De Argentina a España: las pensiones y la salud pública no tienen fronteras
Por Miguel Hernández Bernárdez
El miercoles 19 de agosto de 2026, jubiladas y jubilados argentinos volvieron a ocupar las calles de Buenos Aires. Tras realizar su habitual ronda en la Plaza del Congreso, los conocidos como «Jubilados de los miercoles» marcharon hacia el Ministerio de Salud bajo una consigna tan dura como expresiva: ¡NOS ESTÁN MATANDO!
Una misma dignidad, una misma lucha
Según la información facilitada por la Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones de Jubilados y Pensionados de la República Argentina, en la movilización participaron jubilados y pensionistas acompañados por trabajadores de los hospitales Garrahan y Bonaparte, otros sectores de la sanidad pública, representantes de colectivos de personas con discapacidad, sindicatos, organizaciones de derechos humanos y la Coordinadora por la Libertad de los Presos Políticos.

No se trataba únicamente de reclamar unos pesos más a final de mes. Se hablaba de pensiones, medicamentos, atención sanitaria, hospitales públicos, discapacidad y, en definitiva, del derecho a vivir dignamente después de toda una de trabajo.
Los convocantes dirigieron fuertes criticas al Gobierno del presidente Javier Milei y a responsables de las políticas sociales y sanitarias, denunciando el deterioro que, a su juicio, están provocando determinadas políticas sobre el PAMI, la sanidad pública y las obras sociales.
A ello se suma en Argentina la gravísima crisis provocada por el fentanilo clínico contaminado. La investigación judicial continúa abierta y ha alcanzado a responsables de los laboratorios y a antiguos cargos de organismos sanitarios. Por eso deben exigirse las responsabilidades que determine la Justicia, además de las explicaciones políticas correspondientes.
Pero desde España deberíamos mirar hacia Buenos Aires y comprender algo fundamental: lo que afecta a un jubilado argentino no debería resultarnos indiferente a los pensionistas españoles.

De Buenos Aires a Galicia
Argentina está miles de kilómetros de España. Sus salarios, sus pensiones, su legislación y su realidad económica son diferentes. No tendría sentido afirmar que las circunstancias son idénticas. Pero existe algo que si las une: la necesidad de defender sistemas públicos capaces de garantizar una vida digna a las personas cuando llega la vejez.
En España también existen desde hace años movimientos de pensionistas que salen a las calles.
La Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (COESPE) continúa reclamando pensiones públicas dignas y defendiendo el sistema público frente a cualquier intento de debilitamiento. En Galicia, MODEPEN, Movemento Galego pola Defensa das Pensións e os Servizos Públicos mantiene igualmente su actividad y sus movilizaciones. Durante 2026 ha vuelto a convocar actos en defensa de las pensiones y de los derechos sociales.
Argentina, España, Galicia, Francia, Portugal, Italia, Alemania o cualquier otro lugar del mundo pueden tener sistemas distintos. Pero un pensionista necesita básicamente lo mismo en Vigo. Madrid, Buenos Aires, Córdoba o cualquier otra ciudad: una pensión suficiente, medicamentos accesibles, una sanidad pública de calidad, una vivienda digna, alimentación, cuidados y respeto.

Eso no debería ser considerado un privilegio. La pensión no es una limosna. Existe además una cuestión que demasiadas veces se olvida… Quien alcanza la jubilación no aparece de repente ante el Estado pidiendo caridad. Detrás existen veinte, treinta, cuarenta o incluso más años trabajando, levantando fábricas, hospitales, carreteras, escuelas, puertos, comercios, campos y ciudades. Las generaciones hoy jubiladas contribuyeron con su trabajo a construir las sociedades en las que vivimos.
Por eso una pensión digna no puede presentarse como un regalo.
La protección social durante la vejez forma parte incluso de los principios internacionales sobre derechos humanos. La Organización Internacional del Trabajo establece como referencia la necesidad de garantizar seguridad económica y acceso a la atención sanitaria en la vejez, avanzando hacia una protección universal.
Pensionistas del mundo: la dignidad no tiene nacionalidad
Quizá ha llegado el momento de ampliar también nuestra forma de entender el movimiento pensionista. No deberíamos pensar únicamente: «los jubilados argentinos», «los jubilados españoles», «los jubilados gallegos», «los jubilados franceses». Antes que ninguna frontera están las personas. Personas que han trabajado toda una vida y que tienen derecho a terminarla dignamente.
Cuando en Buenos Aires una persona mayor reclama medicamentos, cuando en Madrid se defiende el sistema público de pensiones, cuando en Galicia se exige una pensión suficiente o cuando trabajadores sanitarios defienden un hospital público, existen reivindicaciones que pueden encontrarse en un mismo yunto: la defensa de lo público y de la dignidad humana.

Y esta lucha tampoco pertenece exclusivamente a quienes ya están jubilados. Los jóvenes de hoy serán los pensionistas de mañana. Defender una pensión pública no significa solamente defender a quienes tienen setenta u ochenta años. Significa defender también el futuro de quienes ahora tienen veinte, treinta o cuarenta.
Por eso resulta necesaria la solidaridad entre generaciones y también entre pueblos. Ni argentinos ni españoles: pensionistas
Desde España enviamos nuestra solidaridad a las jubtiladas y jubilados argentinos que continúan movilizándose cada miércoles.
Y seria deseable que esa solidaridad viajase también en sentido contrario y terminase construyendo puentes entre movimientos de pensionistas de diferentes países.
Porque cuando una persona mayor tiene que elegir entre comer, pagar la vivienda o comprar medicamentos, algo está fallando. Cuando después de cuarenta años de trabajo una pensión no permite vivir dignamente, algo está fallando. Cuando la sanidad deja de contemplarse como un derecho y empieza a contemplarse exclusivamente como gasto, algo está fallando.
Las circunstancias políticas pueden cambiar y los gobiernos también. Los derechos deberian permanecer.
Por eso, desde Buenos Aires hasta Vigo, desde Argentina hasta España y desde cualquier lugar del mundo, puede levantarse una misma reivindicación:
• Pensiones públicas dignas.
• Sanidad pública y universal.
• Medicamentos accesibles.
• Derechos sociales.
• Respeto a las personas mayores.
• Porque la dignidad no tiene pasaporte.
• Porque la solidaridad no conoce fronteras.
Y porque después de toda una vida trabajando, vivir dignamente no debería ser un privilegio: debería ser un derecho.
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