¡¡¡BASTA YA!!!
Por Javier Díez Moro*
Jean Rostand (filósofo y académico francés) dijo:
«mata a un hombre y serás un asesino;
mata a millones y serás un conquistador;
mátalos a todos y serás Dios»,
que es justo lo que está haciendo Israel estos días en Gaza.
¡BASTA YA! Ha llegado el momento de intervenir militarmente en la Franja de Gaza. ¡BASTA YA! Gestos simbólicos como el reconocimiento del Estado palestino, tomar medidas blandas, muchas de las cuales de difícil aplicación o que no persuadirán a Israel de seguir llevando a cabo la masacre de inocentes, en estos momentos de urgencia son estériles, además de hipócritas. Solo la sociedad civil está demostrando con múltiples iniciativas estar a la altura de las circunstancias, forzando a los políticos a tomar algunas decisiones, aunque con desesperante parsimonia. ¡BASTA YA! No se puede perder ni un minuto más si la Comunidad Internacional no quiere pasar a los libros de historia como cómplice de este atroz genocidio. ¡BASTA YA! No podemos permitir que el genocida Estado de Israel se salte todas las leyes internacionales. Y digo Estado y no Gobierno porque lo que hace el Ejecutivo del criminal Netanyahu es aceptado mayoritariamente en la Knéset (Parlamento de Israel), donde de 120 legisladores tan solo nueve rechazan la guerra. Tampoco en las calles y en los medios de comunicación se han escuchado apenas voces críticas; quienes se manifiestan públicamente piden mayoritariamente un alto el fuego que permita el regreso de los rehenes en manos de Hamás.
Lo que está ocurriendo ahora y lo que está por venir, si nadie lo impide, va a ser un baño de sangre de proporciones monumentales. Ahora, destruidas desde el 17 de septiembre todas las infraestructuras de comunicación por parte del ejército israelí, Gaza está aislada del mundo. Sin informadores que puedan dar testimonio de nada (salvo los pocos que tengan una e-SIM para conectar su teléfono y asuman el peligro que supone ubicarse en un terreno más elevado para recibir señal), las hordas de Netanyahu van a continuar ejecutando el genocidio sin testigos que puedan denunciar en tiempo real las atrocidades.
A la vista de lo que la Comunidad Internacional viene permitiendo desde hace años a Israel, y de lo que ha permitido cuando el genocidio es una evidencia incontestable, nos lleva a pensar que va a continuar sin hacer nada efectivo; salvo contadas excepciones, los países tratarán de lavarse las manos, echando balones fuera. Tenemos que hacer que… Hay que tratar de… Condenamos enérgicamente… ¡Y mientras tanto se extermina a todo un pueblo!
Lo que Netanyahu desencadenó, amparándose en el derecho a defenderse, tras el 7 de octubre de 2023, fue el resultado de culminar el ideario sionista. Lo que lleva padeciendo el pueblo palestino desde que el Estado de Israel existe, al declarar su independencia de manera unilateral en 1948, ha generado dolor infinito y odio, mucho odio (aunque se podría asegurar que demasiado poco para lo que han tenido y tienen que soportar los palestinos). Tras el fin del mandato colonial británico de la región de Palestina, donde convivían palestinos y judíos, en 1947 la Asamblea General de la Naciones Unidas tomó la decisión de dividir esos territorios en dos Estados independientes, uno árabe-palestino y otro judío, con un área, que incluía Jerusalén y Belén, bajo un control internacional. Europa, de ese modo, propició la reubicación de miles de judíos que vivían en países de nuestro continente. La opinión de muchos analistas fue contraria al Plan de Partición por considerarlo pro-sionista, pues pese a que la población árabe-palestina duplicaba a la población judía, el Estado judío recibió el 56% de la tierra.
El grave error de ceder a las presiones sionistas para crear el Estado de Israel en tierras palestinas, ha sido el caldo de cultivo de todo lo ocurrido desde entonces. El sionismo, además, no se ha contentado con el regalo de un Estado, sino que ha demostrado una voracidad infinita a la hora de seguir ocupando nuevos territorios, para lo cual no le ha temblado el pulso para asesinar y echar a familias enteras de sus tierras. El Estado de Israel arrebató a Palestina, tras la partición de 1947, el 56% de lo que habían sido sus tierras, hasta llegar a nuestros días, en los que ya posee más del 85%. Y ahora pretende exterminar al pueblo palestino, asfixiándolo mediante bombas, hambruna y enfermedades, y que los posibles supervivientes huyan a otros países o a territorios de confinamiento -campos de concentración-, para llevar a cabo el proyecto estadounidense-israelí de construir en la Franja el resort de la “Riviera Trump de Gaza”. El plan a corto plazo de Israel también contempla anexionarse el 82 % de Cisjordania, aislar a Jerusalén Este -considerada como capital del cada vez más utópico Estado palestino-; en suma, quedarse con toda Palestina. «No habrá Estado palestino. Este lugar nos pertenece», ha declarado recientemente Netanyahu.
