Cuba: El Corazón de la Salud Comunitaria y la Justicia Social Radical como Acto de Soberanía
Por Tania Pasca Parrilla
El pasado verano, tuve el privilegio de participar en una Brigada sanitaria de solidaridad con Cuba. Nuestra misión no solo consistió en entregar 700 kilos de medicamentos al Hospital Provincial Abel Santamaría de Pinar del Río, sino en sumergirnos en la realidad de un sistema que entrelaza la salud, la educación y los servicios sociales de una forma que desafía las lógicas del mercado.
Un Modelo de Resistencia Frente al Bloqueo
Es imposible hablar de la salud en Cuba sin mencionar los más de 60 años de bloqueo y sanciones económicas que asfixian la isla. Estas medidas coercitivas impactan directamente en la justicia social al dificultar el acceso a suministros médicos esenciales y tecnologías de vanguardia. Sin embargo, lo que la política externa arrebata en tecnología, el pueblo cubano lo suple con capital social y cuidados humanos. La vigilancia epidemiológica profunda y la intervención comunitaria actúan como un escudo preventivo para evitar que el paciente llegue a necesitar lo que el bloqueo le niega. Desde esta perspectiva, la intervención social en Cuba no es solo un servicio sanitario; es un acto de soberanía y resistencia colectiva.

El Barrio como Epicentro de la Justicia Social
A diferencia de los modelos neoliberales, donde la comunidad a menudo actúa solo como un «parche», en Cuba la salud se entiende como un derecho humano garantizado por la acción comunitaria directa. El programa del Médico y la Enfermera de la Familia es el pilar de este sistema, con la particularidad de que el profesional vive en la misma comunidad que atiende. Esta gobernanza de proximidad elimina las barreras jerárquicas; el médico no es una autoridad lejana, sino un «vecino» que comparte los mismos desafíos cotidianos, desde los cortes de electricidad hasta la escasez de suministros.
La participación ciudadana se articula a través de organizaciones como los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) o la FMC (Federación de Mujeres Cubanas), facilitando diagnósticos de salud integrales en cada manzana. Aquí, el Trabajo Social no espera a que llegue la crisis; realiza una búsqueda activa de vulnerabilidades en el hogar para transformar la realidad antes de que el problema se cronifique. Además, existe una coordinación intersectorial real donde salud, educación y servicios sociales trabajan juntos para intervenir sobre los determinantes estructurales de la vida.
Ejemplos de una Sociedad que Cuida
El compromiso de la Revolución con la vida se manifiesta en programas comunitarios ejemplares:
• Casas de Maternidad: El embarazo se vive como una responsabilidad comunitaria y no como un proceso individual o privado. Pese a las dificultades económicas, a ninguna gestante le falta atención médica, emocional y social, lo que ha llevado a Cuba a ocupar puestos de vanguardia mundial en supervivencia infantil.
• La Educación y los «Pioneros»: Basado en los principios de Paulo Freire, el sistema educativo fomenta que el bienestar individual dependa del bienestar del grupo. Los niños aprenden solidaridad y ayuda mutua como el sentido de comunidad necesario para desafiar la opresión.
• Casas de Abuelos: Frente a la visión neoliberal de la vejez como una carga, en Cuba el mayor es un sujeto activo de transformación que aporta sabiduría a las siguientes generaciones. Los centros integran experiencias intergeneracionales, uniendo aulas escolares y equipos de salud en un mismo espacio comunitario de convivencia.

Una Solidaridad que no Conoce Fronteras
La esencia de este modelo de justicia social radical trasciende las fronteras de la isla. La capacidad de Cuba para exportar personal médico de manera altruista ya sea para combatir el Ébola en África en 2014 o la Covid-19 en Italia en 2020, es el testimonio definitivo de un sistema que prioriza al ser humano sobre el coste económico. En definitiva, la experiencia cubana demuestra que la salud y la dignidad pueden fusionarse en un solo proyecto comunitario capaz de resistir incluso en las condiciones más extremas.
Así que, no me vengan con la joda de siempre los y sus “peros” a la Revolución Cubana. ¡Qué viva mi Cuba linda, su gente y su Revolución!
* Extracto sobre el Estudio del Trabajo Social Comunitario -UNED-. Tania Pasca es autora de los libros «Una auxiliar ante el coronavirus. Cuaderno de bitákora» y «Sinfonía de las cuerdas rotas«.
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