Sábado 17: Octubre Rojo en Francia, 800.000 manifestantes

Sábado 17: Octubre Rojo en Francia,  800.000 manifestantes

Por Agencia LQS

La movilización convocada desde las redes sociales y secundada por colectivos sociales, estudiantes y chalecos amarillos derivó en una multitudinaria jornada de protesta por todo el país, con más de 800.000 manifestantes.

Lo que comenzó como una protesta ciudadana contra el alto coste de la vida se convirtió en una de las jornadas de mayor tensión social en Francia en los últimos años. La convocatoria, nacida de un vídeo viral en TikTok a comienzos de septiembre y articulada después como una «convergencia de luchas», llevó a la calle a cientos de miles de personas para denunciar la subida de los precios, el encarecimiento de los carburantes y el deterioro de los servicios públicos. A las protestas estudiantiles iniciadas en septiembre se sumaron los chalecos amarillos, sindicatos como la CGT, agricultores, jubilados, activistas climáticos y militantes antifascistas.

Las cifras, como suele ocurrir en este tipo de jornadas, dependen de quién las cuente. El Ministerio del Interior francés habló de aproximadamente 550.000 manifestantes en todo el país  y los organizadores hablan de más de 800.000. La diferencia no impide constatar una realidad: el malestar social ha vuelto a expresarse de forma masiva en las calles francesas, a seis meses de las elecciones presidenciales y con el Gobierno de Sébastien Lecornu bajo presión.

La mayoría de las marchas transcurrieron sin incidentes graves, aunque el enfado y la indignación con el gobierno francés desborda la paciencia ciudadana que sumada a la brutalidad policial, provoco también  reacciones de respuesta a la violencia del estado en algunas movilizaciones.

En París, la Plaza de la República y los alrededores de la Estación del Norte fueron escenario de enfrentamientos entre manifestantes  y la policía, que respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua,  en Lyon, la oficina de turismo de la Plaza Bellecour fue incendiada, en Marsella, un grupo de manifestantes irrumpió brevemente en el vestíbulo del ayuntamiento ,en Lille y Limoges también se asaltaron los respectivos ayuntamientos.

El balance oficial dejó cerca de 400 detenciones en todo el país, 195 de ellas en París, incluyendo trece menores. En Saint-Étienne, un joven manifestante perdió una mano a causa de la explosión de una granada policial. En Le Mans, los incidentes se extendieron hasta la estación de tren y la oficina de una eurodiputada del Reagrupamiento Nacional (RN). El ministro del Interior, Laurent Nuñez, había movilizado a 10.000 policías y gendarmes en todo el país, 5.000 de ellos en París, y había advertido antes de la jornada que se esperaban 250 acciones y 80 marchas en todo el territorio.

Más allá del ruido de las detenciones y de las imágenes de contenedores ardiendo, la jornada dejó una evidencia que los grandes medios tienden a diluir entre titulares de violencia: la carestía de la vida se ha convertido en un detonante social de primer orden. «Mi beca no me basta para vivir», explicaba Moubarak, estudiante de Tecnología de Datos en la Sorbona, que recibe 80 euros al mes. Malwen, estudiante de Derecho internacional, denunciaba «una falta de medios en las universidades, en los liceos, en los colegios, en toda la educación» y también «en los hospitales y en todos los servicios públicos». Zineb, sanitaria de un hospital público, criticaba que los salarios lleven «congelados desde hace mucho tiempo» y que lo único conseguido para compensar la inflación sea «un aumento de 150 euros en forma de prima».

La movilización no fue convocada por una estructura sindical tradicional, sino que brotó de dinámicas horizontales y se nutrió de colectivos diversos. Esa dispersión explica tanto su amplitud como su dificultad para canalizarse políticamente. El líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, encabezó la marcha parisina y afirmó que su mensaje «es claro: los que comparten nuestra lucha no tienen nada qué hacer en los saqueos ni en los actos vandálicos».

El presidente Emmanuel Macron ya ha prometido castigos para «quienes han destrozado, atacado prefecturas y comercios y saqueado incluso nuestros ayuntamientos».

Lo ocurrido en Francia no es un fenómeno aislado. La inflación, la precariedad y el desgaste de los servicios públicos recorren Europa de punta a punta. La diferencia, quizá, es que en Francia ese malestar encuentra una tradición de movilización y una capacidad de convocatoria que en otros lugares no se expresa con la misma intensidad. La pregunta que queda flotando es cuánto de esa energía social podrá traducirse en cambios concretos y cuánto se disipará en la próxima jornada de disturbios.

⇒ Francia en LoQueSomos

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