El planeta rompe el termómetro: 1,65°C sobre el infierno

El planeta rompe el termómetro: 1,65°C sobre el infierno

La temperatura global de la superficie del mar alcanzó un máximo histórico registrado en agosto de 2026. © OMM/Matthew Wilson

Por Luz Micelio

El planeta acaba de vivir su agosto más caluroso desde que existen registros, con los océanos alcanzando temperaturas nunca antes medidas y una sequía que estrangula los grandes ríos de Europa. No es un aviso: es la realidad del colapso climático en tiempo real.

Un récord que no sorprende, pero que estremece

La Organización Meteorológica Mundial lo confirmó el pasado viernes sin rodeos: agosto de 2026 ha sido el agosto más cálido jamás registrado, empatado con julio de 2023 como el mes más caluroso de la historia moderna. La temperatura media global de la superficie terrestre alcanzó 1,65°C por encima de los niveles preindustriales, superando por primera vez en meses el umbral simbólico de 1,5°C establecido en el Acuerdo de París.

Foto: ADB/Igor Burgandinov

Los datos, recogidos por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la Unión Europea, dibujan un mapa del horror térmico: el calor extremo se extendió por Europa, África, Asia y ambas Américas. Todos los diez agostos más cálidos de los que se tiene constancia han ocurrido desde 2016. No estamos ante una anomalía. Estamos ante un patrón que se consolida año tras año, mes tras mes, mientras las emisiones de gases de efecto invernadero siguen sin reducirse al ritmo que la ciencia exige.

Los océanos, ese termómetro silencioso que ya hierve

Si la superficie terrestre arde, los mares no se quedan atrás. La temperatura media diaria de la superficie oceánica fuera de las regiones polares alcanzó los 21,11°C en agosto, un récord histórico absoluto. Las aguas del Atlántico y del Mediterráneo occidental registraron temperaturas nunca vistas para el mes, acompañadas de extensas olas de calor marinas que están devastando ecosistemas enteros.

Anomalías y valores extremos de la temperatura de la superficie del mar en agosto 2026

Un informe de World Weather Attribution reveló que el Mediterráneo se está calentando al doble del ritmo global, con cerca del 90% del golfo de Vizcaya y el 80% del Mediterráneo occidental sufriendo olas de calor marinas clasificadas como severas. Claire Bergin, investigadora del instituto ICARUS, calculó que el factor humano añadió casi 2°C a la temperatura del Mediterráneo y más de 1,3°C a los mares del oeste europeo.

Las consecuencias son inmediatas: mortalidad masiva de corales, esponjas y macroalgas; especies comerciales como el bacalao, la caballa o la vieira gravemente amenazadas; y un riesgo creciente de tormentas extremas sobre las costas debido a la mayor humedad atmosférica.

El Niño intensifica la trampa perfecta

Detrás de estos récords no solo está el calentamiento global. El Niño, ese fenómeno climático natural que calienta las aguas del Pacífico tropical, está plenamente establecido y, según la OMM, se intensificará hasta convertirse en un episodio «muy fuerte» a finales de 2026, con una probabilidad cercana al 100% de persistir hasta febrero de 2027.

Lo que hace especialmente peligroso a este El Niño es que se produce sobre un océano ya recalentado por décadas de emisiones. Los científicos han medido anomalías de hasta 2,6°C por encima de la media en la superficie del Pacífico ecuatorial, y de más de 8°C en aguas subsuperficiales. Es la combinación letal: un fenómeno natural amplificado por la emergencia climática provocada por el capitalismo fósil.

Granja en Oberbottigen, Cantón de Berna, Suiza. La tierra cultivable debido a la sequía se convirtió en julio y parte de agosto en superficies secas casi con arena desértica. Foto Sergio Ferrari

Europa se seca: ríos al mínimo, cosechas perdidas, nucleares paradas

El viejo continente, que se calienta más rápido que la media global, está viviendo las consecuencias directas de esta combinación tóxica. La sequía afecta ya a la mitad del territorio de la UE y el Reino Unido, con un 9% en nivel de alerta severa.

Los cuatro grandes ríos europeos —el Rin, el Po, el Danubio y el Loira— registran caudales mínimos históricos. El Rin bajó a 74 centímetros en Colonia, su nivel más bajo desde que hay registros. El Danubio, arteria fluvial de Europa central y oriental, ha visto cómo el nivel caía 140 centímetros por debajo de lo habitual en Hungría, donde la sequía afecta ya al 89% del territorio. Rumanía ha tenido que hundir barcazas llenas de piedras para desviar agua hacia su único reactor nuclear operativo.

Austria ha sufrido su periodo de 12 meses más seco desde que existen registros, con pérdidas agrícolas que podrían alcanzar los 1.000 millones de euros. En Francia, las autoridades calculan pérdidas millonarias mientras adelantan cosechas a fechas récord. El Po ha perdido el 65% de su caudal medio. En Alemania, el calor extremo —con un récord de 41,8°C este verano— se suma al descenso del Rin, dificultando el transporte de mercancías por vía fluvial.

Reino Unido, un país tradicionalmente húmedo, ha declarado la sequía en tres cuartas partes de Inglaterra y todo Gales tras el julio más seco de su historia.

Zonas donde se registran las intensidades más altas de exposición a peligros múltiples respecto a ocho subgrupos de amenazas:
inundaciones fluviales, inundaciones costeras, tormentas tropicales, sequías, olas de calor, calor extremo, incendios y tormentas de polvo y arena.

Lo que El Niño nos depara: hasta 2027 sin tregua

La OMM ha sido categórica: las previsiones indican una probabilidad «excepcionalmente elevada (cercana al 100%)» de que El Niño persista hasta febrero de 2027, con impactos climáticos que se extenderán durante buena parte del próximo año.

Esto significa más sequías, más inundaciones, más olas de calor extremo. Significa cosechas perdidas, reservas hídricas al límite, ecosistemas marinos colapsando y comunidades enteras en riesgo. Significa, en definitiva, que lo que estamos viviendo no es el peor escenario posible: es solo el comienzo de lo que el calentamiento global tiene preparado si no se actúa de forma drástica e inmediata.

La ciencia no deja lugar a dudas. El planeta se calienta, los océanos se acidifican, los glaciares desaparecen y los fenómenos extremos se multiplican. La pregunta ya no es si podemos evitar el colapso climático, sino si quienes tienen el poder para frenarlo —gobiernos, corporaciones, élites económicas— están dispuestos a hacerlo. La respuesta, por ahora, es un silencio ensordecedor mientras el termómetro sigue subiendo.

Más artículos de la autora

Comparte, tus amig@s lo agradecerán…
Mastodon: @LQSomos@; Friendica: Loquesomos;
UpScrolled: @LQSomos; Telegram: LoQueSomosWeb;
Bluesky: LQSomos; Facebook: LoQueSomos;
Instagram: LoQueSomos; WhatsApp: LoQueSomos;
Youtube: @LoquesomosAudiovisual

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.