Una sobre la Magistratura. Y otros asuntos
Por Rafael J. Rodríguez Marrero*
No parece normal lo que ocurre con la judicatura española: llevamos algunos años observando cómo jueces y juezas (sector ultraconservador como los haya en el reino) se están regodeando con el entorno del presidente del gobierno del país.
Han entrado “a saco” contra antiguos colaboradores del PSOE, al parecer corruptos. Bien. Pero como eso les ha parecido poco, llevan un tiempo tocando las narices a su señora, a su hermano,… Carlota y Ainhoa, las hijas de Pedro Sánchez, bien debieran cuidarse de cuanto hacen; las cloacas del Estado y la judicatura española podrían caer sobre ellas cual carroñeros.
En el lenguaje habitual, estas actuaciones tendenciosas del aparato judicial de un Estado reciben el nombre de “lawfare” (una modalidad de “golpe de Estado” pero sin militares pegando tiros; son los togados quienes toman la iniciativa).

No soy jurista y debo reconocer que los estudios de Derecho son los últimos que se me hubiera ocurrido realizar; sin embargo, como ciudadano algo informado de lo que acontece en el panorama sociopolítico nacional e internacional, muestro mis dudas respecto a las actuaciones de un poder que, entiendo, no realiza sus funciones de manera responsable e imparcial. Algunas personas pensamos que tales errores se deben en buena medida a que el poder de que disponen sus magistrados es dependiente de la oligarquía hispana; esa que desea recuperar el control político del país dado que considera la península ibérica (exceptuando Portugal) cual finca particular.
Esa no separación e independencia del poder judicial da idea de hasta qué punto la democracia en España es “demediada”. El “régimen del 78” viene tambaleándose desde hace bastante tiempo.
Y es que la ejemplar “Transición española” fue simplemente un relato bien elaborado para acallar, en el plano internacional, lo que las gentes mínimamente “despiertas” en el país denunciaban: de una genocida y sanguinaria dictadura no puede pasarse a una democracia que se precie sin limpiar los andamios del estado dictatorial: políticos, jueces, empresariado corruptor, mentirosos medios de desinformación,…
Entre los grupos políticos, sin duda, dos han sustentado el “régimen del 78”: el PSOE y AP-PP.

Desde hace algún tiempo -tras la moción de censura que desbancó de La Moncloa a M.Rajoy, un acontecimiento que aún duele en la “familia derechona”- el PSOE está viviendo en sus carnes la vitamina que ayudó a fabricar, mediante consensos para el reparto de cromos en el Consejo General del Poder Judicial. “Madrid no paga a traidores”.
El partido del cual Pedro Sánchez es su actual secretario general resulta ser una organización de larga data; el grupo político más antiguo del Estado español. Fundado por Pablo Iglesias y otros activistas en 1.879 (s. XIX) como una organización socialdemócrata, marxista y republicana.
En la teoría y la práctica del movimiento obrero socialista tradicional, ha estado siempre integrada la visión republicana fiduciaria de la relación entre el pueblo y la autoridad política.
Una muestra de esas concepción fiduciaria la encontramos en una advertencia que Pablo Iglesias Posse hacía al interior de su organización; tal como nos la señalaba, en un texto muy sugerente (1) el pensador y profesor catalán, Antoni Domènech. Advertía Iglesias: “Para los cargos públicos elegid a los mejores y más capacitados y vigiladlos como si fuesen canallas. Cuando un compañero se postula para un cargo sin que lo promuevan las bases, es motivo suficiente para no elegirlo”.
Es obvio que, desde la “transición”, el PSOE olvidó sus señas republicanas y ninguno de sus líderes durante este “régimen del 78” atendió a la advertencia del fundador del partido. Y así van.

Del otro partido del régimen (AP-PP) no se puede esperar nada en relación a las tradiciones democrática y republicana, dado que no ha estado vinculado ni a una ni a la otra. Fue, simplificando, el invento obligado de las derechas recalcitrantes de la dictadura hispana para seguir mandando en un momento que España se acercaba a Europa -por reclamo norteamericano- tras la muerte del genocida.
«PP y PSOE, la misma mierda es» (con perdón) era una de aquellas consignas que se gritaban en plazas y calles en el “movimiento 15M” de 2011.
Entre unos y otros han estado gestionando la finca (con pocas luces y muchas sombras). En tiempos sombríos modificaron un artículo constitucional para priorizar el pago de la deuda a acreedores en detrimento de la búsqueda de soluciones para satisfacer las necesidades básicas de las gentes.
Y ante las movilizaciones, los fachas diseñaron y aprobaron la Ley Mordaza (que el actual “gobierno más progresista del mundo hispano” se comprometió a derogar y a la espera seguimos estando). Una ley adecuada para presumir de democracia. Y que, según observamos, está sacando a la luz una sintonía “curiosa” entre una amplia representación de las Fuerzas y Cuerpos y de Seguridad del Estado (FCSE) y personajes del Poder Judicial; sintonía que resulta peligrosa si se aspira a mantener un mínimo de decoro democrático en el Estado. Una ley con la que se viene condenando a personas y organizaciones en un listado que causa vértigo.
Mientras tanto, hoy (como ayer) el PP anda dando lecciones de ética política; tratando de hacer olvidar a la ciudadanía (nuestra memoria es cada vez más “de corto plazo”) de los atropellos legales que cometió allá donde y cuando gobernó. Si recuperáramos esa capacidad cognitiva humana que los cacharros digitales nos roban, recordaríamos cómo incluso la UE (la institución supranacional más neoliberal de cuantas conocemos) señaló, en los tiempos no tan lejanos de gobierno del racista M. Rajoy, que el PP era una partido corrupto y que, por tal condición, debería ser ilegalizado.

