La cantautora mallorquina presenta un álbum íntimo y mediterráneo con el que celebra 60 años de carrera, abordando desde la tragedia de la DANA en Valencia hasta la violencia machista y el drama de los migrantes.
Un disco que es poesía, memoria y denuncia social
Maria del Mar Bonet ha vuelto a la esencia. La artista, que en diciembre cumplirá seis décadas sobre los escenarios, acaba de publicar ‘L’aigua no cansa’ (El agua no cansa), un disco profundamente mallorquín y mediterráneo que supone un punto de inflexión en su trayectoria y una reivindicación de sus raíces. Concebido, creado y producido íntegramente en Mallorca, el álbum es una obra de una belleza madura e inteligente donde la poesía, la tradición popular y la denuncia social se dan la mano.
El título del disco, que recoge la máxima del folclorista Rafael Ginard sobre la música popular como algo que, como el agua, nunca cansa, es un fiel reflejo de su contenido. Un agua que fluye a través de nueve canciones que, en palabras de la crítica, «componen un todo cuando las escuchas seguidas». El álbum destaca por la mayor presencia de composición propia de la artista desde los años 80, aunque también dialoga con textos de otros autores como Toni Cuenca, Antoni Parera Fons o el poeta mallorquín Blai Bonet.
El resultado es un viaje que transita desde la sensualidad de ‘Blaus i blaus’ hasta la delicadeza de ‘Lluna de pau’, la canción que cierra el disco con la colaboración especial del pianista cubano José María Vitier. Una obra que, como ha destacado la crítica, «es una fiesta para los sentidos».
Una voz de denuncia contra la injusticia
Pero ‘L’aigua no cansa’ no es solo un ejercicio de introspección. La artista convierte su música en un altavoz para abordar algunas de las realidades más dolorosas del presente. Es el caso de ‘S’aigo no’, un tema que nace de una canción popular mallorquina y que se ha convertido en un himno de protesta y recuerdo para las víctimas de la DANA que asoló Valencia en 2024. «Habla del agua en un sentido doloroso», explica Bonet, quien no duda en señalar la «vergüenza» de un sistema político que, a su juicio, «ha faltado al respeto a toda la gente que ha sufrido» . En el tema, la artista se pregunta directamente: «¿Por qué hay gente que no tiene casa? ¿Por qué no se ha hablado de esas víctimas de las que se debe hablar?».
La canción, que ha sido coreada y aplaudida en sus primeras presentaciones en directo, también incluye una clara referencia a la violencia machista, otra de las grandes preocupaciones de la cantante. «Nos acostumbramos tristemente a ver cómo van matando a las mujeres, y eso es muy difícil de soportar», ha lamentado en varias ocasione A través de sus versos, Bonet reclama un mundo donde ninguna mujer sufra violencia y denuncia la «normalización» de estas tragedias.
Un disco artesanal y un regreso a las raíces
El álbum, que se ha editado en un lujoso formato libro-disco y en vinilo desplegable de tres palas, es también un homenaje al formato físico, un objeto que Bonet defiende con fervor. «No entiendo los formatos invisibles», ha afirmado, reivindicando el placer de tener un disco en las manos. Las imágenes que lo ilustran, obra del fotógrafo mallorquín Pep Bonet, añaden una capa más de profundidad a un proyecto cuyo cuidado se extiende a todos los detalles.
Para dar vida a estas canciones, Bonet se ha rodeado de un grupo de músicos mallorquines encabezados por el productor Toni Pastor, con quien comparte la dirección artística y los arreglos. El resultado es un sonido que bebe directamente de la tradición mediterránea, con el laúd, el violín, el contrabajo y la percusión como pilares, pero que mira al futuro con una voz que, lejos de cansarse, se muestra «más comprensiva, más magnánima».
La gira de presentación de ‘L’aigua no cansa’ ya ha comenzado con un exitoso concierto en el Palau de la Música Catalana y tiene previsto visitar escenarios como el Olympia de París el próximo mes de octubre. Con esta obra, Maria del Mar Bonet demuestra que, a sus 60 años de carrera, el agua de su inspiración sigue manando con fuerza y su voz sigue siendo un referente cultural imprescindible, tan necesario como el agua que no cansa.