Gloria Fuertes: poesía adulta que habla de HOY

Gloria Fuertes: poesía adulta que habla de HOY

Por Iñaki Alrui*

La muestra reúne poemas, fotografías y documentos personales que trazan un recorrido íntimo y contemporáneo por la vida y la obra de una autora que hizo de su existencia materia poética. Su voz suena cada vez más con la frescura de quien escribió para la humanidad entera sin renunciar nunca a ser ella misma, y el paso del tiempo va agrandando su figura humana y literaria.

La exposición ‘Gloria Fuertes (HOY) Poesía, Libertad y Contemporaneidad’, se puede visitar de forma gratuita en la Casa del Lector de Matadero Madrid y permanecerá abierta hasta el próximo 15 de septiembre.

Gloria Fuertes, la poeta de familia humilde del barrio de Lavapiés, nacida en 1917, la que perdió a su madre a los quince años y a su hermano pequeño poco después, la que vio cómo la guerra se llevaba a su primer amor y decidió que la poesía sería su trinchera, tiene desde este mes de marzo una exposición en la que la poeta nos mira de frente, y entre fotos y versos nos interpela a leerla, a saber más de ella, a seguirla. A mi personalmente me apasiona y me declaro “gloriafuertesiano”.

La niña de Lavapiés

Para conocer a Gloria Fuertes hay que viajar con ella a su infancia, volver a Lavapiés, a los juegos en la plaza de Tirso de Molina y en la calle Mesón de Paredes, a ese colegio de monjas donde aprendió a escribir con tres años. Hija de una costurera y un conserje, creció en estancias humildes, marcada por la escasez material y por una temprana conciencia de la diferencia, de clase. A los trece años, su madre la matriculó en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, donde obtuvo diplomas de Taquigrafía, Mecanografía, Gramática, Literatura, Higiene y Puericultura. Asignaturas que delatan lo que eran aquellos años para la mujer, pero que en ella solo fueron un complemento más en una mente que había nacido para ser libre. Con catorce años ya publicaba su primer poema: «Niñez, juventud y vejez».

La muerte de su madre cuando ella tenía quince años y el atropello de su hermano pequeño Angelín poco después le abrieron una herida que nunca cerraría del todo. Empezó a trabajar como contable en la fábrica Talleres Iglesias, pero con la poesía dentro de ella, que la acompaño y crecía con ella como una forma de habitar el mundo.

A los pies de la Catedral de Burgos,
nació mi madre.
A los pies de la Catedral de Madrid,
nació mi padre.
Yo nací a los pies de mi madre
en el centro de España, una tarde.
Mi padre era obrero,
modista mi madre.
Yo quisiera haber sido del circo
y sólo soy esto.
De pequeña,
fui a un reformatorio y a un colegio gratis.
De joven fui al dolor
y en el verano a un Preventorio,
ahora voy a todas partes.
He tenido lo menos siete amores,
varios jefes malos
y apetito envidiable.
Ahora tengo, dos recordatorios
y un beso de tarde en tarde.

La guerra que la hizo poeta

En 1936 el golpe de estado de los militares facciosos inició la guerra. Gloria tenía diecinueve años. La contienda se llevó por delante a su primer amor, Manolo, militante de la FAI, y transformó para siempre su mirada. «Tal vez sin la guerra no habría escrito poesía —confesaría años después—. Quise ir a la guerra para pararla». Aquella experiencia la convirtió en una poeta pacifista, antibelicista, defensora de los débiles y denunciante de las atrocidades. Su poesía comenzó a adquirir una dimensión social cada vez más visible, dirigiendo su mirada hacia las mujeres trabajadoras, los suburbios, la pobreza y la injusticia. ¡Puro compromiso!

En la posguerra, encontró un hueco en las revistas infantiles. Fue redactora de Maravillas, colaboradora de Flechas y Pelayos y de la revista femenina Chicas, donde publicaba cuentos de humor ilustrados por un joven Antonio Mingote. Pero Gloria no se conformaba con entretener; quería transformar.

Las bombas no tienen ojos
Y caen en la guardería.
Los niños no tienen susto
Tienen muerte, mil heridas.
Las bombas no tienen ojos,
Caen infestando la vida.

La tertulia que hizo historia: Versos con faldas

En 1951, hartas de ser las únicas mujeres en las tertulias literarias dominadas por hombres, Gloria Fuertes, Adelaida Las Santas y María Dolores de Pablos fundaron la tertulia «Versos con faldas». Fue el primer espacio en España creado por y para escritoras, donde más de sesenta poetas y narradoras pudieron compartir sus inquietudes sin sentirse desplazadas. La tertulia se mantuvo hasta 1953, pero su eco resonó durante décadas. Su participación en iniciativas para visibilizar a las mujeres escritoras en un panorama literario dominado por hombres convirtió su poesía en un gesto de afirmación y resistencia.