Desde mi punto de vista, el primer error de la Comunidad Internacional fue ir aceptando gradualmente que Israel se adueñase del relato de los hechos. Nada como tergiversar las palabras para justificar hechos injustificables. El uso semántico que Israel ha hecho de la realidad ha sido su gran victoria.
Cuando el 7 de octubre de 2023, milicias de Hamás y otros grupos armados palestinos se adentraron por sorpresa desde la Franja de Gaza hasta el sur de Israel (antiguo territorio palestino), el mundo entero conmocionó. Israel dijo que iba a ejercer su derecho a defenderse por ese “atentado” y desde entonces han transcurrido dos años infernales para todo el pueblo palestino.
Según condenaron Israel y los países occidentales, la incursión “terrorista” de Hamás supuso la muerte de 1195 israelíes (766 civiles y 373 militares y policías), así como la toma de 251 “rehenes”. También se sabe que murieron 1609 milicianos palestinos y fueron capturados 200.

Cabe preguntarse que, si los hechos del 7 de octubre fueron un acto terrorista, cómo habría que calificar las matanzas que desde 1948 sufren los palestinos (pertenecientes a la OLP, a Hamás o a la población civil) por parte del ejército israelí o a manos de colonos ilegales.
¿Por qué los gobiernos occidentales y la prensa internacional, al referirse al 7 de octubre, hablan de “atentados” y no de “operaciones militares”? ¿Acaso las milicias combatientes contra un país opresor y colonial no pueden llevar a cabo operaciones militares de resistencia?
¿Por qué, en una situación permanente de guerra entre un país invasor y otro invadido, los capturados son “rehenes” (cuando se trata de israelíes) o “prisioneros” (cuando son palestinos)? ¿Por qué los miles de palestinos encerrados en cárceles y campos de concentración, muchos de ellos menores de edad, antes de este tramo final del genocidio y también ahora, son llamados “prisioneros” y no “rehenes”? ¿Por qué lo que lleva haciendo el Estado de Israel desde hace más de 75 años en los territorios palestinos son “operaciones militares” en vez de “atentados”?

Y la gran pregunta, que muy pocos se atreven a hacerse: ¿Es Hamás un grupo “terrorista”? Pues, depende para quién. Mientras que para EE.UU. o la UE se trata de un grupo terrorista, para países como Brasil, Noruega, Irán, Siria, Rusia, Suiza, Chile, Cuba, Venezuela, Bolivia, Colombia, México, Turquía o China, no lo es o, cuando menos, mantienen una postura equidistante al respecto. A decir verdad, no existe una definición de terrorismo aceptada por la Asamblea de la ONU. Por tanto, el proceso para considerar a un grupo o persona como terrorista es diferente en cada país y en cada organización. Además, hay que tener en cuenta que, en 2014, la justicia europea asestó un duro golpe a los países miembros al anular la decisión que la Unión Europea adoptó en septiembre de 2003 de incluir a la organización palestina Hamás en la lista de grupos terroristas. El tribunal general consideró que la medida “no estaba basada en hechos examinados por las autoridades nacionales competentes”. Tampoco la ONU ha declarado nunca a Hamás como grupo terrorista. Quienes lo han hecho son países muy concretos, con EE.UU. a la cabeza, socio incondicional de Israel.
Israel está reconocido como potencia ocupante según la legislación internacional. Desde 1967 ocupa Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este mediante fuerza militar. Según el Derecho Internacional Humanitario, los pueblos bajo ocupación tienen derecho legítimo a resistir, incluso con armas, contra el ocupante. Así consta en resoluciones de la ONU, que reconocen el derecho de todos los pueblos a luchar contra la ocupación colonial y extranjera. Los Convenios de Ginebra y la práctica de la Corte Penal Internacional (CPI), no criminalizan la resistencia armada, siempre que se respeten las leyes de la guerra.
Hamás es un partido político que, tras las elecciones de 2006, ha estado gobernando la Franja de Gaza. En su ideario no comparte la idea de los dos estados, por lo que se negó a reconocer el derecho a existir de Israel (en suelo palestino).
“Mientras haya violencia colonial, ocupación y apartheid, habrá resistencia”, asegura Tareq Baconi, académico jordano de origen palestino, presidente del centro de estudios palestino Al Shabaka, con sede en Nueva York. Él no es el único que tiene opiniones contrarias a las que los países occidentales han dado por buenas desde hace tiempo.
La etiqueta “terrorista”, a menudo, es más propaganda que definición jurídica. Dicha etiqueta, divulgada por Israel, ha sido comprada por diferentes países, pero no por el derecho internacional. Israel ha impuesto la etiqueta de “terrorismo”, sin la más mínima duda, como herramienta de propaganda para evitar que el mundo hable de la ocupación y el apartheid, justificar bombardeos masivos contra población civil en Gaza y criminalizar cualquier forma de resistencia palestina, sea armada o incluso pacífica (ONGs, estudiantes, periodistas).
