Continúa la ola de protestas sacude Marruecos entre la causa palestina y la crisis del coste de la vida

Continúa la ola de protestas sacude Marruecos entre la causa palestina y la crisis del coste de la vida

Manifestación en Rabat contra las «masacres» de palestinos en Gaza y contra la normalización de relaciones de su país con Israel, dos años después del inicio de la guerra.

Por Agencia LQS

Las calles de más de 30 ciudades marroquíes han sido escenario en los últimos días de manifestaciones masivas contra la normalización con Israel y de concentraciones por el precio de los carburantes, en un contexto de creciente tensión social y política.

La coincidencia del tercer aniversario del estallido de la guerra en Gaza con el anuncio de elevación de las relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel ha desatado una oleada de protestas sin precedentes en el país magrebí. A ello se suma el descontento popular por el precio récord de los carburantes, que ha llevado a los taxistas de Casablanca a movilizarse y ha impulsado convocatorias ciudadanas de ámbito nacional.

La calle se vuelca con Palestina

Las manifestaciones propalestinas se han convertido en el eje principal de la contestación social en Marruecos. Según los registros de seguimiento, se han contabilizado hasta 76 actividades de protesta en 45 ciudades en los últimos días, con una participación especialmente destacada en Rabat, Casablanca, Fez, Agadir, Tetuán y Beni Mellal.

El punto álgido llegó el 7 de octubre, cuando cientos de personas se concentraron frente al Parlamento en Rabat coincidiendo con el aniversario del inicio de la guerra. Los lemas coreados por los manifestantes fueron inequívocos: «no a la normalización» con Israel, una consigna que resume el rechazo popular a la política exterior marroquí en la región.

Días antes, el 2 de octubre, otra concentración frente a la sede parlamentaria, convocada por activistas propalestinos, ya había anticipado el malestar ciudadano. Y tras la oración del viernes, los días 9 y 10 de octubre, las protestas se extendieron por más de treinta ciudades, con nuevas convocatorias para el sábado 10 en nueve urbes, entre ellas Casablanca, Agadir, Tánger y Kenitra.

La respuesta de las autoridades no se hizo esperar. La Delegación de Asuntos Locales de Tánger prohibió la concentración prevista para el 10 de octubre en la plaza 9 de Abril —conocida popularmente como «souk debra»—, alegando razones de seguridad. La medida, sin embargo, no logró sofocar el impulso de un movimiento que parece gozar de un amplio respaldo social.

Los taxistas de Casablanca alzan la voz

En paralelo a la causa palestina, el deterioro del poder adquisitivo ha alimentado otra ola de protestas de carácter socioeconómico. A principios de octubre, decenas de taxistas se concentraron en Casablanca para denunciar el aumento récord del precio de los carburantes, un coste que golpea directamente la rentabilidad de un sector ya de por sí precarizado.

Los profesionales del taxi exigieron medidas urgentes para paliar el impacto de los precios en su actividad diaria y en su capacidad de sustento. Su protesta no es un caso aislado: refleja un malestar más amplio que atraviesa a amplios sectores de la población marroquí.

En este sentido, la «Comisión de la Iniciativa Ciudadana para la Limitación de los Precios de los Carburantes» ha dado un paso más y ha convocado a la población a dejar de usar sus vehículos particulares durante una hora el próximo domingo 18 de octubre, entre las 13:00 y las 14:00 horas. El lema de la convocatoria —»Una hora por el poder adquisitivo y la dignidad social»— sintetiza la creciente indignación ante el encarecimiento del coste de la vida.
Un contexto de tensión política y profesional

El escenario de protesta se produce además en un momento de especial efervescencia política en Marruecos. Tras las elecciones legislativas del pasado 23 de septiembre, el país afronta una nueva legislatura marcada por la necesidad de dar respuesta a las demandas sociales acumuladas.

En el ámbito profesional, el sindicato de abogados de Marruecos decidió suspender temporalmente su huelga indefinida —que había paralizado los tribunales durante meses— a partir del 7 de octubre, dando paso a un diálogo político con las nuevas autoridades. Esta decisión contrasta con la firmeza de las protestas callejeras, que no parecen dispuestas a deponer su actitud.

El cruce de reivindicaciones —internacionales y domésticas, políticas y económicas— dibuja un panorama de creciente contestación en Marruecos. Las protestas propalestinas y contra la normalización con Israel conectan con una sensibilidad profunda de la sociedad marroquí, mientras que las movilizaciones por el precio de los carburantes evidencian un descontento social que atraviesa clases y sectores.

Con la prohibición de concentraciones en algunas ciudades y la convocatoria ciudadana del 18 de octubre en el horizonte, todo apunta a que las calles marroquíes seguirán siendo el termómetro de un país en ebullición.

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