¿Y si es la hora de la III República?

¿Y si es la hora de la III República?

Por Julián Zubieta Martínez*

Es difícil no ver paralelismos en este país entre aquella época y la arrogancia actual de los mandatarios y responsables políticos, jurídicos, policiales y militares, incluyendo a la familia Real

Fue el poeta surrealista René Char quien, a mediados del siglo XX, escribió que nuestra herencia no está precedida por ningún testamento. Este aforismo ayudó a Hannah Arendt a formular que la tradición, en este caso el testamento de la historia, tiene como función principal proporcionar respuestas a todas las preguntas encauzándolas según categorías predeterminadas, es decir, entrega por derecho las verdades del pasado al futuro. Desde un punto de vista histórico, tratados, acuerdos, cartas magnas… son los que legitiman y oficializan la violencia que ha posibilitado que sean unos y no otros quienes ejerzan el poder absoluto. Absurdo. No son más que simples valijas diplomáticas que transcriben ajustes confeccionados con la intención de permanecer eternamente en el poder a los vencedores, determinando motu propio el fin del progreso en las vidas venideras. Ese es el testamento de la tradición al que se refiere el poeta surrealista: un legado permanente que confirma a la violencia como partera de la historia. Lo que los vencedores no prevén es que las directrices recibidas a través de la herencia de la tradición nunca son definitivas en su permanencia, pues olvidan que transmitir nunca ha significado conservar intacto el pasado. Por ello, cada generación debe decidir qué considera mantener y qué nuevas respuestas transformadoras deben surgir. Esto implica alterar la geografía de los hábitos heredados para evitar que el atraso y la injusticia se perpetúen invariables.

De esta forma, tras los trágicos sucesos ocurridos este verano en aguas ceutíes, y casi nunca recordados en totalidad, me planteo dos cuestiones que derivan en otra interrogante: ¿Y si de nuevo la conflictiva relación entre los reinos de Marruecos y España desemboca como muchos quieren, no en un cambio de gobierno, sino en un cambio de régimen político? ¿Y si ha llegado el tiempo de la III República, como hace casi cien años tras el Desastre de Annual y el suspendido Expediente Picasso que finalmente, retomado en noviembre de 1931, condenó in absentia por alta traición al ya entonces exrey Alfonso XIII, por sus enriquecedores negocios personales en ese territorio? Para profundizar en este tema nada mejor que las esplendidas novelas La forja de un rebelde de Arturo Barea, e Imán de Ramón J. Sender. En definitiva: ¿Por qué mantenemos como inmutable la Constitución de 1978 otorgada por el testamento dictatorial, si la sociedad actual no tiene nada que ver con la que la confeccionó y votó?.

Es difícil no ver paralelismos en este país entre aquella época y la arrogancia actual de los mandatarios y responsables políticos, jurídicos, policiales y militares, incluyendo a la familia Real. Incluso internacionalmente se intuye cierta similitud. Entonces la inquietud social discurría, al igual que ahora, hacia los vertiginosos cambios tecnológicos, la dominación del comercio global, los intereses enfrentados entre las potencias coloniales más poderosas, la polarización política entre reacción y progreso, y el declive de la potencia hegemónica de la época: el Reino Unido, equiparable al de los Estados Unidos en la actualidad. Acontecimientos que, en 1939, desembocaron en otra tremenda guerra, cuyo anticipo fue la guerra civil desatada en España tras el golpe de estado fallido por los africanistas antes mencionados en julio de 1936 que dejó en el trono, por herencia, al actual monarca.

En el fondo de esta situación, tal y como entonces, se ven claramente los intereses comerciales de las potencias colonizadoras y de la industria armamentística. No podemos dejar pasar por alto que la estrategia ideada por el gobierno de Trump, atosigado por su enorme deuda exterior, es similar a la puesta en marcha por Alemania en aquella época: imperialismo comercial a cualquier precio, incluso firmando tratados con Rusia. A nadie se le escapa que Rabat busca desde hace décadas volver a ser el Gran Marruecos, anexionando territorios de Argelia, Mauritania, el Sáhara y Mali. Una realidad que, respaldada por Trump, ve cada vez más cercana con los Acuerdos de Abraham en el 2020, potenciados en 2026 con su participación en la Junta de la Paz. Tratados que le han proporcionado la soberanía sobre el Sáhara Occidental ante la cruel dejadez de los gobiernos de España, saltándose la ONU a la torera a cambio de establecer relaciones con Israel. No solo esto, la estrategia de EEUU e Israel planifica el dominio de las posiciones clave entre las que se encuentra el Estrecho de Gibraltar, siendo esta una de las causas de la crisis ceutí. Con un estado soberano y aliado como el Reino de Marruecos se garantizarían el control del Estrecho, lo que unido a otras posiciones estratégicas clave del mundo como son los estrechos naturales de Ormuz, de Bad el-Mandeb o el de Malaca, a los que hay que sumar los puntos de estrangulamiento artificiales como son el canal de Suez y el canal de Panamá, proporcionarían el dominio del comercio internacional a estas dos potencias.

Además, de todo esto, en ningún momento hay que descartar que las intenciones de Trump no sean las de hacer con el estado español lo mismo que está haciendo en América, a través de una nueva lectura de la Doctrina Monroe, venezolanizando al gobierno actual o al que venga tras las próximas elecciones. Antes de llegar a eso, deberíamos plantarnos y exigir, por lo menos, un referéndum de la opción negada de proclamar la III República, cuya proclamación desembocaría en un nuevo proceso constituyente acorde con la sociedad actual. Un nuevo modelo político con reducción de gastos que se plantease, entre otras, las cuestiones geográficas con el Reino de Marruecos y la política exterior sin intervención borbónica, por ejemplo.

* Publicado en el Noticias de Navarra

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