Cinco sirenitas te llevarán por caminos de algas y de coral…
Por Daniel Alberto Chiarenza
25 de octubre de 1938: suicidio en La Perla, Mar del Plata, de la poeta Alfonsina Storni.
Poeta, autora teatral y educadora vinculada al modernismo, nacida en Sala Capriasca, Suiza, el 29 de mayo de 1892. Sus padres fueron Paolina Martignoni di Origlio y Alfonso Storni, suizos de origen itálico. Alfonso Storni llegó en 1880 a San Juan, lugar donde tenía parientes y estableció una cervecería; pero regresó a su lugar de origen en 1885 para casarse y luego retornó a la Argentina con su esposa. En San Juan nacieron los dos hijos mayores, María y Romeo, con los que el matrimonio se trasladó a Suiza. Allí nació Alfonsina. Regresaron a la Argentina, primero el padre en 1893 y luego la madre en 1896, se establecieron en San Juan, donde Alfonsina inició sus estudios y transcurrió parte de su niñez.
Instalados en Rosario -provincia de Santa Fe- en 1900, la pequeña continuó estudiando en un colegio confesional. Allí, la madre fundó una escuela domiciliaria y su padre inauguró un café cerca de la estación del ferrocarril Rosario Central. Alfonsina se desempeñó como camarera en el negocio familiar; pero, la muerte del padre y la pobreza que siguió al acontecimiento, la obligaron a trabajar como costurera a domicilio y luego como obrera en una fábrica de gorras. Así fue como, tan pronto como pudo, Alfonsina reanudó los estudios, esta vez en la Escuela Normal de Coronda, también en la provincia de Santa Fe, en la que obtuvo su título de maestra rural en 1910. Tuvo esporádicas actuaciones como actriz en el teatro, tal es así que realiza una gira por un año con la compañía teatral José Tallavi y luego trabajó como docente en diferentes centros educativos. Publicó sus primeros versos y obras de teatro en las revistas Mundo Rosario y Monos y Monadas. Se instala en Buenos Aires en 1911 y su vida sentimental culminó con el nacimiento de un hijo, Alejandro Alfonso, el 21 de abril de 1912.
Consigue cierta estabilidad en el trabajo con el cargo de corresponsal psicológica en la Casa Freixas Hnos. Mientras su personalidad literaria comenzaba a afianzarse mediante el trabajo y el trato con escritores. En Alfonsina coexistirán dos virtudes raras para la concentración en una persona, la poeta: la emotiva y la intelectual. En lo sentimental es persuasiva y diestra. En lo intelectual su personalidad se irradia sin convicción, en medio de elaboraciones rítmicas de discutible belleza. Deja de lado el erotismo y aborda los temas desde un punto de vista más abstracto y reflexivo
Ahora, su prosa es netamente feminista y, según la crítica, posee una originalidad que cambió el sentido de las letras de Latinoamérica.
En 1916 publicó su primer libro: La inquietud del rosal, con prólogo de Juan J. Lastra; en 1917 aparece El dulce daño y se la nombra directora del internado de Marcos Paz. En 1918 trabaja como preceptora en la escuela de enfermos mentales de Parque Chacabuco. Da clases de declamación y recitales en entidades populares. En 1919 publica Irremediablemente. Escribía en Atlántida, La Nota, La Nación, Nosotros y Caras y Caretas.
En 1921 ganó el Primer Premio Municipal con su libro Languidez y también el Segundo Nacional. La crítica literaria en el período 1916-1925 la califica como romántica tardía; en cambio a partir de Ocre encuentra en ella rasgos de vanguardismo y recursos, poco usuales, como el antisoneto (o soneto en verso blanco).
Publicó Ocre en 1925 y Poemas de amor en 1926. Sus escritos reflejan, además de la patología que padeció gran parte de su vida y muestran la espera del punto final de su vida, expresándolo mediante el dolor, el miedo y otros sentimientos que no alcanzaban a incentivarla.
En 1927, estrenó en el Teatro Nacional Cervantes El amo del mundo, que despertó polémicas, porque a la obra asistieron el presidente de la República, Marcelo T. de Alvear y su esposa Regina Pacini, y no despejó las expectativas despertadas, fue muy vapuleada por tocar temáticas feministas complejas para la época y recibió duras críticas.
Desde 1921 tenía una cátedra en el Teatro Infantil Labardén, donde desarrolló sus ideas y puso en escena muchas piezas para niños; entre las alumnas estaba Amelia Bence, que interpretará a Alfonsina cuando se haga una película con la vida de la poeta. Estrenó otras dos obras para adultos: Cimbellina 1900 y pico y Polixena y la cocinerita (1931), que fueron publicadas en un volumen. Dictaba cátedras en la Escuela Normal de Lenguas Vivas y el Conservatorio Nacional de Arte Escénico. Era ya famosa, pues accede a la popularidad por el imperio innegable de su creatividad y la traducción de sus poesías. Visitó Europa y estuvo en el lugar de su nacimiento. En 1934 apareció Mundo de siete pozos y en 1938 Mascarilla y trébol y una Antología poética.
Le diagnosticaron cáncer de mama, del cual la operaron el 20 de mayo de 1935. A solicitud de un medio periodístico Storni se realizó un estudio de quirología, una pseudociencia que trata del estudio e interpretación de las características de las manos. Como era de esperar, en este tipo prácticas adivinatorias, el diagnóstico no fue acertado. Esto la deprimió aún más y le provocó un cambio radical en el carácter que la llevó a descartar los tratamientos para combatir la dolencia.
La trayectoria de Alfonsina va desde el ingenuo romanticismo hasta pisar el surrealismo, al que intentó penetrar con el juego barroco de su lirismo hermético y con la fuerza de los “antisonetos” de los últimos años de su vida.
Es innegable que, en su labor, en su oficio, fue destellante, lo que la hizo liderar cada causa que defendiera y sostuviera. Sobre el final de su vida regresó a la actitud afectiva, serena y logró el más bello poema de despedida de la literatura nacional.
Estaba ya muy afectada por la patología y se suicidó en Mar del Plata, arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres el 25 de octubre de 1938. El día anterior envió a La Nación la poesía “Voy a dormir”, que constituyó su conmovedora despedida. Alfonsina consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío y así lo había expresado en un poema dedicado a su amigo y amante, el escritor uruguayo Horacio Quiroga, quien también se había suicidado. Hay versiones sumamente románticas que dicen que se internó lentamente en el mar y sirvieron como inspiración para componer la zamba “Alfonsina y el mar”, la cual relata el suceso y sugiere el motivo. Su cuerpo fue velado inicialmente en Mar del Plata y finalmente en Buenos Aires. Sus restos se encuentran inhumados en el cementerio de la Chacarita.
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