Sanidad penitenciaria: la banalidad del mal
Por Ana Vargas
«Love is…in tu piel» podría ser el título de una comedia romántica, de un poemario, incluso de una declaración de amor grabada en la corteza de un árbol…
Sin embargo, se trata del título de un artículo publicado en 2024, en la Revista Española de Sanidad Penitenciaria (suplemento I, volumen 26) con motivo de la celebración en Gasteiz del XV Congreso Nacional y XXIII Jornadas de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (SESP), creada en 1997 por «los profesionales» sanitarios penitenciarios para «mejorar la formación, la calidad de la atención a los reclusos e impulsar la investigación en el ámbito de la sanidad penitenciaria»
Sus autoras son Sonia Fraile Alonso, Andrea Robredo Manuel, ambas enfermeras en la cárcel de León y Eloína Mallada García, médico de prisiones del centro penitenciario de León y coordinadora del grupo de trabajo de salud mental y adicciones de la SESP.
«Love is…in tu piel» es el resumen frío y aséptico de un estudio sobre los casos de sarna registrados en la cárcel de Mansilla de las Mulas (León), entre enero de 2023 y febrero de 2024. De los 800 presxs que participaron, 38 fueron diagnosticados de sarna, todos hombres y con una media de edad de 30 años. Concluye el estudio que están ante un brote de sarna y que este exige más que un tratamiento, «debemos implicarnos en iniciativas comunitarias para conseguir su erradicación, haciendo E.P.S»
El artículo hubiera pasado desapercibido si no conociéramos desde hace años cómo tratan los servicios sanitarios de las prisiones a las personas presas.
La sarna en Mansilla de las Mulas está tan presente como los barrotes, las alambradas de espino, la metadona y las benzodiacepinas.
Tan solo diez meses después de este brote, ingresaba un chico procedente de Las Palmas, con síntomas de tener sarna, pues presentaba picores y ronchas en la piel.
Hasta febrero no le recibieron en enfermería y comenzaron a recetarle todo tipo de cremas: para la psoriasis, para problemas en la piel, tales como rozaduras, irritación, quemaduras, inflamación y también para la sarna. Los picores le llevaron a tal punto de desesperación, que en las conversaciones telefónicas con su madre le decía que quería quitarse la vida.
Mientras, insistió hasta la extenuación en salir al hospital y terminó en aislamiento «por pesado». Al fin, el 18 de junio lo ve un dermatólogo del hospital de León. Su diagnóstico no deja lugar a dudas: sarna costrosa, comentándole que era inhumano que lo hubieran tenido así durante tanto tiempo.
Poco después, otros 14 presos del mismo módulo presentaban idénticos síntomas y denunciaban una y otra vez las pésimas condiciones de los colchones, que no se cambiaran con la frecuencia debida sábanas y toallas, la falta generalizada de higiene del módulo. Denuncias que a día de hoy siguen sin atenderse. La directora de la cárcel en esas fechas, Henar García, negó los hechos. El juez de vigilancia penitenciaria número 3 de León, Fernando Javier Sanz Llorente y marido de la médica Eloína Mallada García, archivó la causa en agosto de este año.
Love is…in tu piel... Saquen quienes lean esto sus propias conclusiones. Las nuestras son claras. El principal problema de la atención sanitaria en las prisiones no es la falta de personal, qué también, sino la falta de humanidad y empatía de este personal y sobre todo, que sobran sádicxs y corruptxs.
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