Kobane: el asedio a la ciudad de la resistencia

Kobane: el asedio a la ciudad de la resistencia

Por Leandro Albani*

Un asedio planificado rodea a Kobane, la ciudad kurda del norte de Siria que en 2015 fue reconocida en todo el mundo porque su población resistió durante más de tres meses los embates del Estado Islámico (ISIS). En ese entonces, las Unidades de Protección del Pueblo y de las Mujeres (YPG/YPJ) golpearon una y otra vez a los yihadistas de ISIS hasta expulsarlos de la ciudad. Ese momento, que quedó retratado en cientos de imágenes y videos, fue el comienzo de la debacle de ISIS, pese a que el grupo terrorista ya tenía el respaldo pleno del Estado turco, que utilizaba su frontera con Rojava (Kurdistán sirio) como línea de suministro y logística para los seguidores del extinto Abu Bakr al Baghdadi.

Las mismas YPG/YPJ ahora están en la línea del frente rechazando los ataques de las milicias yihadistas aliadas al régimen de Damasco, dirigido por el multifacético Ahmed Al Sharaa. Y si decimos multifacético es porque el otrora Mohammed al Jolani supo construir su “carrera” dentro de Al Qaeda e ISIS para luego liderar Hayat Tahrir al Sham (HTS), la organización terrorista que desde la provincia de Idlib lanzó el ataque final contra el maltrecho Bashar al Asad. En diciembre de 2024, Al Jolani llegó a Damasco bendecido por Estados Unidos, Rusia (que rápidamente le soltó la mano a Al Asad), Turquía, Israel y Europa. Occidente y sus aliados necesitaban controlar siria, y para ese trabajo sucio qué mejor que un personaje formado en las escuelas reaccionarias de la yihad.

Por estos días, Kobane está aislada. Ya nada la conecta a las otras regiones kurdas del norte de Siria, de las cuales Afrin y Serekaniye están ocupadas ilegalmente por el Estado turco. Con la toma de la presa de Tishreen por parte de las milicias yihadistas, la ciudad fue sometida al corte total de electricidad y del suministro de agua. Casi quinientas mil personas viven en Kobane y sus alrededores. Aunque el clima invernal se siente con dureza, los pobladores de la ciudad intentan resistir. Las YPG/YPJ, y el mando de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), dejaron en claro que defenderán cada pedazo de tierra de la ciudad que vio caer en pedazos a ISIS.

Doblegar la utopía

El intento de doblegar a Kobane trasciende lo militar. Para el régimen de Damasco, sus milicias y su gran patrocinador Turquía, que la ciudad caiga es un golpe directo al proyecto político, ideológico y social construido durante más de diez años por los kurdos a través de la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AADNES) y las FDS. Con base en el paradigma del confederalismo democrático ideado por el fundador del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan, en Rojava se lleva adelante -pese a la guerra impuesta y a la crisis económica permanente- un ideario que tiene a las mujeres como principales sujetos políticos y promueve la convivencia entre diferentes nacionalidades y religiones. Además, se impulsa una economía que intenta romper con los parámetros del capitalismo y una política de descentralización estatal que permita el desarrollo de las comunidades y de los diferentes pueblos que habitan Siria. El régimen de Al Sharaa -pese a sus promesas de respeto a los derechos de las minorías- y sus promotores en Ankara ahora tienen vía libre para destruir Rojava y deja caer toda la fuerza del Estado contra los pobladores kurdos.

Por supuesto que la política desarrollada en el Kurdistán sirio en estos últimos años no está exenta de contradicciones. La principal, es la alianza táctica entre las FDS y Estados Unidos. En su lucha contra ISIS, las FDS apelaron a la solidaridad internacional y convocaron a las principales potencias mundiales para que los apoyen en esa lucha. Ese llamado fue respondido solamente por Estados Unidos. Desde el principio de esta alianza, los kurdos -no solo de Siria- dejaron en claro que los vaivenes de la geopolítica iban a cortar en algún momento esa cooperación. La actualidad en Rojava lo confirma. Estados Unidos decidió que su “socio” es el régimen de Damasco y el propio Al Sharaa, por el cual la Casa Blanca, hasta hace un año, le había puesto recompensa a su cabeza. A Estados Unidos se sumaron Turquía, Israel y el bloque europeo. Los líderes yihadistas y mercenarios que antes eran condenados por cometer violaciones a los derechos humanos, se convirtieron con la rapidez del pragmatismo en estadistas confiables recibidos con todos los honores en los salones de los poderosos occidentales.

