La era de los MANGOS: el nuevo orden de la IA
Por Iñaki Alrui*
Mientras un grupo de gigantes tecnológicos pugna por dominar la inteligencia artificial, Meta enfrenta una demanda histórica que cuestiona el coste humano de su modelo de negocio.
El tablero de poder en Silicon Valley está cambiando. El acrónimo GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) que durante casi dos décadas definió a los amos del universo digital, da paso a una nueva constelación de empresas: los MANGOS. Este nuevo club, formado por Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX, representa a las corporaciones que competirán por erigirse como la infraestructura fundamental de la próxima era tecnológica: la de la inteligencia artificial (IA). Sin embargo, el ascenso de estos nuevos imperios no está exento de polémica. El caso de Meta, uno de sus pilares, es paradigmático: mientras invierte miles de millones para ser un actor clave en la IA, se enfrenta a una demanda sin precedentes que le reclama 1,4 billones de dólares por presuntamente lucrarse a costa de la salud mental de los menores.
El relevo en la cúpula tecnológica
El cambio de guardia en la industria es más que un juego de siglas. A diferencia de las antiguas GAFAM, que consolidaron su dominio en la era de Internet, los MANGOS venden una promesa de futuro. Empresas como SpaceX, que acaba de salir a bolsa, o Anthropic y OpenAI, que se preparan para hacerlo, no cotizan solo por sus resultados financieros actuales, sino por su capacidad para moldear la inteligencia artificial que regirá la próxima década. Nvidia, por su parte, se ha convertido en el «vendedor de picos» en esta fiebre del oro, gracias a sus chips esenciales para entrenar IA, mientras que Google y Meta mantienen su relevancia por el control de los canales de distribución masivos. Este nuevo orden, como señala el análisis del sector, mantiene una fuerte tendencia al personalismo, con líderes carismáticos como Elon Musk, Sam Altman o Mark Zuckerberg al frente.

Una demanda que sacude los cimientos de Meta
Pero este ambicioso futuro tecnológico choca con el presente más polémico de uno de sus máximos exponentes: Meta. La compañía de Mark Zuckerberg ha revelado en un documento judicial que los fiscales generales de California, Colorado, Kentucky y Nueva Jersey le exigen una sanción de 1,4 billones de dólares (unos 880.000 millones de euros) por diseñar sus plataformas, Facebook e Instagram, para generar adicción entre los usuarios jóvenes, ocultando los riesgos para su salud mental. La cifra, que aparece en la respuesta de Meta a los escritos de los fiscales, equivale prácticamente a la capitalización bursátil total de la compañía, que este martes cerró en 1,54 billones de dólares.
«Una sanción de tal magnitud no tiene precedentes en la historia de la aplicación de la legislación en materia de protección del consumidor», ha protestado la dirección de Meta en sus alegaciones. Los estados demandantes calculan la penalización multiplicando el importe de las multas contempladas en sus leyes locales por el número estimado de adolescentes afectados. El fiscal general de California, Rob Bonta, ha señalado que el proceso judicial busca obligar a Meta a asumir su responsabilidad por haber antepuesto los beneficios económicos a la seguridad infantil. «Meta ha antepuesto los beneficios a la seguridad de los niños y ha agravado la crisis de salud mental que, según observamos, está afectando a toda una generación de niños estadounidenses», ha afirmado un portavoz de su departamento.

Ofensiva judicial y contexto global
Este proceso forma parte de una ofensiva judicial a gran escala en el país. Veintinueve estados han demandado a la corporación en la justicia federal por recolectar información de menores sin el consentimiento de sus tutores, vulnerando la legislación estadounidense de privacidad infantil. El juicio de agosto ante la jueza Yvonne Gonzalez Rogers unificará estas reclamaciones junto con las acusaciones específicas de los cuatro estados sobre el diseño adictivo de los servicios. A esta vista le seguirá otro juicio en febrero del próximo año en el que participarán otros 14 estados.
La presión sobre el sector se ha incrementado tras los recientes reveses en los tribunales. El pasado marzo, un jurado del estado de Nuevo México condenó a Meta a abonar 375 millones de dólares tras probarse que la empresa engañó a los consumidores locales. Meta niega los cargos argumentando que la adicción a las redes sociales no es una condición psiquiátrica reconocida, pero la jueza del caso rechazó el mes pasado su intento de suspender el proceso, al considerar que existen discrepancias sobre si las aplicaciones se dirigen a los niños.
Otras empresas del sector como Snapchat, Alphabet (Google) y ByteDance (TikTok) afrontan miles de reclamaciones similares en los tribunales estadounidenses por el impacto de sus algoritmos de recomendación en la población menor de edad. La campaña de demandas en EEUU tiene un eco en el resto del mundo a través de diversas propuestas de regulación para prohibir el uso de redes sociales a los menores de 16 años. Australia fue el primer país en aprobarla, con resultados contradictorios, mientras que en España, Francia y Reino Unido se encuentra en tramitación parlamentaria.
La era de los MANGOS se abre con una promesa de innovación descomunal, pero también con un precio potencialmente insostenible: el de un modelo de negocio que, para algunos, se ha construido sobre la explotación de la atención y el bienestar de sus usuarios más vulnerables. El desenlace de la demanda contra Meta no solo determinará el futuro de la compañía, sino que sentará un precedente crucial sobre los límites legales y éticos de la industria tecnológica en su nueva etapa de dominio de la inteligencia artificial.
* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
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