El «Niño» se vuelve gigantesco: sequías, inundaciones y calor extremo
Por Luz Micelio*
La Organización Meteorológica Mundial advierte de que el episodio actual tiene un nivel de certeza sin precedentes y alcanzará su máxima intensidad a finales de 2026. El Secretario General de la ONUasegura que «el planeta se encuentra en aguas desconocidas», mientras las movilizaciones para prepararse ante el desastre se intensifican.
El fenómeno climático de El Niño ya está firmemente establecido y se intensificará hasta convertirse en un episodio de intensidad «muy fuerte» durante los próximos meses, aumentando el riesgo de inundaciones, sequías y calor extremo en distintas partes del planeta. La advertencia, realizada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) la pasada semana, sitúa a la comunidad internacional en un escenario de alerta sin precedentes, con una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista al menos hasta febrero de 2027.

Las aguas del Pacífico tropical, excepcionalmente cálidas, están alimentando el fenómeno, que previsiblemente seguirá fortaleciéndose hasta alcanzar su máxima intensidad hacia finales de 2026. Sin embargo, sus repercusiones climáticas se dejarán sentir bien entrado 2027, afectando a la agricultura, la salud, la energía, los recursos hídricos y la gestión de desastres a nivel global.
«El Niño está adquiriendo una magnitud extraordinaria ante nuestros ojos. La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas, y esas aguas se están calentando», declaró el Secretario General de la ONU, António Guterres, y también subrayó que la carrera actual se libra «entre unos riesgos crecientes y la capacidad de actuar frente al cambio climático y proteger a las personas».
El informe de la OMM revela datos que confirman la excepcionalidad del momento. En la zona central y oriental del Pacífico ecuatorial, las temperaturas de la superficie del mar están muy por encima del promedio y continúan aumentando. Entre finales de julio y mediados de agosto, los valores semanales se situaron entre 2,2 °C y 2,6 °C por encima del promedio, una evolución que apunta a una intensificación continuada. El calentamiento es aún más pronunciado bajo la superficie, donde algunas zonas registraron temperaturas superiores en más de 8 °C al promedio durante julio y principios de agosto.

Un fenómeno global con impactos desiguales
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que el fenómeno tiene el potencial de asestar «un golpe enorme» a comunidades y economías de todo el mundo. «Ya estamos viendo perturbaciones y devastación causadas por sequías e inundaciones y esperamos que estos impactos aumenten a medida que El Niño se intensifique».
No obstante, la OMM subraya que un episodio «muy fuerte» no significa que sus efectos sean igualmente intensos en todos los países. Los impactos cambian según la ubicación y la época del año, y pueden verse reforzados o debilitados por otros factores climáticos en los océanos Índico y Atlántico. Por ello, los pronósticos regionales y nacionales serán fundamentales para determinar qué territorios afrontan mayores riesgos.

Los primeros estragos ya se dejan sentir
Mientras la comunidad científica refuerza sus sistemas de alerta, los efectos de El Niño ya están causando estragos en diversas regiones:
Centroamérica: La alteración de las lluvias ha provocado una fuerte sequía y escasez de agua, catastrófica para los cultivos de maíz. Países como Panamá y El Salvador ya se han declarado en emergencia, y la reducción del tráfico de buques por el canal de Panamá es una de las consecuencias más visibles.
Suramérica: Ecuador ha impuesto la alerta roja ante la intensificación del fenómeno, mientras que Perú ha declarado el estado de emergencia en casi todos sus departamentos. En Brasil, se ha desplegado el mayor contingente de brigadistas de la historia para combatir los incendios forestales.
India: Las lluvias del monzón han estado por debajo de lo normal, lo que tendrá efectos perjudiciales en la agricultura del país.
Pacífico Norte: El fenómeno está contribuyendo a la formación de huracanes de gran intensidad. Actualmente, los huracanes Karina y Lowell, ambos de categoría 4, avanzan por el Pacífico, algo que los expertos califican como «definitivamente raro de observar» .

España en el punto de mira
Aunque la relación entre El Niño y el clima europeo es considerada «débil» por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), la intensidad excepcional del fenómeno actual podría modificar esta tendencia. Las previsiones apuntan a que El Niño puede favorecer otoños o comienzos de invierno más lluviosos de lo normal en España. En concreto, los modelos indican una mayor probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en prácticamente todas las zonas terrestres para el periodo entre septiembre y noviembre de 2026.
Septiembre y octubre se perfilan como los meses de mayor riesgo. El calor acumulado en el mar Mediterráneo y la llegada de las primeras bolsas de aire frío en altura pueden favorecer tormentas intensas, con lluvias torrenciales, granizo y actividad eléctrica, especialmente en el litoral mediterráneo, Baleares y el este de Andalucía. La Comunidad Valenciana, Murcia y Cataluña se encuentran entre las zonas potencialmente más expuestas.
Sin embargo, la Aemet insiste en la cautela, ya que un otoño con un balance húmedo no garantiza que las lluvias sean regulares. Podría darse el caso de que las precipitaciones se concentren en pocos episodios torrenciales, mientras algunas cuencas del sur, nordeste o interior continúan sufriendo sequía.

Llamado a la acción y la preparación
Ante este escenario, la OMM y los servicios meteorológicos nacionales están reforzando sus preparativos y sistemas de alerta temprana. Celeste Saulo destacó que nunca antes, en los 50 años de historia de la organización, se había puesto en marcha una movilización de esta magnitud. La máxima prioridad, según la organización, es convertir el pronóstico en acción temprana para reducir las pérdidas humanas y económicas.
«El Niño no tiene por qué ser una receta para el desastre. Tenemos las previsiones y la capacidad de anticipación necesarias para salvar vidas y proteger los medios de subsistencia», afirmó Saulo. Contar con pronósticos fiables permite que gobiernos, organismos humanitarios y comunidades dispongan de tiempo para anticipar los posibles impactos, desde preparar los sistemas sanitarios y gestionar las reservas de agua hasta proteger cultivos o evacuar poblaciones.
Aunque El Niño es un fenómeno natural y no está causado por el cambio climático, los científicos esperan que agrave las temperaturas de un planeta que ya se está calentando por la quema de combustibles fósiles. Con el fenómeno alcanzando su punto máximo a finales de año y el calor oceánico liberándose lentamente, se anticipa que 2027 podría convertirse en el año más cálido jamás registrado.
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