Los estibadores del mundo paran el 30 de octubre contra la militarización de los puertos
Por Selodi Gasan Adie
Más de un centenar de puertos de Europa, el Mediterráneo y otros continentes secundan una jornada internacional de huelga y protestas convocada bajo el lema «No trabajamos para la guerra», que vincula el rechazo al tránsito de armamento con las reivindicaciones laborales del sector
Los muelles de más de cien puertos de todo el mundo están llamados a detenerse este viernes 30 de octubre. Sindicatos de estibadores y trabajadores portuarios de países como Francia, Grecia, Italia, Turquía, Marruecos, el País Vasco, India y España han convocado la segunda Jornada Internacional de Acción contra la guerra y la militarización de las infraestructuras civiles, una cita que llega después de la movilización del 6 de febrero de 2026, que afectó a una veintena de puertos en siete países.
La convocatoria, formalizada el pasado 3 de octubre en el Puerto de Génova, se articula bajo el marco «Puertos por la Paz — Empleos con Dignidad» y está impulsada por organizaciones como CGT Ports et Docks (Francia), ENEDEP (Grecia), LAB (Euskal Herria), Liman-İş (Turquía), ODT (Marruecos) y USB y ORSA Porti (Italia), con el respaldo de la Federación Sindical Mundial (WFTU). La red de coordinación internacional se gestó en Estambul en mayo de 2026, cuando organizaciones de más de 35 puertos acordaron una declaración conjunta que ahora duplica su alcance.
Del Mediterráneo al resto del mundo
El núcleo de la protesta se concentra en el Mediterráneo y el Atlántico europeo, donde se esperan paros en más de 40 puertos, entre ellos los italianos de Génova y Gioia Tauro —uno de los mayores puertos de contenedores del sur de Europa—, así como terminales de Francia, Grecia, Turquía y Marruecos. En el Estado español, el foco principal se sitúa en los puertos vascos de Santurtzi y Pasaia, donde el sindicato LAB trabaja para materializar las acciones de protesta.
La dimensión de la jornada, sin embargo, aspira a superar ampliamente ese ámbito. Según las llamadas de la WFTU, la convocatoria podría extenderse a un centenar de puertos en distintos continentes, con India y Turquía entre los países que ya han mostrado su disposición a secundar los paros. Cada sindicato decidirá la forma concreta de la acción —paros parciales, concentraciones o bloqueos— según su contexto nacional, aunque con un compromiso compartido: impedir la carga de lo que denominan «cargamentos de la muerte».
Una doble reivindicación: paz y derechos laborales
Lejos de limitarse a una protesta pacifista, la jornada entrelaza el rechazo a la guerra con demandas estrictamente laborales. El marco común exige convenios colectivos con aumentos salariales reales, empleo estable, reducción de jornada, medidas de salud y seguridad, y rechazo a la automatización y la inteligencia artificial cuando se utilizan para eliminar puestos de trabajo. En Grecia, la asamblea del sindicato ENEDEP del Pireo votó el 29 de septiembre a favor de la huelga, vinculando la oposición a los cargamentos militares —que, argumentan, exponen al puerto y a sus trabajadores a los riesgos de la guerra— con reivindicaciones de salario, empleo a tiempo completo y seguridad laboral.
El presidente de ENEDEP, Markos Bekris, resumió la posición del sector: «Nosotros, los estibadores, no somos meros espectadores de los acontecimientos». Bekris afirmó que los trabajadores «no tienen nada que ganar con el derramamiento de sangre de otros pueblos» y sostuvo que no tienen interés en alinearse con «los intereses de las armamentísticas, los grupos empresariales de la OTAN y los gobiernos que sirven a los planes de guerra».
Las demandas políticas incluyen el fin inmediato del genocidio del pueblo palestino, el cese de las guerras de agresión, que los puertos no se utilicen para transportar armas, municiones, material militar o tropas a zonas de guerra, y la oposición a que se conviertan en bases para la OTAN, Estados Unidos o la Unión Europea. La cita coincide, además, con el tercer aniversario del inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza.
Apoyo palestino y respaldo del BDS
Más de quince sindicatos palestinos han firmado una declaración de apoyo a las movilizaciones. En el texto, señalan que «es deber de los sindicatos garantizar que los trabajadores y las trabajadoras a quienes representan no participen, muchas veces sin su conocimiento o consentimiento, en acciones que impliquen complicidad con crímenes atroces». Entre las organizaciones firmantes figuran la Federación General Palestina de Sindicatos, la Unión General de Trabajadores y Trabajadoras de Palestina y la Federación de Sindicatos Independientes, que llaman a «interrumpir o bloquear pacíficamente el traslado de suministros militares y energéticos».
El movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) a Israel también ha mostrado su apoyo a las acciones. Los sindicatos palestinos proponen, asimismo, presionar a los gobiernos para que cumplan las decisiones de la Corte Internacional de Justicia de 2024 e impongan «un embargo total de armas a Israel».
«Las estructuras que sostienen la guerra»
Desde LAB, una de las organizaciones más activas, sostienen que la respuesta «evidencia la capacidad de coordinación internacional de las trabajadoras y los trabajadores portuarios y el potencial de un sector estratégico» para denunciar las consecuencias de unas políticas que «sitúan los intereses económicos, geopolíticos y militares por encima de la vida de las personas».
El sindicato vasco va más allá en su argumentación: «No se puede hablar de solidaridad con Palestina sin cuestionar las estructuras económicas y logísticas que puedan contribuir a perpetuar la ocupación, la violencia y la destrucción». En esa línea, defienden que los puertos, por su posición estratégica en las cadenas globales de transporte, otorgan a sus plantillas «la capacidad y la responsabilidad de actuar colectivamente cuando la actividad económica se utiliza para sostener guerras, alimentar la industria militar o contribuir a situaciones de opresión».
La jornada se produce en un contexto de aumento del gasto militar y de planes de rearme en la Unión Europea, así como de un uso creciente de infraestructuras civiles para logística de guerra. Para los convocantes, las guerras imperialistas no benefician a los trabajadores, que «pagan las consecuencias en salarios, servicios públicos y condiciones laborales», mientras los monopolios y los Estados se benefician. La WFTU ha calificado la acción como un ejemplo de solidaridad internacionalista y de la necesidad de conectar las luchas contra la guerra con las demandas cotidianas de la clase trabajadora.
Riesgos para las cadenas de suministro
Más allá de su dimensión política, la paralización coordinada de decenas de puertos —aunque sea durante horas— representa un riesgo de retraso en el tránsito de mercancías para importadores y exportadores con cadenas de suministro que pasan por el Mediterráneo occidental. En Italia, la organización USB ha ampliado la convocatoria a una huelga general de todos los sectores públicos y privados el mismo 30 de octubre, lo que puede extender los efectos más allá de los muelles y afectar a otros eslabones de la actividad económica.
Con esta jornada, el movimiento portuario internacional busca consolidar una red de coordinación que ya ha duplicado su alcance en menos de un año y enviar un mensaje: que los puertos, sostienen, deben ser «para la paz y el trabajo digno, no para la maquinaria bélica».
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