Un año después, en 1952, fundó junto a Antonio Gala, Rafael Mir y Julio Mariscal la revista poética Arquero, de la que llegó a ser directora, y estrenó en el teatro del Instituto de Cultura Hispánica su primera obra de teatro en verso, Prometeo, galardonada con el premio «Valle-Inclán».

Nosotras, las tristes mujeres que escribimos,
tenemos una duda clavada en este seno.
Y a verso limpio vamos al centro de las cosas.
No estamos en la luna, estamos en la tierra.

Nosotras escribimos de noche y a escondidas,
entre hijo y aguja por entre los pucheros.
El mundo nada sabe de nuestros hondos libros,
pero el dolor después de todo es lo nuestro.

Nosotras dicen muchos que solo pico y pala;
para no oír verdades se convierten en ciegos.

Salvemos el mundo, nosotras, alfileres,
que pinchamos la vida y sangramos el verso.

Gloria Fuertes paseando a su perra Rita con Phyllis Turnbull. / “Paco, Madrid, 1956”. | Archivo Gloria Fuertes

El amor y las bibliotecas ambulantes

Entre 1955 y 1960, Gloria cursó estudios de biblioteconomía e inglés en el Instituto Internacional de Madrid. Allí conoció a la directora del centro, la hispanista estadounidense Phyllis Turnbull, que fue el gran amor de su vida. Su relación duró quince años y de esa unión nació uno de los proyectos más hermosos y desconocidos de la poeta: la primera Biblioteca Infantil Ambulante.

Desde la casa de Phyllis en Chozas de la Sierra —hoy lo llaman Soto del Real, por un capricho franquista—, ambas recorrían los pueblos de la sierra de Madrid con maletas llenas de libros. Llevaban poesía, cuentos e historias a lugares donde nunca había llegado una biblioteca. Gloria conducía una vespa y Phyllis orientaba el mapa. Juntas acercaron la literatura a quienes no tenían acceso a ella, en una labor silenciosa y generosa que definía perfectamente el carácter de la poeta.

Hago versos, señores, hago versos,
pero no me gusta que me llamen poetisa,
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.

Este mundo resulta divertido,
pasan cosas señores que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.

Sigue habiendo solteras con su perro,
sigue habiendo casados con querida,
a los déspotas duros nadie les dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,
y nos pisan el cuello y nadie se levanta,
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!
Esto pasa, señores, y yo debo decirlo.

Gloria Fuertes en Chozas de la Sierra en la vespa que utilizaba en su biblioteca infantil ambulante, 1958. / Archivo Gloria Fuertes

La poeta que conquistó la televisión

Aunque su obra para adultos —con títulos fundamentales como Isla ignorada (1950), Aconsejo beber hilo (1954) o Poemas del suburbio (1954)— es de una profundidad y denuncia social extraordinarias, la mayoría del público la recuerda por sus apariciones en programas infantiles de televisión durante los años setenta y ochenta. Con su aspecto de «señora mayor», sus gafas redondas y su voz pausada, Gloria se convirtió en la poeta de varias generaciones de niñas y niños que aprendieron a amar los versos con ella.

Pero lejos de entenderse como una concesión, su trabajo para la infancia responde a un proyecto coherente: hacer de la poesía un instrumento de formación ética y estética. En sus textos infantiles aparecen la defensa de los animales, la denuncia de la violencia, la reclamación de la paz, la celebración de la imaginación y el valor de la diferencia. Encontró en ese ámbito un espacio de libertad y de comunicación directa con el público infantil.

Paralelamente, su poesía para adultos continuó desarrollando una voz de extraordinaria originalidad, que combina el tono cotidiano con imágenes de una intensa carga simbólica y rasgos surrealistas. La ironía, el humor y el lenguaje coloquial son sus mecanismos para construir una voz propia, reconocible e inconfundible.

Leyendo cuentos infantiles en un colegio de Palomeras, Vallecas. 1968. Archivo Gloria Fuertes

Interpelando el presente

La muestra ‘Gloria Fuertes (hoy)’ subraya precisamente eso: la naturaleza intemporal de su creación literaria. Lejos de ser un mero repaso biográfico, la muestra destaca cómo sus temas centrales —el amor, la paz, la muerte, la angustia, el humor— siguen siendo las grandes cuestiones que nos atraviesan. Y pone el foco en la mirada crítica y sensible de Fuertes hacia la injusticia social, las desigualdades, la discriminación, la libertad o la guerra.

