso cuando están en conflicto, y garantizar la colaboración de clase en Suiza. Es así como la burguesía helvética coopera con cada una de esas potencias al arbitrio de sus propios intereses coyunturales (como lo ilustro muy bien su colaboración con las autoridades nazis).

No sacrifiquemos nuestros servicios públicos en aras del fortalecimiento del ejército

La agenda oculta de la iniciativa sobre la neutralidad representa también una seria amenaza para nuestros derechos y libertades democráticas, y expone nuestros servicios públicos al peligro de recortes aún más severos. Al reivindicar un aumento de la dotación para el ejército, la UDC muestra su menosprecio por las preocupaciones de las clases populares. En el momento en que amplios programas de austeridad presionan sobre nuestros servicios públicos y nuestros seguros sociales, la UDC propone afectar el equivalente al 1% del PIB suizo al ejército, o sea, ¡un aumento de cerca de 3.000 millones de francos suizos (en valor actuales)!

Para la UDC, las personas extranjeras no son bienvenidas en Suiza… salvo que contribuyan —sin derechos— a los beneficios del capitalismo suizo y que participen mediante sus impuestos a los gastos militares. Finalmente, bajo el pretexto de «luchar contra el terrorismo», la UDC quiere reforzar los servicios de inteligencia, abriendo de esa manera la vía a una mayor vigilancia y represión contra sindicalistas combativos, feministas, antirracistas, activistas de la justicia climática o de la solidaridad con Palestina y, de manera general, contra las prácticas de desobediencia civil.

Lo que nos propone la UDC es preferir el fortalecimiento del ejército frente a la defensa y revalorización de los servicios públicos y de seguros sociales. Esa elección política es también la de una sociedad que tiene por objetivo dejar que las tareas domésticas, de educación y de cuidados las hagan las mujeres, tanto en el seno de la familia como por su asignación sistemática a empleos mal pagados. El lugar de las mujeres en la familia, en el centro de la ideología militar suiza, estaba claramente formulado, en 1959, en el Libro del Soldado:

«La mujer es, en primer lugar, la guardiana del hogar.
El hombre está en la fábrica, en los campos, en el taller, en la oficina, el hombre viaja, está absorbido por su vida profesional, política, social, militar; se dedica a los deportes, se enrola en diez, veinte sociedades; se debe a sus amigos, a sus conocidos…

Desde la mañana a la noche, cada día, desde el primero al último día del año, la mamá está ahí, la que piensa en todos, la que piensa por todos, que no se olvida de nada, la que va y viene, sin descanso, la que se dedica sin descanso, se inquieta, se atormenta, hace prodigios para que cada uno esté contento. ¿Qué sería un hogar sin ella?

La mamá es la que enseña a sus hijos a amar a su país, a servirlo en el rigor de su conducta. Una buena madre se siente orgullosa de ver a su hijo requerido por la defensa de las fronteras, porque sabe que defendiendo a la patria, el soldado defiende el hogar que su madre creó. Aunque todavía no posee el derecho a votar, la madre se interesa por los asuntos públicos porque nadie conoce mejor que ella las dificultades prácticas de la conducción de una familia y sabe bien que la conducción de un Estado no es otra cosa que la conducción de una gran familia.»

Elegir el ejército en lugar de los servicios públicos, es reforzar un conservadurismo sexista que sirve a la acumulación capitalista, que apuesta por la explotación de mujeres y hombres en la producción, pero también por el trabajo doméstico, de educación y de cuidados asumido mayoritariamente por las mujeres en el seno de las familias. En ese sentido, cualquier proyecto político que tenga por objetivo la emancipación de las mujeres es incompatible con el fortalecimiento del ejército. Reivindicamos, por el contrario, la defensa y fortalecimiento de los servicios públicos y de los seguros sociales, y también la socialización y revalorización del trabajos de cuidados, indispensable para combatir la opresión de las mujeres y promover un proyecto social anticapitalista.

Antiimperialistas, feministas y antimilitaristas contra la iniciativa de la UDC

En ese contexto, pensamos que es necesario que la izquierda internacional se comprometa en la campaña que vendrá sobre esta iniciativa desarrollando una línea antiimperialista, feminista y antimilitarista sin ambigüedades para:

● Exigir la renuncia inmediata de la compra de 36 aviones F35, pedidos por Suiza a Estados Unidos, una adquisición defendida con uñas y dientes por la UDC cuyo precio no cesa de aumentar.
●Articular una crítica del rol central que tiene la neutralidad armada en la expansión del imperialismo suizo.
● Denunciar la agenda militarista de la UDC que inspira claramente esta iniciativa.
● Ligar la ofensiva militarista en curso a las políticas de austeridad que agotan las cajas públicas y que atacan nuestros servicios públicos y nuestros seguros sociales.
● Reivindicar, con una óptica feminista, un plan de inversión masiva en los servicios públicos y los seguros sociales, como la educación, la sanidad, las viviendas sociales, los transportes públicos, la transición energética, la AVS [Seguro de vejez, supervivencia e invalidez suizo] y las prestaciones sociales.

En el momento en que escribimos estas líneas, decenas de miles de huelguistas de la función pública se han comprometido en una movilización ejemplar contra las medidas de austeridad impuestas por sus gobiernos cantonales. Sus preocupaciones son opuestas a las de la UDC y a su iniciativa militarista. No es la UDC, y aún menos el ejército, los que protegerán nuestras conquistas sociales, sino aquellas y aquellos que hacen vivir nuestra sociedad por su trabajo y que luchan para defender nuestros servicios públicos y nuestros seguros sociales. Es a su lado que nos debemos mantener para construir una alternativa internacionalista, feminista y antimilitarista contra la actual ofensiva reaccionaria.

Notas:
1.-Véase, por ejemplo: Jean-Luc Addor; «Le spectre de la guerre plane sur l’Europe – la neutralité de la Suisse et une armée défensive forte sont plus que jamais nécessaires», 3 de abril de 2025 ; Jean-Luc Addor, «La neutralité est en péril : défendons notre indépendance !», 30 de agosto de 2025.
2.- «La neutralité armée rend la Suisse libre et sûre », Documento base de la UDC sobre la política de seguridad, agosto de 2025, chrome-extension ://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/ f, p. 25.
3.- Iniciativa sobre la neutralidad – Documento de posición del PST/POP, 17 de marzo de 2025.
4.- Iniciativa sobre la neutralidad– Documento de posición del PST/POP, 17 de marzo de 2025.
5.- «Neutralität oder Krieg. JA zur Schweizer Neutralität.», Argumentario de la iniciativa sobre la neutralidad, p. 4.
6.- Véase el comunicado de prensa de la UDC, «Pour une Suisse sûre, nous avons besoin d’une armée fonctionnelle, équipée et moderne», 6 agosto de 2025.

– Nota original: La neutralité, feuille de vigne de l’impérialisme suisse.
* Gabriella Lima, doctoranda en historia contemporánea de la Universidad de Lausana. En CADTM.

Comparte, tus amig@s lo agradecerán… 
Mastodon: @LQSomos@nobigtech.es;  Friendica: Loquesomos;
UpScrolled: @LQSomos;  Telegram: LoQueSomosWeb;
Bluesky: LQSomos; Twitter: @LQSomos;
Facebook: LoQueSomos; Instagram: LoQueSomos;
WhatsApp: LoQueSomos;

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.