María Vázquez Suárez: una maestra frente al miedo, una memoria frente al olvido
Por Miguel Hernández Bernárdez
El 19 de agosto de 2026 se cumplieron exactamente 90 años del asesinato de la maestra María Vázquez Suárez
Noventa años después de su asesinato, recordar a María Vázquez Suárez no significa vivir anclados en el pasado. Significa conocer nuestra historia para impedir que sus páginas más oscuras vuelvan a escribirse.
Hay profesiones que construyen edificios, otras que producen alimentos, otras que curan enfermedades. Y existe una profesión que ayuda a construir algo todavía más difícil: seres humanos capaces de pensar por sí mismos.
Esa profesión es la de maestra.
María Vázquez Suárez fue una de aquellas mujeres que entendieron la enseñanza no solamente como la transmisión de conocimientos, sino como una herramienta para abrir ventanas allí donde durante siglos habían existido muros.
Fue maestra en Galicia, ejerció en Pobra do Caramiñal y posteriormente en Miño. Defendió una enseñanza renovadora, laica y comprometida con la educación de sus alumnas y alumnos, y participó también en la defensa de los derechos de las mujeres.
Aquello, en los años treinta, era mucho más que enseñar a leer y escribir. Significaba enseñar a pensar.
Y para quienes pretendían imponer una sociedad basada en el miedo, la obediencia y el silencio, una mujer que pensaba, hablaba públicamente y enseñaba a otros a pensar podía convertirse en una amenaza.
Tras el golpe militar de julio de 1936, María Vázquez Suárez sufrió la represión desatada contra quienes habían defendido los valores republicanos y las transformaciones sociales y educativas de aquellos años. Fue detenida, encarcelada y finalmente torturada y asesinada el 19 de agosto de 1936, en Miño. El proyecto de investigación histórica Nomes y Voces la recoge entre las maestras víctimas de aquella represión y documenta su asesinato.
Tenía por delante una vida dedicada a enseñar. Se la quitaron.
Pero no pudieron borrar lo que representaba. Cuando enseñar se convirtió en un acto de valentía
María Vázquez Suárez no fue un caso aislado.
La represión contra el magisterio constituyó una de las páginas más dolorosas de aquellos años. Maestros y maestras fueron asesinados, encarcelados, depurados o expulsados de las escuelas porque una educación que enseñase a pensar libremente chocaba frontalmente con una sociedad construida desde la imposición y el autoritarismo.
En el caso de las mujeres existía además otra dimensión.
Eran mujeres que habían comenzado a ocupar espacios públicos que durante generaciones se les habían negado. Mujeres que enseñaban, intervenían en política, defendían derechos y reclamaban ser escuchadas.
Nomes e Voces recuerda precisamente que algunas maestras sufrieron, junto a la represión política, una violencia específicamente dirigida contra ellas como mujeres. María Vázquez Suárez figura entre esas víctimas.
Por eso su historia pertenece también a la historia de tantas mujeres que tuvieron el valor de decir aquí estamos, tenemos voz y tenemos derechos.
Noventa años después
El 19 de agosto de 2026, han pasado exactamente noventa años desde su asesinato. Podríamos pensar que noventa años son suficientes para dejar todo aquello encerrado en los libros de historia. Sería un error.
La memoria democrática no consiste en vivir permanentemente mirando hacia atrás. Consiste precisamente en mirar hacia atrás para saber hacia dónde nunca debemos volver.
Europa conoció el fascismo. España conoció una Guerra Civil, una dictadura y una represión que dejaron miles de familias rotas.
Otros pueblos del mundo han conocido también dictaduras, persecuciones, guerras y regímenes que comenzaron muchas veces dividiendo a las personas entre buenos y malos, patriotas y enemigos, ciudadanos merecedores de derechos y ciudadanos a los que esos derechos podían arrebatárseles.
Por eso debemos permanecer atentos.
En Europa, América, Asia, África y Oceanía vuelven a escucharse discursos que presentan al diferente como enemigo, que convierten el miedo en herramienta política y que ofrecen soluciones autoritarias a problemas sociales complejos.
Las circunstancias actuales no son las mismas que las de 1936 y sería irresponsable afirmar que la historia se repite exactamente de la misma manera.
Pero precisamente porque conocemos nuestra historia tenemos la obligación de reconocer las señales que pueden conducir a la intolerancia.
La democracia no se defiende únicamente introduciendo una papeleta en una urna.
Se defiende respetando al que piensa diferente.
Se defiende protegiendo los derechos humanos.
Se defiende garantizando una educación pública que enseñe a razonar y no a obedecer ciegamente.
Se defiende protegiendo la libertad de expresión.
Y se defiende recordando a quienes perdieron la vida porque otros decidieron que pensar diferente era un delito.
La última lección de una maestra
Tal vez esta sea la enseñanza más importante que María Vázquez Suárez puede ofrecernos noventa años después.
Quienes la asesinaron consiguieron acabar con su vida.
No consiguieron acabar con las ideas que representaba.
No pudieron impedir que generaciones posteriores de mujeres llegasen a las universidades, a las escuelas, a los hospitales, a los parlamentos, a los periódicos y a todos aquellos espacios que durante siglos les habían sido negados.
No pudieron impedir que millones de niñas aprendieran que su destino no tenía que decidirlo ningún hombre.
Y tampoco consiguieron que María desapareciera completamente.
Mientras alguien pronuncie su nombre, María Vázquez Suárez seguirá formando parte de nuestra memoria colectiva.
Por eso hoy no queremos recordarla solamente como una víctima.
Queremos recordarla como maestra.
Como mujer.
Como ciudadana.
Como una persona que tuvo el valor de defender sus convicciones en una época en la que hacerlo podía costar la vida.
Y queremos extender este homenaje a todas aquellas maestras y maestros anónimos que fueron perseguidos por intentar construir mediante la educación una sociedad más culta, más libre y más justa.
Las generaciones que hoy disfrutamos de libertades que entonces podían costar una vida tenemos una responsabilidad sencilla pero enorme:
no dar esas libertades por conquistadas para siempre.
La historia está escrita.
No podemos cambiar lo que ocurrió el 19 de agosto de 1936. Pero sí podemos decidir qué hacemos con aquella memoria. Podemos olvidarla y permitir que el silencio termine el trabajo que comenzaron sus verdugos. O podemos transmitirla a quienes vienen detrás.
Porque un pueblo que conoce su historia está mejor preparado para defender su futuro.
Y porque, noventa años después, aquella maestra todavía tiene algo que enseñarnos: frente al odio, educación; frente al miedo, libertad; frente al fascismo y cualquier forma de autoritarismo, democracia; y frente al olvido, memoria.
María Vázquez Suárez. 19 de agosto de 1936 – 19 de agosto de 2026.
Noventa años después, su memoria sigue enseñándonos.
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