«¡Revolución!»: Las protestas en Tirana continúan, a pesar de los gases lacrimógenos
Manifestantes lanzan piedras a la policía durante una protesta antigubernamental frente al Ministerio de Educación, en Tirana, Albania, el sábado 17 de octubre de 2026. (Foto AP/Hameraldi Agolli)
Por Shendi Veli*
Se cuela entre el micrófono de una televisión local y el hombre que está a punto de ser entrevistado. «Soy un estudiante de medicina», empieza. Luego continúa: «Con todo lo que han hecho, nos han quitado el miedo. Nos han quitado el miedo». Detrás de la bufanda subida sobre el rostro, parece tener apenas veinte años…
Son las primeras frases de una jornada de revuelta en Tirana, la quinta desde que los estudiantes tomaron las riendas de la plaza y, según la opinión generalizada, la más dura hasta ahora.
Por la mañana, mientras la gente va llegando poco a poco frente al ministerio de Educación, parece un sábado normal: tráfico ligero, tiendas abiertas, los famosos kafe rebosantes de vida. Solo dos detalles crean una disonancia: los semáforos todos fuera de servicio y las mascarillas quirúrgicas en los rostros de los transeúntes, son la protección improvisada de ciudadanos que prevén respirar gases lacrimógenos. Los semáforos rotos, en cambio, son el legado de cuatro días de enfrentamientos entre manifestantes y policía. De hecho, aún no es la una cuando los gases empiezan a raspar las gargantas en la Rruga e Durrësit, la calle del ministerio, donde ya se han reunido miles de personas. Esta vez no hay solo jóvenes: también han salido a la plaza ciudadanos de distintas edades.
Se dispone una fila de contenedores incendiados para marcar la demarcación con las fuerzas de policía ya desplegadas en formación antidisturbios. Salen algunas piedras acompañadas del canto «¡Revolución! ¡Revolución!». La respuesta represiva llega rápida con una serie cerrada de botes de humo y granadas sonoras. Se añade una novedad que en los días anteriores no se había visto: las balas de goma. Varios jóvenes resultan heridos en las piernas, en el costado, en el rostro. La multitud resiste protegiéndose de los gases, luego lentamente se aleja del ministerio y se reagrupa cerca de la plaza central.
Hacia las dos, las personas se reúnen en el Bulevardi i Dëshmorëve të Kombit, la amplia avenida donde tiene su sede la presidencia del Consejo, en el edificio racionalista diseñado por el arquitecto italiano Gherardo Bosio. Aquí el enfrentamiento con la policía durará hasta el crepúsculo. Por la tarde el bulevar está cubierto de piedras, como si sobre el asfalto se hubiera extendido un segundo pavimento.
Arden dos vehículos de la policía y un Volvo azul. De los manifestantes parten cócteles molotov, fuegos artificiales, piedras. La policía se ve obligada a retroceder varias veces, no solo por los lanzamientos sino también para reabastecerse de gases lacrimógenos; usan tantos que los suministros no dan abasto.
«El primer día no pensaba que habría esta represión. Respiré los gases y me sentí muy mal. Así que luego cogí esto», cuenta Jesmina Sengla, señalando la máscara antigás bajada sobre el mentón. Tiene 24 años, estudia Ciencias Políticas y ha participado desde el principio en la revolución de los flamencos, que durante cuatro meses ha vigilado pacíficamente la plaza de Tirana pidiendo la dimisión del gobierno y el fin de la venta de los recursos naturales.
«En Albania la guerra civil de 1997 ha dejado un trauma respecto a las protestas violentas, sobre todo en quienes tienen de 45 años en adelante. Los jóvenes que están en la plaza ahora, en cambio, tienen poca conciencia histórica de esa fase: esto en cierto sentido los protege de ese trauma y los hace libres de articular la protesta. De algún modo están influyendo también en la percepción de los adultos, que ven en ellos a hijos y nietos y ante la brutalidad de la policía no pueden sino ser solidarios —explica Jesmina—. Creo que esta protesta tiene algo de emancipador».
Cuando llega el crepúsculo, desde el bulevar devastado por los enfrentamientos se alza una vez más el mismo mantra: «Rama jepe dorheqen», Rama dimite. Hacia la noche la policía retoma el control de la calle, pero los enfrentamientos continúan de forma dispersa en las calles laterales. Se desatan las represalias. En la plaza Skanderbeg los vehículos de la policía hacen carruseles para rastrear a manifestantes.
A las siete de la mañana el primer ministro Edi Rama había difundido un videomensaje, mostrándose firme en sus posiciones. Desde entonces, durante toda la jornada, ha permanecido en silencio. Diversas personalidades políticas del país, entre ellas algunos exmiembros de su partido, lo invitan a tomarse en serio las demandas de la plaza, antes de que sea demasiado tarde. El director general de la policía, en cambio, defiende la actuación de los agentes afirmando que se han atenido a las líneas de gestión del orden público de los demás países europeos, y en el fondo no le falta razón. Al menos en esto Albania se muestra ya muy integrada. Por la noche se despliegan también para vigilar las calles las unidades especiales antiterroristas Renea, un caso aislado en la historia del país.
* Nota original: «Revolucion!», a Tirana la mobilitazione non si ferma. Nonostante i lacrimogeni
Shendi Veli, nació en Tirana y se crió en Roma. Se dedica al diseño de carteles digitales y, ocasionalmente, escribe.
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