«Seguimos enfrentándonos a las mismas dudas y conflictos; persisten las guerras, la intolerancia y la falta de libertad», señala la organización en la presentación de la muestra, estableciendo un puente directo entre la poesía de la autora y la actualidad. Su defensa de la paz, su denuncia de las desigualdades sociales, su cuestionamiento de los roles de género, su reivindicación de la diversidad afectiva y su apuesta por una cultura accesible dialogan de manera directa con las preguntas y preocupaciones del siglo XXI.

Vengo de abajo,
quizá por eso nunca
dejaré a los del barrio.

Tiro hacia arriba,
la pupila del pobre
me tiene viva.

Salud, trabajo,
es todo lo que pide
el que está abajo.

Le doy cultura,
que aún no sabe leer
con su estatura.

Le leo versos,
al hombre más sencillo
del Universo.

La exposición esta organizada por Casa del Lector, el Archivo Gloria Fuertes y la Fundación Gloria Fuertes, la muestra invita a un viaje por la historia personal de la escritora y, a la vez, por un siglo XX nacional-católico en blanco y negro, en el que encontramos el color a través de sus poemas y de las fotografías que ella misma conservó. Quien la visite podrá asomarse a sus reflexiones sobre el acto de escribir y a sus recuerdos y emociones presentes en sus característicos «autobios», toda una declaración de principios. Todo ello presentado con el lenguaje de nuestra autora, deliberadamente cercano y directo, con el que llegó a todos los públicos.

En su etapa final, su obra adquirió un tono de serenidad y de reflexión sobre el tiempo vivido. Los poemas de la vejez hablan de la libertad conquistada, del cuerpo que cambia, de la ambigüedad entre el ser y el estar, con una naturalidad despojada de solemnidad. En ellos aparece una autora que ha hecho de la autenticidad su forma de existencia y que contempla su trayectoria como una suma de experiencias, amores y pérdidas. La conciencia de la muerte no se expresa como cierre, sino como afirmación de la permanencia de la palabra, la eternidad de los versos.

Leer a Gloria Fuertes hoy, como propone e incita esta exposición, significa reconocer en su voz una brújula para orientarnos en estos tiempos de incertidumbres. Su poesía nos enseña que la ternura puede ser una forma de resistencia, que el humor puede desmontar los discursos del poder y que la palabra, cuando nace de la verdad, es imparable.

Gloria Fuertes no es el pasado. Su escritura sigue abierta, interpelándonos. Por eso esta exposición no es solo un homenaje, sino una invitación a leerla de nuevo, a escuchar su palabra en el presente y a comprender que su contemporaneidad es, en realidad, un poema de futuro.

Hay que ver la exposición, hay que leer a Gloria

La muestra reúne poemas, fotografías y documentos personales que trazan un recorrido íntimo y contemporáneo por la vida y la obra de una autora que hizo de su existencia materia poética. Desde sus primeros cuadernos escritos en Lavapiés hasta los manuscritos de sus últimos poemas, pasando por los documentos de «Versos con faldas» y el mapa de rutas de la biblioteca ambulante. No esperen encontrar una exposición biográfica al uso, de esas que cuelgan fotografías con pies de página explicativos y dejan al visitante con la sensación de haber visitado un museo de cera. Esto es otra cosa.

Es una oportunidad única para descubrir a la Gloria más desconocida: la poeta social, la mujer rebelde, la activista pacifista, la amante apasionada y la bibliotecaria que recorría pueblos llevando cultura. O, como ella se definía, simplemente «una mujer que escribe porque si no escribiera, me moriría».
Tal vez creciste con sus versos, o la recuerdas en la televisión de tu infancia, o alguien te leyó sus cuentos y poemas con la caída del sueño, tal vez la tenías encasillada como poeta infantil. Ahora puedes descubrir la cara adulta de una de las voces más libres y radicales de la poesía española del siglo XX, ¡Gloria es revolucionaria!

Sí me voy,
ya he tenido amigos en los lagos
y he sentido
sentir un amor malo.

He tenido
los besos más grandes en mis brazos.

Y he sufrido
la muerte de un amor apagado.

En mis citas conmigo,
masqué la vida cruda,
fumé yerbas extrañas,
y al penetrar de noche en mi casa pagada,
mi cuarto estaba lleno de cuadros mal colgados.

Dónde: Casa del Lector (Paseo de la Chopera, 14, en el recinto de Matadero Madrid)
Fechas: Hasta el 15 de septiembre
Horario:
• Martes a viernes: de 16:00 a 20:30 h.
• Sábados, domingos y festivos: de 11:00 a 14:00 h y de 16:30 a 20:30 h.
Entrada: Gratuita

Gloria Fuertes y su vespa: cómo la poeta creó la primera biblioteca infantil ambulante en España

* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
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