Crisis humanitaria

El 24 de enero, el mando de las FDS anunció que había acordado con el régimen sirio un alto el fuego -mediado por Estados Unidos- por quince días. Desde ese instante, la AADNES y las FDS denunciaron en reiteradas ocasiones que las milicias yihadistas violan la medida. Al intento de tomar Kobane se suman los ataques contra Hasakah, otra ciudad de importancia en Rojava.

El domingo pasado, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) informó que camiones con ayuda ingresarían a Kobane después de que el ejército sirio acordara abrir un corredor humanitario. La falta de alimento y de combustible, y el frío de un invierno crudo, hace que las horas en la ciudad kurda sean críticas. Las consecuencias del bloqueo a Kobane ya se comienzan a conocer: al menos cinco menores fallecieron debido a la deshidratación y a la falta de alimentos sumados al frío extremo.

En una declaración reciente, el Congreso Nacional de Kurdistán (KNK), con sede en Bruselas, denunció que en las últimas semanas, las consecuencias humanitarias en Rojava alcanzaron “niveles catastróficos”. “Cientos de miles de personas civiles se han visto obligadas a desplazarse, cientos han muerto y comunidades enteras han sido privadas de acceso a alimentos, agua potable, atención médica, combustible y electricidad, en medio de las duras condiciones invernales”, alertaron desde el KNK. Además, advirtieron que la “infraestructura civil crítica ha sido atacada sistemáticamente. La ciudad de Kobane, ahora sometida a un intenso ataque militar, con varios civiles muertos y un asedio deliberado, se enfrenta a un desastre humanitario en desarrollo y a un grave riesgo de atrocidades masivas”.

Los aplausos de presidentes y políticos para los kurdos que en 2015 derrotaron a ISIS se convirtieron en una daga traicionera.

Líneas rojas

Miles de kurdos y kurdas se encuentran movilizados en Medio Oriente y Europa (donde la diáspora supera el millón de personas). Como sucedió en 2015, cientos de pobladores de Bakur (Kurdistán ocupado por Turquía) y Bashur (Kurdistán iraquí) cruzan las fronteras para sumarse a la resistencia. Para los kurdos, las fronteras son líneas impuestas por los Estados a sangre y fuego.

En Turquía, el gobierno de Recep Tayyip Erdogan -fiel a su costumbre- ordenó la represión contra quienes intentaban cruzar. En pueblos y ciudades de Bashur, fronterizas con Rojava, las movilizaciones son constantes para denunciar que Rojava puede ser víctima de un genocidio. A nadie parece importarle las balas que los soldados turcos disparan contra ellos.

En Europa se inició una caravana de apoyo a Rojava que recorre diferentes países con el objetivo de ingresar al Kurdistán sirio. Los líderes kurdos de Irak, presionados por la realidad, denunciaron los intentos de invasión. Aunque la AADNES y las FDS se retiraron de Raqqa y Deir Ez-Zor para reforzar la defensa de Rojava -y porque Estados Unidos les quitó el apoyo y tribus árabes poderosas que participaban en la administración autónoma se aliaron a Damasco-, sus autoridades y mandos militares afirmaron que lucharán hasta las últimas consecuencias.

En una entrevista con Ronahî TV, el comandante en jefe de las FDS, Mazloum Abdi, declaró: “Hoy defendemos a nuestro pueblo y protegemos las regiones kurdas. Estas regiones son nuestras líneas rojas. Las defenderemos hasta que quede nuestro último combatiente. Nadie puede alcanzar la victoria aquí, y la guerra no terminará aquí. Todo el mundo debe saberlo”. Abdi agregó que “el destino de esta lucha no lo determinan únicamente las fuerzas militares. Nadie debe caer en la ilusión de librar una guerra contra las regiones kurdas. Creo que el gobierno de Damasco tampoco quiere ir demasiado lejos. Aquí queremos que prime la lucha política, no la confrontación militar”.

La eterna cuestión kurda

En Kobane se sintetiza la cuestión sin resolver de Kurdistán. En Medio Oriente, el pueblo kurdo siempre fue una espina para Estados Unidos y Europa, pero también para los regímenes árabes, el Estado profundo turco y la teocracia iraní. Todos se preguntan qué hacer con los kurdos. A lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI, las respuestas siempre fueron las mismas: la represión y la persecución, los intentos de asimilación o la limpieza étnica, las prohibiciones de su lengua, identidad y cultura, y los cálculos de cómo contener a una nación de más de cuarenta millones de habitantes que lucha para que sus derechos básicos sean reconocidos.

