Cuento de Navidad para las rebajas de enero: ‘Nochevieja en Ayusolandia’

Cuento de Navidad para las rebajas de enero: ‘Nochevieja en Ayusolandia’

Por Luis Suárez-Carreño*

Este es un cuento navideño normal, con castillo encantado, reina maligna, pastorcitas pobres y final feliz. El castillo se encontraba en medio de un espeso bosque pero que en lugar de árboles tenía turistas, así como comercios y luces para turistas. El bosque se llamaba la Puerta del Sol, y el castillo, la Real Casa de Correos. En el castillo habitaba una reina malvada llamada Doña Ayusa de Quirón que, entre otras manías, detestaba a las personas mayores y a las de toda edad que no tuviesen seguro médico privado.

Corría el año 2025 cuando, al aproximarse el final del año cristiano y sus festividades navideñas, algunas personas pobres, pensando que las señaladas fechas ablandarían el carácter de Doña Ayusa, le pidieron audiencia para entregarle una misiva que decía:

• Estimada Doña Ayusa, queremos respetuosamente pedirle que tenga a bien permitir se coloque en una puerta del castillo un pergamino recordando a nuestros padres y madres que sufrieron aquí torturas a manos de su abuelo, el cruel Don Franco.

Abro paréntesis para los más pequeños: Don Franco de las Fosas, el tío-abuelo de Doña Ayusa y dictador sanguinario, había utilizado precisamente este castillo, entonces denominado Dirección General de Seguridad, para encerrar y torturar en sus mazmorras a quienes no le seguían la corriente, lo cual se hizo durante cuarenta largos años. Cierro paréntesis.

Doña Ayusa se negó a recibir siquiera a aquellas personas, ordenando alejarlas con cajas destempladas. ‘En estas puertas no se pone ningún pergamino piojoso, y menos para mancillar la memoria de mi insigne antepasado’, respondió airada por boca de su edecán, el taimado Don Mar Rullero.

Mientras tanto, Doña Ayusa había concedido a la poderosa compañía del espectáculo llamada Negocix la gracia de colocar grandes estandartes publicitarios en esa misma fachada de su castillo, aprovechando que, durante los festejos navideño, y particularmente en la Nochevieja, se concentraban allí grandes masas de población en alegre arrejunte ritual celebrando las saturnales y brumales propias del fin de las cosechas y otras labores.

A la sorpresa y malestar causados entre el pueblo en general y entre los feriantes en particular por este favoritismo, se sumó, durante los días previos al final del año, la proclamación de un edicto firmado por Doña Ayusa obligando a la población a repetir sin ton ni son la frase Feliz Navidad, preferiblemente en terrazas, desde el amanecer a la puesta del sol. Lo que llevó a que algunas personas incautas sorprendidas por los alguaciles pronunciando las palabras prohibidas (Felices Fiestas) fueran arrojadas a las mazmorras del castillo, en nombre, decía Doña Ayusa, de la libertad. Las personas turistas y de paso no daban crédito; por ejemplo, las procedentes de Britania mostraban su perplejidad con exclamaciones como: Stranger things! (¡qué cosas tan raritas!)

Por si lo anterior fuera poco, a ello se añadía la controversia provocada por Doña Ayusa al mostrar su apoyo y amor incondicional al Estado de Israel mientras este perpetraba, durante más de un año ya, un cruel genocidio a base de bombas, hambruna y bloqueo de la atención sanitaria, contra la población de la franja de Gaza, allá en los confines de la llamada Tierra Santa, una matanza que a lo largo y ancho del mundo conocido tenía, lógicamente, a la ciudadanía escandalizada y soliviantada.

Total, que el ambiente no era muy festivo que digamos en la mañana del día 31 de diciembre, un día frío con cielos despejados en los que, a la caída del sol, hizo su majestuosa aparición una pletórica luna llena.

Pero ¿qué sucedía mientras tanto en el interior del castillo? Pues que se habían movilizado, a la chita callando, los duendes y hadas, que, como en cualquier castillo encantado, y más en uno con tan macabra historia, proliferaban. Analizada en asamblea la situación, se acordó dar una respuesta contundente, coincidiendo con las campanadas de medianoche.

Y llegó así la medianoche; atestada la plaza frente al castillo de gente dispuesta a trasegar las tradicionales uvas durante el repique de campanas del cambio de año. Doña Ayusa y las autoridades y cortesanas que la acompañaba, saludaban y jaleaban a la plebe desde el balcón principal.

Al tiempo de la primera campanada, una enorme lona se desplegó cubriendo la fachada con la imagen publicitaria de Negocix, recibida por el pueblo con una mezcla de sorpresa e indignación, entre pitos y abucheos. Súbitamente, surcó el cielo estrellado un orondo y solitario nubarrón que tras posarse justo encima del castillo comenzó a descargar un violento aguacero que, al tiempo que empapaba los balcones y sus ocupantes, disolvía la imagen publicitaria de la lona hasta borrarla por completo. Todo en apenas un instante en el que, oculta la luz de la luna por la nube, toda la plaza fue una densa sombra.

Antes de sonar la media docena de campanadas, como si hubiera sido sólo un fogonazo, la nube se desvaneció y bajo la luz recuperada de la luna una nueva imagen se reveló en la lona empapada ante los atónitos ojos de la ciudadanía, que, pendiente de tan prodigiosos fenómenos, no atinaba ya con las uvas y las campanadas. La lona se había convertido en una enorme bandera palestina sobre la cual lucían sobrescritas las palabras ‘¿FELIZ 2026? NO CON EL GENOCIDIO EN GAZA’.

La perplejidad general se tornó de inmediato en celebración, prorrumpiendo la gente en aplausos y muestras de aprobación para sorpresa de Doña Ayusa y compañía aun recuperándose del chaparrón y que, no pudiendo desde su posición apreciar el contenido de la lona, respondían con muestras forzadas de júbilo. ‘Son como niños’ comentó Doña Ayusa al oído de Don Mar Rullero.

* Miembro de la Plataforma por el Centro de Memoria de la cárcel de Carabanchel. Activista social.
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