Compasión

Compasión

Por Javier Sádaba Garay*

Sin sentimientos morales no hay moral. Son la base y lo que fundamenta los juicios morales. Si no me indigno ante la injusticia no es posible que juzgue que se está maltratando a alguien y no opere defendiéndole, en consecuencia. Si no me avergüenzo o culpo por robar a un pobre, soy un mezquino y debo cambiar mis rastreras acciones. Y la compasión es también un decisivo sentimiento moral. Viene esto a cuenta por lo que estoy viendo y oyendo de lo que sucede en Ceuta. Son hechos y no es de recibo despacharlos con relatos ficticios y al servicio de quien impone sus intereses a su antojo. No voy a entrar en la incompetencia del gobierno o en la desfachatez de Marruecos y Estados Unidos, de todo eso y de mucho más se ha hablado y se seguirá hablando. Por mi parte, echo en falta que se aborde el enojoso tema de la emigración como el resultado de una lacerante desigualdad entre los seres humanos.

El dato esencial, que diría Pasolini, de que hay muy ricos y muy pobres. Todo ello, como fruto de una economía donde manda el dios Mamón. Mamón es una figura que aparece en la Biblia como la riqueza convertida en ser supremo. Curiosamente, Jesús, en el Evangelio del muy projudío Mateo, lo menciona como señor a no servir. Pero, volviendo en directo a la compasión y a Ceuta, me gustaría decir lo siguiente. La compasión no es paternalismo ni humanismo barato. Ni se resume en una retórica sobre los Derechos Humanos, tantas veces repetidos y tan poco conocidos en lo que realmente son. Se trata, más bien, de un afecto que va más allá de los deberes. Es la bondad en estado puro, lo que rompe el hielo de los intereses mutuos, lo más humano de lo humano. Por eso, ver que se rompen casetas contra la intemperie o se obstaculiza que se den alimentos a personas necesitadas de pan, exige una actitud moral que tiene que oponerse y denunciarlo. Se está pisoteando la compasión. Es cierto, y antes lo señalé, que se pueden criticar las tardías y apocadas reacciones del gobierno. O que debería haber más transparencia acerca de quiénes y cómo se administran las ayudas contra la miseria. O que el pueblo de Ceuta ha de ser escuchado y protegido, sin ningún tipo de españolismo rancio. Está siendo pasto de la codicia de los Estados.

A los caballas* no hay que dejarlos a los pies de los caballos. Pero nada de esto está por encima de la compasión. Esta no es algo abstracto o de moralismo débil. La Ética o moral en su significado más universal no está para tenerla en el refrigerador o para invocarla a modo de letanía. Es constitutiva de nuestra condición. Y la compasión, que es padecer con los otros, es una de sus partes. De ahí la condena a quienes pongan pegas a la solidaridad. En la vida no todo es utilitarismo, hay que erguirse como personas aunque se salga perdiendo. A la larga se ganará. No quiero acabar sin recordar a los cientos que han muerto ahogados en el mar. Mi recuerdo, aunque sea póstumo. Y mirarlo fijamente para que nunca más se repita.

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* Inicialmente, caballa se empleó como un apodo popular que se dio a los pescadores de Ceuta, que hacían excelentes mareas de este pescado en las aguas de aquella zona. Con el tiempo, el sentido del término fue ampliándose, hasta que terminó convirtiéndose en sinónimo de ceutí. Ello explica las frecuentes menciones a los caballas en las noticias que nos llegan desde aquella ciudad.

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