«Afirmó que “la resistencia armada bajo ocupación no puede ser reducida a terrorismo”, y que el debate debe incluir las raíces de la violencia: la ocupación y el colonialismo» (Judith Butler, filósofa estadounidense, Universidad de Berkeley).
«Aunque Hamás comete crímenes, representa la única fuerza organizada de resistencia en Gaza. Y llamarlos terroristas es un acto político diseñado para deslegitimar toda forma de resistencia palestina» (Norman Finkelstein, politólogo, autor de “Gaza: An Inquest into Its Martyrdom”).
Y muchísimas más personalidades de la intelectualidad mundial se han pronunciado en este mismo sentido.
Que Hamás haya cometido actos inaceptables (como matar civiles) no cambia su estatus legal. Esos crímenes deben ser juzgados por la Corte Penal Internacional (CPI), como ocurrió tras el 7 de octubre de 2023, cuando tres líderes de Hamás fueron procesados por crímenes de guerra. ¿Que el ejército de EEUU haya cometidos crímenes espantosos en Vietnam o Irak justificaría etiquetar a todo el gobierno estadounidense de terrorista?
Aun reconociendo que Hamás puede ser criticado por ciertos actos, eso no anula su legitimidad política ni su carácter de movimiento de liberación.
A lo largo de la Historia, muchos han sido los grupos terroristas que, una vez lograron sus objetivos de libertad, fueron considerados patriotas. Ser considerado una cosa u otra tiene que ver sobre todo con la diferencia que hay entre la victoria y la derrota. También tiene que ver con que ese grupo pertenezca a un país amigo con fuertes lazos comerciales con las potencias occidentales o no.
Quienes protagonizaron los levantamientos del 2 de mayo de 1808 en Madrid como respuesta a la invasión francesa, a los que siguieron oleadas de indignación e insurrección armada por todo el país, desembocando en la Guerra de la Independencia española, qué fueron. ¿Patriotas o terroristas? ¿Y qué decir de los partisanos que lucharon en Italia contra el fascismo y el nazismo, o de la Resistencia francesa que hizo lo propio contra el ejército alemán de ocupación? Terroristas o patriotas, ¿qué fueron? ¿Y Nelson Mandela, considerado el «padre de la nación sudafricana», por su lucha contra el apartheid, y Premio Nobel de la Paz, fue un terrorista o un patriota? O Yasir Arafat (líder de la OLP), que recibió el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos en favor de la concordia en Oriente Próximo y la liberación del pueblo palestino, y que anteriormente fue considerado por algunos países y por Israel de terrorista, ¿alentó el terrorismo o la resistencia? Vista en perspectiva, la resistencia palestina es comparable a otros movimientos anticoloniales en África, Asia y América Latina.
Como dijo el escritor y dramaturgo Alfonso Sastre, el terrorismo es la guerra de los pobres. Las páginas de los libros de historia están llenas con descripciones en las que los grupos desfavorecidos (pueblos oprimidos, colonizados, colectivos raciales, etc.), sin los recursos de los estados, recurren al terrorismo para enfrentarse al poder opresor.
La ONU acaba de alertarnos sobre la cifra de gazatíes asesinados por Israel desde el 7 de octubre de 2023: «Deberíamos empezar a pensar en 680.000 muertos». Existen varios estudios científicos que llegan a la conclusión de que, en efecto, la cifra que se maneja como oficial debería multiplicarse al menos por 10. Para esta conclusión, los investigadores utilizaron un método estadístico llamado «captura-recaptura» que ya se había utilizado para estimar el número de muertes en otros conflictos en todo el mundo -en Kosovo o Guatemala, por ejemplo-. Las estadísticas que han estado publicando los medios de comunicación son las que da el Ministerio de Salud de Gaza, que no tiene en cuenta los miles de cadáveres sepultados en montañas de escombros o las muertes indirectas que siempre son considerables en conflictos de este tipo. Posiblemente también, el manejo de cifras mucho más elevadas podría suponer la pérdida absoluta de la escasa moral que pueda tener la resistencia palestina. Según Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos, en caso de confirmarse este nuevo balance de asesinados, 380.000 de ellos serían menores de cinco años, mientras que un total de 1.581 serían trabajadores sanitarios.

Por todo esto, ya no queda tiempo para tratar de disuadir a Israel. Es cuestión de semanas, de días. O se interviene militarmente o la masacre va a ser insoportable. Netanyahu y el sionismo israelí se han propuesto exterminar por completo al pueblo palestino. ¡POR HUMANIDAD, INTERVENGAN YA! Sean los cascos azules o una coalición militar de países, pero actúen de una puta vez.
* Escritor y cineasta. Fotomontajes e ilustraciones del autor.
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