Etiopía se adentra en una espiral armada que amenaza con incendiar el Cuerno de África

Etiopía se adentra en una espiral armada que amenaza con incendiar el Cuerno de África

Por Miguel Ángel Fernández*

Lo que comenzó como uno más de los conflictos internos que asolan suelo etíope de manera periódica, amenaza ahora con extenderse por toda la zona.

El pasado mes de julio tuve la suerte de recorrer la geografía etíope y bucear en la amalgama de grupos étnicos y religiones que componen este fascinante país. Junto a la belleza de sus tierras pude también palpar el descontento de las gentes con el Gobierno de Abiy Ahmed, con la corrupción endémica, la existencia de las eternas disputas regionales irresueltas… y pese a una aparente calma exterior, la existencia de una tensión subterránea que podía estallar en cualquier momento.

Dicha sensación se hizo realidad cuando el 20 de septiembre, siete organizaciones, varias de ellas con su correspondiente brazo armado, anunciaron la creación de una Coalición para la Supervivencia de las Fuerzas Populares Etíopes, cuyo objetivo era derrocar al Partido de la Prosperidad, liderado por el primer ministro Abiy Ahmed, y sustituirlo por un amplio gobierno de transición. La coalición que ahora hacía su presentación pública, se había venido fraguando en los últimos meses con unos integrantes dedicados a limar asperezas—territoriales, étnicas, ideológicas— pese al largo historial de enfrentamientos previos que arrastran.

Si bien las escaramuzas se habían venido sucediendo con intensidad en los últimos meses, los combates ganaron magnitud y extensión el 23 de septiembre cuando los rebeldes iniciaron ataques contra las fuerzas del gobierno en las regiones de Tigray, Amhara y Afar en una ofensiva que llegó a capturar en sus primeros días Mekelle, capital de esa primera región, y su aeropuerto.

En todo caso, las tornas parecen haber cambiado en los últimos días y las fuerzas rebeldes estarían retrocediendo frente al contraataque gubernamental, mejor pertrechado militarmente, y aunque Asmara lo niega, testigos citados por la BBC afirman que fuerzas eritreas habrían cruzado la frontera en apoyo del Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF por sus siglas en inglés) ahora en retirada, lo que supondría una peligrosa extensión del conflicto con la implicación de actores externos. Por otra parte, y según nuestras fuentes sobre el terreno, tanto el Gobierno como los grupos rebeldes estarían reclutando a la fuerza a jóvenes para lanzarlos a la guerra.

Una alianza táctica contra el Gobierno de Abiy

Los grupos que integran la alianza de Fuerzas Populares Etíopes para la Supervivencia incluyen fuerzas tigrinas, milicias nacionalistas amhara fano y el Ejército de Liberación Oromo, principalmente; pero también otros grupos menores de diversas regiones, en una particular combinación de realidades con diferentes —incluso enfrentadas— visiones del país:

Por un lado, se encontraría lo que podríamos denominar el bloque etnofederalista, que defiende el modelo constitucional actual establecido en 1995, que divide el país en regiones basadas en la identidad étnica, y otorga el derecho a la autodeterminación de las mismas. Sus principales referentes son el TPLF, ideológicamente fundamentado en el nacionalismo tigrino y el socialismo, con un pasado marxista-leninista. Históricamente ha defendido el federalismo étnico, y llegó a institucionalizarlo mientras gobernó el país entre 1991 y 2018; y el Ejército de Liberación Oromo (OLA), basado en el nacionalismo oromo y una autodeterminación regional que representa a la etnia más numerosa de Etiopía. El objetivo de este organismo es el de combatir lo que consideran una subordinación histórica ante las élites del norte y conseguir el control sobre sus recursos y territorio.

Milicia del Frente Popular de Liberación de Tigray

Junto a ellos coexisten otras organizaciones menores como el Frente de Liberación Nacional de Ogadén (ONLF), de corte nacionalista somalí, el Frente de Unidad Democrática Revolucionaria de Afar y otros, que comparten el objetivo de una autonomía regional radical, la total descentralización y la defensa de los derechos de sus minorías étnicas.

En el polo opuesto se encontraría el Movimiento Nacional Fano Amhara (AFNM), defensor del nacionalismo amhara tradicional. Al contrario que sus actuales aliados de Tigray u Oromía, el Fano ha visto históricamente con recelo el federalismo étnico, pues considera que atomiza al país y desprotege a las minorías amharas que viven fuera de su región de origen y defiende la unidad e integridad territorial del país.

De momento, estas organizaciones, que llegaron a luchar en bandos opuestos durante la pasada guerra de Tigray —Fano luchó junto a las fuerzas federales etíopes— e incluso todavía arrastran disputas interétnicas y regionales —tigrinos y amhara siguen disputándose el Tigray Occidental— han olvidado sus diferencias, con el único fin compartido de expulsar a Abiy Ahmed del poder e instaurar un gobierno de transición inclusivo.