¿Qué hizo el poder judicial ante tanto atropello? Dilatar los procedimientos hasta que el tiempo los cubriera de polvo y olvido. Y así andamos: jorobados, cojos y con muletas.
Es interminable la lista de mafiosos corruptos vinculados a aquella organización política hija del franquismo. Nunca lo reconocerán pues, para ellos -lo decíamos más arriba- España es la finca que deben gestionar. Y, con el permiso de la oligarquía, hacen en la propiedad lo que les apetece.
Es verdad que, a veces, al PP-VOX (los nombro juntos pues tienen el mismo origen y disponen de idénticos financiadores) les llaman la atención. Y es que la oligarquía a la que representan (esos “españolitos de pro”) han ido vendiendo el país a mejores postores: BlackRock Inc., Vanguard Group, State Street Corporation,… Y estos monstruos miran, y mucho, las perras. Y mueven gobiernos como usted, lector/a, y yo no somos capaces de imaginar.
En el fondo, por tanto, a esa oligarquía la finca ya no les pertenece enteramente: tras las ventas -a saldo, deprisa y corriendo- exigen ahora a aquellos partidos del régimen que gestionen las migajas.
Y estos, los partidos, así andan: todo el día de improperios, insultos, denuncias cruzadas,… En estos tiempos y en esa competición, el PP-VOX juega con ventaja pues diversos miembros de la magistratura participan en su equipo (junto a numerosos medios de desinformación, bajo los mismos controles de la oligarquía).

Mientras, esta oligarquía se ha terminado adaptando. Un fenómeno adaptativo que pensadores como Samir Amin lo conceptalizaron: compradorización (2)
Desde hace ya tiempo la policrisis que padecemos ha facilitado que suenen algunas alarmas: aquellos grandes propietarios de lo nuestro se niegan a hacer concesiones y exigen disciplina. Incluso usan poderes y herramientas financieras para obligarnos a entablar guerras permanentes pues ven en ellas la salida a las múltiples crisis en las que nos han metido. Eche al respecto querido/a lectora un vistazo a los acuerdos tomados por la OTAN en Ankara.
Pues hasta de la miseria saben hacer negocio.
Mientras, en España mucha gente anda despistada, deprimida y abrumada. Ante tal deterioro y con la intervención del monopolio de los medios de comunicación (que lleva a la uniformidad cultural y abre las puertas a nuevos -y no tanto- medios de manipulación política) las gentes terminan considerando como enemigos a quienes son o están en su condición (incluso peor). Caldo de cultivo pues para el fascismo corrosivo de la humanidad pensante y viviente. Ventajas políticas que decíamos para PP-VOX.
¿Y la judicatura española? En su salsa.
Mientras escribía estas notas leí una noticia en donde se nos informa que el Tribunal de Justicia de la UE corrige la actuación del Tribunal Supremo de España (ya lo había hecho también el Tribunal Constitucional) validando la Ley de amnistía para determinados representantes políticos implicados en el Procés. El juez Marchena y la Sala Segunda del Tribunal Supremo quedan convertidos “en los últimos de Filipinas que seguían combatiendo una guerra que ya había terminado”.
Y seguirán… pues existen miembros relevantes de la judicatura española que aún mantienen en sus puñetas aquello de España “una, grande y libre”. Si Dios quiere.
Notas:
1.- Domènech, A. (2015). Socialismo: ¿de dónde vino? ¿Qué quiso? ¿Qué logró? ¿Qué puede seguir queriendo y logrando? En M. Bunge et al (eds.), ¿Tiene porvenir el socialismo? Gedisa, pp. 71–124.
2.- Amin, S. (1997): El capitalismo en la era de la globalización”. Ediciones Paidós Ibérica.
* Docente jubilado e insumiso. Fuerteventura (Canarias)
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