En el artículo La lección de Rojava: lo que los kurdos deben aprender ahora, el psicólogo kurdo Hybris Anima apuntó: “El noreste de Siria no es un episodio marginal de la historia reciente, ni un conflicto local que pueda explicarse únicamente en términos militares. Rojava es una lupa. En ella se ponen de relieve las decisiones históricas, los intereses geopolíticos y las debilidades estructurales de la política kurda. Quien vea Rojava simplemente como una escalada militar pierde de vista su significado más profundo. Rojava fue un experimento político y, precisamente por eso, se convirtió en un objetivo”. Para darle profundidad histórica a la situación, Amina escribió: “La vulnerabilidad de este proyecto no comenzó con la guerra de Siria. Desde el Tratado de Lausana de 1923, el Kurdistán no ha existido como sujeto político, sino como un problema gestionado. La división de los territorios habitados por kurdos entre Turquía, Irak, Siria e Irán no fue un accidente histórico. Fue un orden geopolítico deliberado. Un pueblo fragmentado es más fácil de controlar que uno unido. Esta lógica nunca ha desaparecido”.

“Rojava cruzó una línea roja. No militarmente, sino políticamente. Demostró que es posible un orden más allá de los modelos estatales autoritarios: plural, multiétnico, con igualdad de género y participativo -remarcó Anima-. Esta alternativa social, a pesar de las numerosas críticas, es lo que hizo peligroso a Rojava, no para la población local, sino para los Estados y actores cuyo poder depende de la homogeneidad, el control y el miedo”.

En otro ensayo que permite profundizar sobre la situación que atraviesa en la actualidad los kurdos de Siria, Serhat Tutkal, Doctor en Ciencias Humanas y Sociales, enmarcó los ataques contra Rojava “deben entenderse como parte de una ola más amplia de violencia extrema ejercida por gobiernos respaldados por Estados Unidos en Asia Occidental”. El académico kurdo indicó que “los gobiernos aliados con la actual administración estadounidense -como los de Azerbaiyán, Israel, Siria y Turquía- parecen contar con autorización para eliminar de manera masiva a sus ‘otrxs’ y cometer graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de guerra”. Tutkal explicó que las imágenes difundidas sobre la mutilación y humillación de hombres y mujeres kurdas por parte de las milicias yihadistas en Siria, “constituyen manifestaciones de la deshumanización de lxs otrxs, uno de los pilares fundamentales del neofascismo liderado y respaldado a nivel mundial por la actual administración estadounidense”. “Los ataques dirigidos contra Rojava y su gobierno autónomo representan la expresión más reciente de una lógica neocolonialista y, por tanto, no deben considerarse un fenómeno aislado”, remarcó Tutkal.

Los días por venir

Uno de los hechos más resonantes en la actual crisis en Siria es que las milicias del régimen de Damasco se apresuraron a liberar a cientos de prisioneros de ISIS que se encontraban en cárceles de Raqqa y en el campamento de refugiados de Al Hol. Esto no es una novedad. En los últimos años, células de ISIS, con el respaldo de Ankara, efectuaron ataques contra prisiones con el objetivo de liberar a los terroristas.

Antes esta situación, Estados Unidos inició el traslado de prisioneros de ISIS hacia Irak y remarcó que sus “nuevos socios” en Damasco se encargarán de la seguridad en las cárceles. Para la Casa Blanca ya es una costumbre permitirle al zorro cuidar el gallinero.

El respaldo al régimen de Al Sharaa no sólo es diplomático, sino económico. Turquía, Qatar, Arabia Saudita y la “civilizada” Unión Europea hace meses que firman acuerdos con Damasco y le envían ingentes cantidades de dinero para la “reconstrucción” del país. ¿Por qué esto no sucedió con la AADNES? ¿Por qué los regímenes de Medio Oriente y Europa negaron el apoyo financiero a la administración autónoma pese a sus logros? Hay que decirlo con claridad: ni Washington ni Bruselas, como tampoco Moscú, estuvieron interesados en sostener un modelo político y social que intenta trascender la realpolitk y las variantes del capitalismo. Por ninguna razón era posible que el apoyo a la AADNES llegara de forma concreta, porque el modelo que por estos días está en jaque siempre puso en cuestión al Estado nación implantado por Europa en Medio Oriente y luego sostenido (o demolido según su conveniencia) por Estados Unidos.

Las opciones de los kurdos de Siria -junto a otros pueblos del norte del país- son pocas: resistir el avance yihadistas y demostrar su poder para forzar una negociación que les permite mantener su autonomía; negociar una tregua permanente con Damasco con el fin de llegar a un acuerdo de integración real (algo que, según lo que se conoció hasta ahora, estaba avanzado, pero el propio régimen dio por terminado de forma abrupta); o ser arrastrados a un genocidio similar al que sufren los palestinos en la Franja de Gaza.

Lo que sí es real es que la resistencia es una forma de vida para el pueblo kurdo.

* Para LoQueSomos. Más artículos del autor
Kurdistán en LoQueSomos.

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