El peligro de la extensión regional

Al avispero interno se suma una compleja relación de Etiopía con sus vecinos de la zona. La más conflictiva es, sin duda, la que mantiene con Eritrea, país independizado de Adís Abeba en 1993 tras un cruento conflicto armado de varias décadas. Desde entonces las relaciones entre ambos países ha sufrido constantes altibajos; y si en el conflicto anterior entre el Gobierno y los rebeldes del TPLF, Eritrea luchó junto a las fuerzas federales etíopes, se da la paradoja de estar ahora apoyando a los rebeldes frente al Gobierno central.

El acuerdo de Pretoria en noviembre de 2022, que puso fin a aquellos enfrentamientos que duraron dos años, estipulaban que el TPLF debería desmovilizar sus fuerzas, algo que nunca llevó a cabo. Por otro lado, las relaciones entre Adís Abeba y Asmara se han ido deteriorando desde entonces, y Abiy, que, entre otras razones, había ganado el Premio Nobel de la Paz en 2019 por negociar un acuerdo para poner fin a la anterior guerra con Eritrea, encara ahora un enfrentamiento que abre en canal la brecha existente entre ambos países.

Gran Presa del Renacimiento. Imagen de wWikipedia

Las relaciones no son mejores con Egipto, que mantiene un rechazo frontal a la Gran Presa del Renacimiento que construye Etiopía en su administración del Nilo azul, alegando que pone en riesgo su seguridad hídrica y supervivencia. Con Somalia las tensiones se fundamentan en los amagos etíopes de convertirse en el primer país africano en otorgar el reconocimiento formal a Somalilandia —territorio independiente de facto desde 1991, pero legalmente considerado por la ONU como parte de Somalia y hasta el momento sólo reconocido por Israel—. El reconocimiento de este territorio podría ofrecer a Etiopía una salida al mar a través del puerto de Berbera, gestionado por Emiratos Árabes Unidos (EAU) —otro agresivo actor presente en la zona—. Finalmente, Sudán denuncia que Etiopía permite operaciones de los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) —también apoyadas, técnica y militarmente, por los EAU— desde su territorio fronterizo.

Con estos mimbres, los cuatro países se han reunido el 4 de octubre de 2026 en El Alamein, Egipto, dentro del marco del Foro de Negocios de África y han emitido una declaración conjunta donde manifiestan su preocupación frente al peso e influencia de Etiopía y donde, de paso, reivindican la gestión exclusiva del Mar Rojo por los Estados ribereños. La exigencia busca levantar un frente —no solo diplomático— contra el reclamo etíope de una salida al mar. No en vano Abiy Ahmed suele afirmar públicamente que dicho acceso es una cuestión de “supervivencia” y que en algún momento se corregirá “el error de haberlo perdido tras la independencia de Eritrea”.

En la espiral de enfrentamientos, Etiopía ha roto relaciones con Asmara y ha afirmado ante el Consejo de Seguridad de la ONU estar tomando medidas de autodefensa, además de acusar a Eritrea de enviar tropas a través de la frontera en apoyo al TPLF. A todo ello se ha sumado estos días la expulsión mutua de diplomáticos con Egipto.

En el otro lado de la balanza, Etiopía cuenta con el apoyo de Israel, con quien mantiene una relación de cooperación estratégica y de seguridad, que se ha concretado en acuerdos en materia de información, tecnología y lucha contra el terrorismo en la región; y con los EAU, socio estratégico fundamental y quien le proporciona apoyo financiero y militar clave, incluidos drones de combate. Etiopía busca aliados con los que salvaguardar sus intereses estratégicos; Israel y los EAU, contrarrestar la influencia de actores rivales en la región, como Irán o los hutíes de Yemen.

Lo que empezó hace algunas semanas siendo uno de los recurrentes conflictos internos que afectan a Etiopía, amenaza pues con extenderse a los países vecinos y acabar incendiando el Cuerno de África.

Mientras, en nuestra memoria perviven las imágenes del último enfrentamiento armado entre Etiopía y Eritrea que, según cifras de la Universidad de Gante, provocó la muerte de cerca de 500.000 civiles — otras fuentes hablan de 600.000— a causa de la hambruna y el colapso de los servicios sanitarios; una guerra que estuvo marcada por denuncias de masacres y de violencia sexual.

De momento hay ya 150.000 desplazados y una cifra todavía indeterminada de muertos. Y una vez más, el pueblo llano, en mitad del fuego cruzado entre contendientes.

* Cooperativista autoexplotado, peleando con CNT Prensa y pedaleando en la Fundación Anselmo Lorenzo
Otras notas del autor

⇒ Etiopía en LoQueSomos

Comparte, tus amig@s lo agradecerán…
Mastodon: @LQSomos@; Friendica: Loquesomos;
UpScrolled: @LQSomos; Telegram: LoQueSomosWeb;
Bluesky: LQSomos; Facebook: LoQueSomos;
Instagram: LoQueSomos; WhatsApp: LoQueSomos;
Youtube: @LoquesomosAudiovisual

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.